El pasado 8 de mayo volvió a los escenarios Segunda princesa, monólogo de Alejandro Schiappacasse, dirigido también por él mismo. Se alzó con el premio a mejor obra unipersonal en el Teatro de las Aguas en 2020. Protagonizado por Lucas Ferraro, en 2018 le supuso el premio a mejor actor en los Premios Estrella de Mar. Se podrá disfrutar todos los domingos de mayo a las 19:30 horas en el Teatro Nueve Norte de Madrid.



Segunda princesa

Crítica de 'Segunda princesa'

Ficha Técnica

Título: Segunda princesa
Título original: Segunda princesa

Reparto:
Lucas Ferraro

Duración: 60 min. apróx.
Dirección: Alejandro Schiacapasse
Dramaturgia: Alejandro Schiacapasse
Producción Ejecutiva: Pablo Silva
Producción: Silva Producción

Sinopsis de 'Segunda princesa'

Segunda princesa nos presenta a un hombre perdido recuerda su captura.

Un trabajador de la pesca embarcada, enredado en sus recuerdos, busca una respuesta; intenta explicarnos por qué hizo lo que hizo y cómo llegó a donde se encuentra.

Desde el singular punto de vista de `Julito´, la pieza aborda temas como la justicia por mano propia, el dominio sobre nuestros actos, la amistad, la abnegación de los deseos y la violencia.

Algunos raros encuentros en alta mar, detalles de una fiesta local, un animal misterioso y ciertas declaraciones de fe son parte de su recorrido. (TEATRO NUEVE NORTE). 



Segunda princesa
Foto de Gonzalo Naldi

La corrupción de la sangre

Las confesiones de un marinero protagonizan Segunda princesa, un monólogo dramático que relata las vivencias de un pescador que se encuentra detenido. Lo que comienza como una recreación amable y visceral de su vida en alta mar, pronto toma distintos tonos, cuando se va desvelando la oscuridad que azota su verdad. Gracias a ello, el espectador se mantiene atento ante el avance de lo que acontece, con pequeñas dosis de comedia que dejan respirar al relato. Esta carrera narrativa de situaciones se desarrolla de una manera eficiente, así como el contexto sociocultural de su protagonista, como por ejemplo en los personajes que dibuja. También hay que valorar que no apueste por un castellano neutro, sino que dé esa coherencia al personaje con su uso de la lengua. Todo ello aporta una personalidad distinta al texto, que le incorpora un sello único e interesante.

Las emociones que afloran en su personaje principal se entrelazan con ese regreso al pasado para explicar el destino de su protagonista. A pesar de que pudiera pecar de descriptivo, sabe manejar cada momento para evitar esa percepción desde los asistentes. Por otro lado, no sólo hay ese interés provocado por el suspense, sino que también emerge un cariño y una familiaridad que fomenta una empatía más accesible ante el espectador. No obstante, también se presenta cierta confusión en algunas partes del soliloquio en el que se puede perder brevemente el hilo. Pese a ello, los puntos claves están claramente definidos, lo que equilibra el resultado. Para terminar, aunque lo breve y bueno, dos veces bueno, en este caso, podría explotarse un poco más el relato, ya que deja con ganas de más.

Lucas Ferraro
Foto de Gonzalo Naldi

Un secreto personal

Uno de los mayores alicientes que se encuentran en Segunda princesa es Lucas Ferraro. El actor argentino demuestra una actuación soberbia, donde presenta un perfil muy diferente a otros papeles que ha realizado en teatro. Así logra expone su gran talento sobre las tablas, al ofrecer una gama de emociones y sentimientos que se descarnan en su piel. Por lo cual, otorga una humanidad elegante y frágil, a la vez que aporta vigorosidad y pura fuerza sobre la escena. Tampoco pierde ocasión para sacar partido a esa familiaridad que le da el texto, para explorar una vertiente más cercana, sin perder de vista el suspense que sufraga la mayor parte de su trabajo. La manera en la que elabora la recreación, hace que se comprenda, aunque pueda no compartirse, el fatal designio al que está destinado su personaje.

También hay que destacar el excelente trabajo expresivo que ofrece sobre las tablas, al impregnarlo de movimiento y de distintos matices mediante los gestos faciales y corporales. Gracias a ello, sostiene un monólogo que necesita ritmo y movimiento, dado que sino sería complicado mantener la atención en el espectador. Por otra parte, aplaudir cómo completa el relato con onomatopeyas que ayudan a esa recreación de una manera muy oportuna y que dejan a Ferraro establecer leitmotivs que serán símbolos de la pieza teatral. Un trabajo soberbio, que luce por los matices que aporta Ferraro en cada uno de sus detalles. De esta manera, sostiene gran peso de la propia obra, la cual se apoya totalmente en su ejecución en escena para explorar y elevar la fuerza que se halla en la dramaturgia.

Lucas Ferraro
Foto de Gonzalo Naldi

Ordenar las ideas

Apenas unas velas alumbran el preludio de Segunda princesa, creando un ambiente sugerente e íntimo, a la par que oscuro e intrigante. Así fábrica ya una imagen que permite a la pieza teatral establecer la línea creativa que desea seguir. Después, un fundido a negro que pasa a una ruptura total de esa paz incómoda. Ahí la puesta en escena arriesga por una composición minimalista, en cuanto a atrezzo, aunque no necesita de florituras sobre la escena. Gracias a ello, se le da mayor importancia al trabajo dramático del intérprete. Un acierto. Sin embargo, su mayor fuerte se halla en el diseño de iluminación, que es una absoluta maravilla. Desde planos más cerrados hasta momentos de pura catarsis, otorga un efecto visual espléndido. Por ende, el espectador recibe positivamente los estímulos que vienen tras esta elección artística.

El espacio sonoro tiene partes de verdadera lucidez, además de utilizar las olas del mar como perfecto abrigo de la escena. Esos pequeños detalles son los que hacen que esta obra no se limite a una ejecución de un monólogo dramático, sino que se vea una energía interesante. También hay que destacar la energía hipnotizante que emerge en varios momentos, quedando el espectador encandilado. No obstante, el ritmo no consigue mantener un frenesí de energía que culmine en un golpe de fuerza absoluto. Por lo cual, hay una buena gestión del dinamismo, pero se podría dar aún más visceralidad al montaje en su conjunto, sobre todo en el desenlace final. Asimismo, hay escenas en el que la velocidad de la palabra dificulta la comprensión, lo que podría mejorarse desde la dirección para disfrutar más de algunas partes. Pese a ello, el resultado global es más que notable.

Segunda princesa
Foto de Gonzalo Naldi

Conclusión

Segunda princesa es un monólogo que expresa ese suspense, a la par que explora la humanidad y la emoción. El texto tiene un potencial que podría crecer todavía más si se lo propusiera, aunque actualmente ya tiene calidad. Además, cuenta con un impresionante Lucas Ferraro, que se deja la piel sobre la escena y sobrecoge por el talento patente que hay en su trabajo dramático. La propuesta escénica sigue una propuesta sutil, sugerente y que lleva a un efecto hipnotizante en varias ocasiones. Únicamente, habría que pulir algunos conflictos con el ritmo y la velocidad, así como el frenesí que no culmina totalmente al final. Un alegato ante la violencia y el recuerdo que triunfa por su carácter personal y una interpretación a la altura.

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Subdirector de Cinemagavia. Comunicólogo audiovisual por la UCM y Máster en Comunicación en la Red por la UNED. Miembro de EGEDA (Premios Forqué) y técnico audiovisual en Ricoh. Sueño con ver mis obras y películas acompañadas de un público emocionado. Como diría Elizabeth Taylor: "Las ideas mueven el mundo sólo si antes se han transformado en sentimientos".
segunda-princesa-critica-teatroUn monólogo que expresa ese suspense, a la par que explora la humanidad y la emoción. Cuenta con un impresionante Lucas Ferraro, que se deja la piel sobre la escena y sobrecoge por el talento patente que hay en su trabajo dramático. La propuesta escénica sigue una propuesta sutil, sugerente y que lleva a un efecto hipnotizante en varias ocasiones. Únicamente, habría que pulir algunos conflictos con el ritmo y la velocidad, así como el frenesí que no culmina totalmente al final. Un alegato ante la violencia y el recuerdo que triunfa por su carácter personal y una interpretación a la altura.

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