Con Secreto tras la puerta Fritz Lang llevó a cabo una película atípica pero, al mismo tiempo, coherente con gran parte su estilo y filmografía. Se trata de una mezcla de melodrama, thriller psicológico y laberintos psicoanalíticos. La inquietante historia de una recién casada temerosa de su marido, algunas similitudes con películas de Hitchcock y una atmósfera desasosegante y onírica, son las bazas de, quizá, una de las películas más infravaloradas de Fritz Lang.



Secreto tras la puerta

Crítica de ‘Secreto tras la puerta’

Ficha Técnica

Título: Secreto tras la puerta
Título original: Secret Beyond the Door…

Reparto:
Joan Bennett (Celia Lamphere)
Michael Redgrave (Mark Lamphere)
Anne Revere (Caroline Lamphere)
Barbara O’Neil (Miss Robey)
Natalie Schafer (Edith Potter)
Paul Cavanagh (Rick Barrett)
Anabel Shaw (Intellectual Sub-Deb)
Rosa Rey (Paquita)
James Seay (Bob Dwight)
Mark Dennis (David Lamphere)

Año: 1947
Duración: 99 min.
País: Estados Unidos
Director: Fritz Lang
Guion: Silvia Richards (Historia: Rufus King)
Fotografía: Stanley Cortez (B&W)
Música: Miklós Rózsa
Género: Thriller. Intriga
Distribuidor: Universal Films Española

Filmaffinity

IMDB

Escena de ‘Secreto tras la puerta’

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  • Tiempo de ejecución: 99 minutos
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Sinopsis de ‘Secreto tras la puerta’

Una joven heredera, en unas vacaciones en México, conoce y se enamora de un arquitecto. Tras una rápida boda, regresan a la mansión de él. Es entonces cuando la joven esposa descubre que su marido tiene muchos secretos…



Magnetismo en México

Celia (Joan Bennet) es una chica de Nueva York que acaba de heredar una considerable suma de dinero tras la muerte de su hermano. Tiempo después viaja a México y allí conoce a Mark Lamphere (Michael Redgrave) de quien se enamora de una forma extraña, rápida y contundente. Mark es enigmático y, en el fondo de su mente, Celia sabe que hay algo siniestro tras de él. Sin embargo continúa adelante y todo acaba en boda. Al regresar a EE.UU se dirigen a la mansión de la familia de Mark, Blaze Creek, donde las dudas de Celia van en aumento.

En este primer tramo de Secreto tras la puerta, que se nos narra a modo flashback por parte de la propia Celia, lo que debería ser un melodrama se nos cuenta de una forma decididamente siniestra, ominosa y onírica. Hay algo que no nos da buena espina y no sabemos qué es. El encuentro entre Mark y Celia tiene lugar al lado de una reyerta; Celia más que enamorada parece hipnotizada; la boda más que un acontecimiento alegre parece una ceremonia lúgubre y maléfica. Fritz Lang pinta la atmósfera con un firme dominio del claroscuro del expresionismo alemán, haciendo que los personajes a veces se muevan como sombras. Celia, y nosotros también, sospechamos que algo no va a ir bien. También se van incluyendo figuras oníricas que perfilan la psique de los protagonistas.

Secreto tras la puerta

La infeliz familia de Blaze Creek

La llegada a la mansión de Blaze Creek no es precisamente alentadora para Celia. Los habitantes de la casa tienen un talante entre desazonado y gélido. Para empezar, Celia conoce a David, el hijo de Mark de un matrimonio anterior, que supone una mayúscula sorpresa; Mark nunca le dijo nada de un matrimonio anterior. Además, David es un chico taciturno, hierático, poco hablador, y no se le lleva bien con su padre. Algo hostil se muestra Miss Robey, la secretaria personal (y algo desfigurada) de Mark y la persona más unida a David. Acaso el personaje más influyente, aunque sea invisible, sea la primera mujer de Mark, ya fallecida, cuyo recuerdo ejerce una extraña influencia sobre los habitantes de Blaze Creek. El personaje más amable es Caroline, la hermana de Mark

La estancia de Celia en la mansión va siendo cada vez más incómoda. Fritz Lang lo refleja exteriormente llenando Blaze Creek de sombras y fuertes contrastes de luz, y haciendo que el tiempo predominante en el exterior sea sombrío y tormentoso. De hecho, el ambiente parece casi gótico. El mayor desencadenante de inquietud en Secreto tras la puerta, no obstante, es Mark cuyo carácter cambiante y algo errabundo desconcierta a Celia. Este desconcierto acaba llevando a una siniestras sospechas. ¿Se casó Mark con ella por su dinero? Mark se encuentra en una situación financiera apurada. Y, sobre todo, se pregunta si mató a su primera mujer. Y es que Mark tiene un extraño fetichismo…

Secreto tras la puerta

El coleccionista de habitaciones

Como en cualquier película de mentes torturadas y algo perturbadas, como Secreto tras la puerta, hay indicios de comportamientos insólitos en uno de los protagonistas. Mark tiene una extraña colección: una de habitaciones. Ha utilizado seis estancias de la mansión para reproducir, incluso con objetos originales, cuartos donde se cometieron terribles crímenes pasionales en los que el hombre mataba a la mujer. Cada una de ellas tiene una terrible y grotesca historia detrás. Lo más inquietante es que existe una séptima habitación cerrada a cal y canto que Mark no quiere mostrar a nadie; todavía está haciéndose. Celia sospecha que algo terrible sucederá en relación con esa habitación y querrá entrar en ella, sin que Mark se entere, para ojear qué hay.

El recurso habitual en Secreto tras la puerta de usar figuras como puertas o habitaciones tiene que ver con la aproximación al psicoanálisis (mencionado varias veces) de la película. Una puerta abierta a una habitación representa el adentramiento en los recovecos y complejos ocultos de la mente, a veces como esperanza de sanación y otras como viaje sin retorno. Mark tiene dentro de sí muchos secretos y complejos dentro de esas, tan simbólicas, habitaciones.

Durante los años cuarenta el tema del psicoanálisis y el crimen psicológico constituyó una pequeña moda que nos dejó algunas joyas: A través del espejo (1946) de Robert Siodmark, Recuerda (1945) de Alfred Hitchcock, Vorágine (1949) de Otto Preminger… No son películas veristas desde el punto de vista científico, pero el inconsciente, la mente y los sueños, ofrecían temas muy sugerentes. Secreto tras la puerta se inscribiría en esta corriente.

Secret Beyond the Door

La pareja protagonista

El peso de las actuaciones en Secreto tras la puerta recae sobre Joan Bennet y Michael Redgrave. A ella se la nota a gusto, segura dentro de su papel de esposa atribulada y de mujer no demasiado experimentada en asuntos de pasiones. La complicidad de Joan Bennet con Lang es fácil de intuir, pues participó en otras películas del realizador: Perversidad (1945) o La mujer del cuadro (1944)…

Michael Redgrave, por su parte, no llega al nivel de su partenaire pero se muestra eficiente en su papel de Mark Lamphere. Su personaje entraña la dificultad de tener un registro quieto, casi alelado, y otro más nervioso y perturbador. De este matiz Redgrave sale airoso, pero en en sus momentos más turbulentos quizá roce la sobreactuación.

Recordatorios a Hitchcock

Hay varios punto de conexión argumental en Secreto tras la puerta con algunas películas del gran Alfred Hitchcock. Para empezar, el tema del marido como posible asesino recuerda a Sospecha (1941); la mansión y los continuos recuerdos a una difunta señora de la casa nos remite casi a la fuerza a Rebeca (1940); el uso de traumas y trastornos como causa de una posible acción violenta nos hacer ver algún parecido con Recuerda (1945).

No quiere decir esto que Lang se limitase a hacer un pastiche de películas de Hitchcock; la ejecución tenebrosa, el ambiente turbio y el tono perverso son marcas de agua del director vienés desde hacía tiempo. A sensu contrario algunas películas de la época alemana de Lang tuvieron una gigantesca influencia en directores posteriores del thriller (incluído Hitchcock); Espías (1928), dentro del género de espionaje, o M, El Vampiro de Düsseldorf (1931), dentro del cine de psicópatas, dan buena fe de ello.

Conclusión

La peculiar fusión de melodrama romántico con la intriga psicológica puede dar buenos resultados si se hace con tino. Fritz Lang lo consiguió y, aunque Secreto tras la puerta no sea su película más conocida, el resultado final es interesantísimo en buena medida por el ambiente lúgubre y enrarecido que flota sobre unos personajes ambiguos y atormentados. Muy reivindicable.

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