José Vergara dirige y escribe Stracciatella, obra teatral que narra la reunión durante la Navidad de una familia muy peculiar. Este proyecto ha sido respaldado por el apoyo de varios mecenas, a través de una campaña de crowdfunding iniciada en febrero de 2020. Finalmente, cumplió con su propósito y ha obtenido la ayuda suficiente para ser estrenada. La obra cuenta con Javier Martínez, Verónica Gregory, Clara Gillman, Sara Sabater, Carmen Calle y el propio Vergara en su reparto. Se puede disfrutar de ella hasta el 19 de diciembre de 2020 en La Encina Teatro.
Título: Stracciatella Título original: Stracciatella
Reparto: Javier Martínez (Papá) Verónica Gregory (María) Clara Gillman (Conchita) José Vergara (Andrés) Sara Sabater (Maite) Carmen Calle (Elena)
Duración: 120 min. apróx. Dirección: José Vergara Dramaturgia: José Vergara Música: José Vergara y Pablo Guarino
Redes sociales: Sara Sabater y Clara Gillman Producción: Stracciatella Teatro
Tráiler de 'Stracciatella'
Sinopsis de 'Stracciatella'
Stracciatella nos presenta a María, que vive sola en un modesto estudio abuhardillado. Verdaderamente, lo utiliza sólo para dormir... Y salta a la vista: el caos y el desorden se han apoderado de la estancia. Tal vez un poco de tiempo libre cambiaría las cosas, pero no es posible cuando se acumulan las responsabilidades: un trabajo por la mañana, otro por la tarde y la preocupación de su padre enfermo que, desde hace un tiempo, es atendido en una residencia.
Una serie de inesperados sucesos conducirán a María a tomar la pronta y delicada decisión de reunir en Nochebuena a sus hermanos pequeños que, escurridizos, no volvieron a apostar por la familia desde que se fueron de casa.
María queda rodeada en una trepidante "noche de paz" por el rencor de sus hermanos y por la demencia de su padre que, víctima de la enfermedad, cree ser con total certeza el Sultán Supremo de Azafrania: remoto país que, tiempo atrás, sirvió para llenar la mente de sus hijos de fantasía e ilusión. (LA ENCINA TEATRO).
El reencuentro de la familia
La temporada navideña es uno de los momentos más revueltos del año, donde las relaciones familiares se retoman, en caso de no haberse hecho durante el año. Con esta premisa, José Vergara se lanza a Stracciatella, una obra que se mueve entre el dramatismo de las heridas del pasado y lo onírico de un mundo de ensueño. La pieza teatral en sí se puede dividir en dos partes, claramente diferenciadas por los personajes que forman parte de ellas. En primer lugar, se expone esa falta de comunicación, ese anhelo de reunión, pero donde las apariencias pesan más que la propia emoción. De esta manera, el guion da esa humanidad y cercanía hacia el espectador, que la observa desde una mirada más nostálgica y tierna. Sin duda, es una forma campechana de ir envolviendo ese universo familiar particular.
Pronto comienza la segunda parte, donde la llegada de un personaje fundamental, entra como un torbellino de sensaciones. Gracias a esa irrupción, los personajes comienzan a dibujar tramas donde se presiente un trasfondo realmente duro. Dentro de esa locura y trauma es donde reside la verosimilitud, dado que, a veces, lo increíble es más cercano a la verdad que la propia realidad. Por lo cual, esa telaraña de heridas internas se va alimentando de ese sentir que termina por explotar en su máximo apogeo. De igual manera, la comedia hace acto de presencia, lo que permite dejar momentos llenos de carcajadas y dar ligereza a toda esa vorágine existencial. Todo un acierto, al igual que esas partes más de fábula y recuerdos, que aportan una pizca de magia. Sin embargo, hay giros y problemáticas que se tornan hacia una estructura melodramática, que no acaba por funcionar de la misma manera.
Todos juntos
Al igual que la propia obra, Stracciatella cuenta con un reparto numeroso y que no es habitual en proyectos de esta índole. Para comenzar, Verónica Gregory arranca la escena, con una parsimonia acertada, que mezcla con esa luminosidad dulce. Aunque a veces se eche en falta algún matiz más intenso, no quita que toda esa ternura conquiste a los espectadores. Luego, Clara Gillman contrasta con esa comedia irónica de las altas esferas, que deja una sensación de superficialidad nada forzada. A lo largo de la obra se puede ver su evolución, lo que le permite quitarse esa fragancia más impostada, para llegar a una visceralidad tremenda. Únicamente, debe cuidar no caer en los recursos fáciles. En el caso de Sara Sabater se presenta, al principio, con una interpretación que no resuelve como debiera, que acaba por mejorar y cumple con su principal función en escena. Aun así, podría brillar más.
José Vergara se mete en la piel de Andrés, uno de los hermanos protagonistas. Dentro de esa picaresca tan sarcástica y esa personalidad que roza lo estrafalario, logra dar consistencia a su personaje. De esta manera, a pesar de esa singularidad, Vergara le da un realismo que casa perfectamente con la obra y demuestra sentirse cómodo ante la escena. Por su lado, Javier Martínez deja patente sus ganas en la obra y se agradece su disposición energética. Sin embargo, denota una jovialidad que no encaja totalmente con la personalidad de su personaje. Por último, Carmen Calle es divertida, un torrente de vitalidad y sabe sacar partido a su presencia en escena. Hay que aplaudir que dote de verdad a su personaje, con unas pinceladas que suplen algunos clichés que caen dentro de su personaje desde el guion.
Cuentas pendientes
La puesta en escena de Stracciatella sabe utilizar las limitaciones espaciales aprovechando todos los elementos que van apareciendo en escena. Por lo cual, lejos de influirles negativamente, ese minimalismo escénico se aprecia al dar más poder a la propia acción. Es más, no se han descuidado la simbología y la propia expresión artística, realizando una composición en la que se percibe una armonía muy apreciable. Asimismo, los fuera de escena llevan a cabo su función, aunque, en ocasiones, se utilicen de una forma no tan natural. La coreografía entre personajes está bien pensada y se equilibra su importancia en escena. Sin embargo, hay momentos en los que se exceden estos intervalos y ralentizan el ritmo. En consecuencia, aunque se ve esa potencia en el manejo de la ausencia de intérpretes en escena, todavía hay que pulir y seguir evolucionando.
Por otra parte, uno de los puntos más fuertes de la propuesta es la iluminación, donde se ve que hay una labor más cercana al uso más artístico y no solo técnico. Igualmente, no se limitan a dibujar alrededor de los personajes y establecer el espacio-tiempo de la escena, sino que tienen unas tonalidades que provocan un efecto magnético. Por tanto, agradecer que haya esos cambios lumínicos, dando mayor dinamismo a lo que se desarrolla en escena. Después, el ritmo, en su conjunto, es ameno y no hay grandes parones, pero podría todavía ser todavía más vivaz. Por ultimo, aplaudir la combinación del mundo onírico con el real mediante los aspectos técnicos. También comentar que hay cierta escena de baile que se extiende demasiado en el tiempo. En resumen, es una obra donde se expresa un esfuerzo notable, que deja salir un sello de identidad en evolución.
Conclusión
Stracciatella es un cuento realista, que expone los dramas familiares que destruyen la luminosidad de antaño. Gracias a esa reflexión extrema pero verosímil, la obra obtiene una empatía muy cercana. Únicamente, hay momentos en los que el melodrama se adueña de la escena. El reparto es energético y la química que hay entre ellos y su comodidad se palpan en el ambiente. La puesta en escena goza de un simbolismo y una iluminación extraordinarias, que suplen algunos detalles a pulir para el futuro. Aun así, es una obra que ya indica el buen hacer de su compañía. Una reunión donde la salvación se encuentra en los detalles más personales.
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