Secretos de Estado es un thriller dirigido por Gavin Hood (Espías desde el cielo) que está basado en la historia real de Katharine Gun, quien en el 2003 filtró información a la prensa sobre una operación ilegal de espionaje para conseguir que los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas apoyasen la Guerra de Irak. Keira Knightley (El día que vendrá), Matt Smith (The Crown) y Ralph Fiennes (Holmes & Watson) encabezan el reparto de un film que aúna espionaje, periodismo de investigación y juicios. En cines españoles desde el pasado 25 de octubre.



Cartel de Secretos de Estado

Crítica de ‘Secretos de Estado’

Ficha Técnica

Título: Secretos de Estado
Título original: Official Secrets

Reparto:
Matthew Goode (Peter Beaumont)
Keira Knightley (Katharine Gun)
Ralph Fiennes (Ben Emmerson)
Matt Smith (Martin Bright)

Año: 2019
Duración: 112 min.
País: Reino Unido
Director: Gavin Hood
Guion: Gregory Bernstein, Sara Bernstein, Gavin Hood
Fotografía: Florian Hoffmeister
Música: Paul Hepker, Mark Kilian
Género: Thriller. Drama
Distribuidor: Entertainment One

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Secretos de Estado’

Sinopsis 

2003, mientras los politicos británicos y estadounidenses maniobran para invadir Irak, la traductora del GCHQ (Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno Británico), Katharine Gun (Keira Knightley) filtra un e-mail clasificado que urge a espiar a miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para forzar una resolución para ir a la Guerra. Acusada de romper el Acta de Secretos Oficiales y enfrentándose a prisión, Katharine y sus abogados están determinados a defender sus acciones. Con su vida, su libertad y su matrimonio amenazados, Katharine deberá luchar por lo que cree…(Entertainment One Films Spain)



No a la guerra

Ante la categórica posición en contra de la Guerra de Irak que asumió Hollywood, las películas que abordaban este vergonzoso momento histórico no se hicieron esperar. Paradójicamente, la gran mayoría de estas producciones se estrenaron sin pena ni gloria, siendo la más laureada la menos posicionada ideológicamente: En tierra hostil (2008).

Foto de Secretos de Estado
Copyright de eOne
Ahora nos llega Secretos de Estado, y parece que lo hace a destiempo, cuando hace bastante que se dejó de hablar tanto de la Guerra de Irak, como de la filtración de datos confidenciales gubernamentales que tuvo a Snowden como su principal adalid. No obstante, las filtraciones son el pan de cada día durante el mandado de Donald Trump, y es que parece que nunca lograremos desprendernos de los gobiernos que mienten descaradamente a sus ciudadanos.

Varios thrillers en uno

Estados Unidos tuvo a Valerie Plame, una agente de la CIA cuya identidad fue revelada por miembros de la Casa Blanca cuando su marido publicó un artículo sobre la inexistencia de las armas de destrucción masiva. Por su parte, Reino Unido tuvo a Katharine Gun, que filtró un documento en el que se instaba a presionar a miembros de las Naciones Unidas para obtener el apoyo a la invasión a Irak que tanto ansiaban Bush y Blair.

Foto de Secretos de Estado
Copyright de eOne
El caso de Valerie Palme fue llevado al cine en Caza a la espía (2010), un film tan correcto como genérico, mientras que el de Gun se ha traducido en una película cuyo mayor aliciente se encuentra en la forma en la que ensambla diferentes subgéneros: la película arranca como un thriller de espionaje, se transforma en uno periodístico  y concluye como uno judicial. De forma paralela transcurrre el drama personal y familiar de Gun, que está casada con un inmigrante turco al que sitúan en el punto de mira tras estallar el escándalo de la filtración.

Conclusiones de ‘Secretos de Estado’

Secretos de Estado reflexiona acerca de si el patriotismo debería estar ligado o no al gobierno de turno al tiempo que admira (quizás demasiado) la incuestionable valentía de Katharine Gun. Es un thriller más que correcto que cuenta con un buen trabajo actoral por parte de Keira Knightley, Matt Smith, Ralph Fiennes y compañía, pero que tampoco logra destacar por nada en particular. Le habría venido bien algo del nervio que demostró Gavin Hood en su anterior largometraje, Espías desde el cielo (2015), y la rabia e indignación que debería suscitar un tema así. En cambio, tenemos la característica templanza británica que garantiza un entretenimiento adulto, robusto y sobrio, pero un pelín desangelado.
Este artículo puedes leerlo también en El Otro Fanboy.

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