The Forest of Love es la última gamberrada del inclasificable director japonés Sion Sono, que tras su paso por el Festival de Sitges, llegó a España mediante la plataforma VOD de Netflix (que también la produce), estrenándose el pasado 11 de Octubre de 2.019. Un cóctel explosivo que mezcla thriller, comedia, drama y gore, con las características habituales del universo bizarro del cineasta. Está protagonizada por Kippei Shiina, Shinnosuke Mitsushima, Eri Kamataki, Kyoko Hinami, Young Dais, Natsuki Kawamura, Yuzuka Nakaya, Dai Hasegawa, Chiho Fujii, Tsukino Yamamoto, Sei Motobu y Denden.



The Forest of Love

Crítica de ‘The Forest of Love’

Ficha Técnica

Título: The Forest of Love (El Bosque Sangriento)
Título original: Ai-naki Mori de Sakebe

Reparto:
Kippei Shiina (Joe Murata)
Shinnosuke Mitsushima (Shin)
Eri Kamataki (Mitsuko)
Kyoko Hinami (Taeko)
Young Dais
Natsuki Kawamura
Yuzuka Nakaya
Dai Hasegawa
Chiho Fujii
Tsukino Yamamoto

Año: 2019
Duración: 151 min.
País: Japón
Director: Sion Sono
Guion: Sion Sono
Fotografía: Souhei Tanigawa
Música: Kenji Katoh
Género: Thriller
Distribuidor: Netflix España

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Tráiler de ‘The Forest of Love’

Sinopsis

Jo Murata es un hombre despiadado que usa su carisma para manipular a la gente. Cuando Murata conoce a Shin, este decide que Murata y su turbulenta relación con Mitsuko serían el tema perfecto para su película. A medida que avanza el rodaje, las mentiras comienzan a no distinguirse de la verdad y los límites de la humanidad se ponen a prueba, dando como resultado actos tan estremecedores como repugnantes. (Netflix España)



Sion Sono, el sombrerero loco

Cuando Netflix anunció que produciría The Forest of Love de Sion Sono, muchos creyeron que el iconoclasta cineasta nipón y su inseparable sombrero negro, serían engullidos por la comercialidad inherente a los contenidos propios de la plataforma, perdiendo algo de su personalidad artística. Nada más lejos de la realidad. La película es coherente con el resto de su cinematografía y es un proyecto tan majadero como cabría esperar de él.

El autor de Suicide Club (2001), Love Exposure (2008), Cold Fish (2010), Guilty of Romance (2011), Why don’t you play in hell? (2013) o Antiporno (2016), entre otras, ya está preparando su próximo film que, sin duda, se convertirá en uno de los eventos cinematográficos de 2.020. Prisoners of the Ghostland estará protagonizada ni más ni menos que por Nicolas Cage. Una bomba atómica sería menos peligrosa que esos dos juntos.

Es muy complicado definir el tipo de cine que hace Sion Sono. Siempre caótico y controvertido, sus películas invitan al espectador a sumergirse en una experiencia extrema llena de sangre, fetichismo y locura, subrayada con su peculiar humor negro y un estilo visual arrebatador que tanto puedes amar como aborrecer hasta el infinito. Lo que es completamente seguro es que su cine nunca te dejará indiferente.

The Forest of Love
Fotos de Netflix

Un universo fetichista y bizarro

The Forest of Love sigue a un grupo de chavales aspirantes a cineastas que decide centrar su primera obra en la figura de un carismático y manipulador estafador llamado Joe Murata. Pronto la ficción que crearán será indistinguible de la realidad que les rodea, lo que les llevará a una espiral de violencia que pondrá a prueba la capacidad de supervivencia de su propia humanidad. Todas las relaciones planteadas serán un reflejo de la toxicidad del amor.

Como acostumbra a hacer Sion Sono, los primeros 20 minutos del film son absolutamente caóticos, con un montaje abrupto que sin continuidad temporal mezcla ideas y temas. El espectador se siente sacudido y perdido, sin saber muy bien hacia donde te dirige la trama. Entre ese barullo delirante y kitsch, hay algo fascinante que surge de su radicalidad e independencia creativa.

A partir de ahí, The Forest of Love es capaz de desplegar todo el universo fetichista y bizarro de Sion Sono. Tan enfermizo como subyugante, no te soltará en los 151 minutos de duración de la película y que, a su vez, es un compendio de los elementos y obsesiones que integran todo su cine anterior. Si eres seguidor del trabajo del director, vas a disfrutarla mucho. Si te acercas al film sin saber donde te metes, puedes salir escaldado y un poco traumatizado, pero merece la pena el intento.

The Forest of Love
Fotos de Netflix

El efecto de vampirización del cine

Entre todas sus posibles lecturas, The Forest of Love acaba siendo otro homenaje al cine. En ese sentido, podría catalogarse como el reverso oscuro de One cut of the Dead (Shin’ichirô Ueda, 2017), aquel film japonés de zombies que arrasó en medio mundo festivalero. Pero más allá de la pasión que destilan por el cine y su lugar de origen, poco más tienen en común. No es la primera vez que Sion Sono utiliza el cine dentro del cine como metáfora de su propia vida. Ya lo hizo en una de sus mejores obras, Why don’t you play in hell? (2013), donde un grupo de cineastas rodaba una película de guerrilla sobre la Yakuza, dejándose literalmente la piel para conseguir las mejores imágenes. Ya lo decía Manuela Velasco en [REC]: “Pablo grábalo todo…¡Por tu puta madre!”.

En esta ocasión, el inefable grupo de cineastas frikis seguirá la figura de un mentiroso compulsivo. Un cantante y playboy llamado Joe Murata que tiene la capacidad de hechizar y manipular a todas personas de su entorno para conseguir someterlas y hacer lo que quiere con ellas en una relación de sumisión sadomasoquista. Sion Sono hará lo mismo con nosotros. Salvando las distancias, el personaje de Murata podría definirse como su alter ego. Eso hará caer a los chicos en una espiral de salvajismo casi primitivo donde la prioridad será continuar haciendo la película, aunque pierdan todo rastro de humanidad por el camino. El cine como vampirismo emocional al que no se puede renunciar, muchos se identificarán con eso.

A medida que The Forest of Love avanza se vuelve más bestial y gore, sin renunciar nunca al humor negro, contiene secuencias que removerán las tripas a más de uno. Si los primeros 20 minutos decíamos que son caóticos, el resto es un WTF constante que llena la pantalla de absoluta locura e imágenes apabullantes. Te puede gustar más o menos la propuesta, pero es innegable que Sion Sono es un cineasta con grandes ideas visuales que deja en pañales a muchos otros.

Ai-naki Mori de Sakebe
Fotos de Netflix

La hipérbole narrativa como modus operandi

The Forest of Love posee una belleza perturbadora y un sadismo casi insoportable, pero como sucede con el carismático Joe Murata, interpretado por Kippei Shiina de forma genial, la película ejerce un poder de seducción en nosotros que hace que no podamos dejar de mirar la pantalla. Para mi gusto, la película en su constante escalada hacia el Deus ex machina solo pierde el rumbo en un epílogo que alarga la trama de forma innecesaria con algunos giros dramáticos imposibles. Además de Shiina, el resto del reparto también está fantástico.

Por otro lado, Sion Sono utiliza repetidamente dos temas de música clásica que acaban por hipnotizarnos. Son el Canon de Pachelbel y el Adagietto de la Sinfonía no. 5 de Gustav Mahler, ambos ya utilizados en Antiporno y Guilty of Romance, respectivamente. Se ensamblan a las imágenes con inusitada coherencia, dotándolas de una mayor fuerza expresiva y de una poesía casi embriagadora.

The Forest of Love juega con el exceso hasta el final. Sus constantes hipérboles narrativas nos llevan hasta unos créditos donde se nos asegura que la película está basada en hechos reales. Otra broma siniestra del director.

Ai-naki Mori de Sakebe
Fotos de Netflix

Conclusión de ‘The Forest of Love’

The Forest of Love es una película inclasificable, suicida, bizarra, excesiva y salvaje. Es una experiencia sensorial que seducirá a los iniciados en el cine de Sion Sono y, también, a los espectadores que busquen un cine radical que no eluda la controversia. El público restante puede sufrir un colapso traumatizante.

La película tiene de todo. Una estructura caótica, humor negro y sangriento, violencia y disfrute por el gore. The Forest of Love es una historia fetichista sobre el cine y sobre el poder de seducción de las imágenes, especialmente cuando se transforman en nuestro subconsciente a través del filtro de la memoria. Una historia moderna de vampiros donde no salen vampiros.

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