Saccharine llegó primeramente a Sundance como una de las propuestas más llamativas del apartado Midnight, y posteriormente lo haría en la Berlinale, destacando por su mezcla de body horror, crítica social y una estética viscosa y perturbadora. La película, dirigida por Natalie Erika James (Relic, Apartamento 7A), está generando conversación por su enfoque extremo sobre la obsesión con la delgadez y las nuevas modas de adelgazamiento, llevadas aquí a un territorio sobrenatural y profundamente inquietante. Sin fecha de estreno en salas de cine españolas.
Crítica de 'Saccharine'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Saccharine
Título original: Saccharine
Reparto:
Midori Francis (Hana)
Danielle Macdonald (Josie)
Madeleine Madden (Alanya)
Robert Taylor (Travis)
Showko Showfukutei (Kimie)
Annie Shapero (Melissa)
Emily Milledge (Georgie)
Anna Adams
Lisa Crittenden (Helen)
Lucy Goleby (Lucy Childs)
Maya Arielle (Enfermera)
Joseph Baldwin (Ryan)
Andre Ong Carlesso (Profesor)
Año: 2026
Duración: 122 min.
País: Australia
Director: Natalie Erika James
Guion: Natalie Erika James
Fotografía: Charlie Sarroff
Música: Hannah Peel
Género: Terror. Drama
Distribuidor: Diamond Films España
Tráiler de 'Saccharine'
Sinopsis
El filme australiano sigue a Hana, una estudiante de medicina con una fuerte dismorfia corporal, que se somete a una moda de adelgazamiento tan absurda como macabra: comer cenizas humanas. A partir de ese momento, comienza a ser acosada por un fantasma hambriento, una manifestación literal del mito del hungry ghost.
El debut de Natalie Erika James en la Berlinale
La directora australiana Natalie Erika James debuta en la Berlinale con Saccharine (2026), presentada en la sección Berlinale Special Midnight, dedicada a un cine de género más visceral y orientado al espectador nocturno. Fiel al terror desde su ópera prima Tritch (2011), la directora regresa a un territorio que conoce bien, aunque lo desplaza a un enfoque más contemporáneo: una propuesta que combina lo fantástico con una perspectiva de género para abordar una de las preocupaciones más urgentes del presente, los trastornos de la conducta alimentaria.
Hana, una estudiante de medicina interpretada por una brillante Midori Francis, vive obsesionada con la pérdida de peso. Ya ha probado con dietas y con programas especializados de gimnasio, pero ninguno parece darle el resultado que busca. Todo cambia cuando se reencuentra con Melissa, una antigua compañera, que le revela un método tan desagradable como eficaz para adelgazar: ingerir cenizas humanas. Es entonces cuando Hana se tendrá que enfrentar a la presencia del fantasma del cuerpo del que se ha estado alimentando.
Sus precedentes cinematográficos
Resulta difícil no pensar en La sustancia (2024), la impactante y controvertida película de Coralie Fargeat, al enfrentarse a Saccharine. La conexión entre ambas no se limita a sus similitudes temáticas o narrativas, sino que se extiende también a su desarrollo formal. Basta apenas unos minutos para reconocer en la película de Natalie Erika James una apuesta similar por el plano detalle y el encuadre cerrado, por un montaje frenético sincronizado con una banda sonora acelerada y por una paleta cromática de colores vivos, pero igualmente artificiales. También comparten una tendencia por llevar el horror hacia un clímax cada vez más excesivo, visceral y gore.
Sin embargo, en este afán de intensificación, la secuencia final acaba irrumpiendo de forma abrupta y da la impresión de no integrarse del todo en el desarrollo de la película. James parecía encaminar la película hacia un desenlace coherente con el conflicto que había desarrollado hasta entonces, pero en su tramo final Saccharine se precipita hacia una resolución que se aleja del conflicto central del relato hacia un eje poco justificado y escasamente vinculado con su desarrollo previo.
Aun así, Saccharine no recuerda únicamente a La sustancia: la persecución constante del fantasma que acosa a Hana resuena también en It Follows (2014), especialmente en esa idea de una presencia convertida en una amenaza constante e ineludible.
¿Qué hace especial a Saccharine?
Más allá de sus evidentes comparaciones con otras obras recientes del género, Saccharine encuentra su mayor fortaleza en la forma en que convierte un conflicto profundamente contemporáneo en una experiencia de horror bulímico. Natalie Erika James no construye personajes especialmente complejos ni se apoya en una estructura narrativa demasiado compleja. Su película avanza, más bien, a partir de una estructura típica y de personajes bastante funcionales. Sin embargo, esta simplicidad no anula su eficacia. Cuando el guion resulta más convencional, la puesta en escena consigue sostener buena parte del interés del film, especialmente en su manera de tratar la culpa y la obsesión por el cuerpo de Hana en imágenes desagradables e incómodas.
Conclusión de 'Saccharine'
Con Saccharine, Natalie Erika James firma una película cuya principal virtud reside en una trama interesante y poco habitual, capaz de mezclar el terror con una problemática social de actualidad. Y aunque sus referentes resultan evidentes y no destacan por la complejidad de sus personajes ni por su solidez en el guion, no es razón para menospreciar su calidad directiva. Más que reinventar el género, James demuestra que todavía es posible desplazar sus horizontes hacia lugares menos explorados y descubrir tramas que hasta ahora no parecían ser habituales en el terror.
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