En Small Axe: Rojo, blanco y azul, Steve McQueen nos presenta la historia de un joven afrodescendiente que toma una decisión crucial: incorporarse a las fuerzas policiales de Londres con el fin de “cambiar las cosas desde adentro”. Leroy Logan (John Boyega) sabe que el racismo impera en las fuerzas de seguridad, aún entrados los años 80, y que su padre es un acérrimo detractor de la policía. Estos obstáculos lo llevan a comprometerse aún más con su causa de aplacar las desigualdades y el abuso policial desde el interior. Desde el 21 de enero en Movistar.



Small Axe: Rojo, blanco y azul

Crítica de ‘Small Axe: Rojo, blanco y azul’

Título: Small Axe: Rojo, blanco y azul
Título original: Small Axe: Red, White and Blue

Reparto:
John Boyega (Leroy Logan)
Steve Toussaint (Ken Logan)
Joy Richardson (Mrs. Logan)
Antonia Thomas (Gretl)
Seroca Davis (Hyacinth)
Liam Garrigan (Greg Huggan)
Tyrone Huntley (Leee John)
Nadine Marshall (Jesse John)
Conor Lowson (TPC David)
Calum Callaghan (PC Beck)
Nathan Vidal (Leroy de joven)
Mark Stanley (Ed Harrigan)
Assad Zaman (PC Asif Kamali)

Año: 2020
Duración: 80 min.
País: Reino Unido
Director: Steve McQueen
Guion: Steve McQueen, Courttia Newland
Fotografía: Shabier Kirchner
Música: Mica Levi
Género: Drama. Racismo
Distribuidor: Movistar

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Tráiler de ‘Small Axe: Rojo, blanco y azul’

Sinopsis

Leroy Logan es un joven científico forense que aspira a algo más que limitarse a su solitario trabajo de laboratorio. Cuando es testigo de cómo su padre es asaltado por dos policías, Leroy se reencuentra con una vocación que arrastra desde la infancia: convertirse en policía. Una ambición nacida del iluso deseo de cambiar las actitudes racistas de las autoridades desde dentro. Leroy no sólo debe afrontar la falta de apoyo de su propio padre, que rechaza por completo sus aspiraciones, sino también el desprecio constante y descaradamente racista de sus compañeros desde su ejemplar nuevo puesto como agente de la Policía Metropolitana. (Movistar)



Una postura crítica intimista

En Small Axe: Rojo, blanco y azul, el realizador opta por una mirada aguda que retoma la postura crítica y cuestionadora que exhibía en Mangrove. Sin embargo, el relato es mucho más intimista e introspectivo: casi todo lo que ocurre pasa por la focalización preeminente en Leroy, interpretado recia y meticulosamente por Boyega (Star Wars). 

No hay quiebres del punto de vista, a excepción de unas pocas escenas en donde el conflicto pasa por Ken, su padre (Steve Toussaint). Cuando las fuerzas policiales lo hostigan impúdicamente, podemos sentir la impotencia en primera persona. Y son esas las secuencias más vertiginosas y condenatorias que McQueen elige mostrar. La particularidad es que ese tipo de escenas, a diferencia de la enérgica Mangrove, son expuestas desde el fuera de campo, atractivo recurso que resignifica el conflicto interno de ambos personajes (tanto Leroy como Ken).

Small Axe: Rojo, blanco y azul
© Movistar

Una reivindicación cultural

A partir de la segunda mitad, Small Axe: Rojo, blanco y azul se centra en los obstáculos que Leroy Logan deberá afrontar una vez tomada esa decisión: superar los entrenamientos obteniendo el reconocimiento de las autoridades, y batallar indirectamente contra el racismo implícito entre sus propios compañeros de unidad. 

Lo más atrapante del film subyace en cómo McQueen muestra la necesidad de Leroy por volver a sus raíces. El joven, ya en su inconfundible atuendo policíaco, visita la escuela de música de su niñez y se deja encantar por la ejecución al piano de un alumno. Esta situación se repite más de una vez. Son estos momentos, que parecen instantes de desconexión del agitado mundo exterior, los que unifican la esencia cultural que el director busca representar en Small Axe

De eso se trata su reivindicación: de la imposibilidad de despojarse del vínculo cultural y comunitario. En este episodio, lo vemos reflejado en la familia y en la defensa legítima de los principios éticos.

Small Axe: Rojo, blanco y azul también exhibe las debilidades más profundas de su protagonista: se lo muestra como alguien mentalmente fuerte pero preso de sus ambiciones. De algún modo, McQueen se niega a concederle un final feliz a su relato, porque las problemáticas segregativas siguen imperando. Y esto hace que el fuera de campo en las escenas violentas de Red, White and Blue se vuelva aún más explícito.

Small Axe: Rojo, blanco y azul
© Movistar

Conclusiones de ‘Small Axe: Rojo, blanco y azul’

McQueen no nos sorprende, pero sí dialoga con obras de sus inicios (como Hunger) y resignifica un caso real que se ha vuelto símbolo cultural de la comunidad que reivindica. Su crítica es constante, así como su capacidad para generar emociones a partir de historias de vida que parecen ser ordinarias.

Evidentemente, su relectura crítica sobre el racismo se vuelve significativa al estar contada desde adentro: desde los conflictos internos que giran en torno a la familia y la unión cultural.

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