The shards es una producción televisiva de nueve episodios para FX que puede verse en la plataforma de streaming Disney+. Basada en la novela de Bret Easton Ellis del mismo título, (Los destrozos), la serie es una creación para la pequeña pantalla por parte de Ryan Murphy (American Horror Story) y el propio Easton Ellis. La colaboración entre ambos da como resultado una producción visualmente potente que recrea la atmósfera de los años ochenta con solvencia y trata temas como el deseo, la identidad sexual, la alienación adolescente, el materialismo, los excesos y adicciones, como también la violencia física y psicológica en un entorno de lujo pero sórdido al mismo tiempo. Protagonizada por un joven y atractivo elenco de actores encabezado por Kaia Gerber y Homer Gere, la producción puede verse al completo en Disney+.
Crítica de 'The shards'
Ficha Técnica
Título: The Shards
Título original: The Shards
Reparto:
Igby Rigney (Bret Easton Ellis)
Kaia Gerber (Susan Reynolds)
Hayes Warner (Debbie Schaffer)
Homer Gere (Robert Mallory)
Graham Campbell (Thom Wright)
Evan Rachel Wood (Liz Schaffer)
Wes Bentley (Terry Schaffer)
Jordan Roth (Steven Reinhardt)
Daniel Dale (Ryan Vaughn)
Chris Conner (Detective Fregosi)
Bella Valdes (Corazón 'Cha Cha' Rodriguez)
Constantine Malahias (Detective Donaldson)
Cortés Alexander (Principal Croft)
Año: 2026
Duración: 50 min.
País: Estados Unidos
Director: Ryan Murphy (Creador), Bret Easton Ellis (Creador), Max Winkler, Ryan Murphy, Michael Uppendahl, Max Minghella
Guion: Bret Easton Ellis, Ryan Murphy, Johnny Fregosi, Juli Weiner, Charles Rogers, Lenore Zion. Novela: Bret Easton Ellis
Fotografía: Eric Koretz
Música: Morgan Kibby, David Klotz. Música original: Brett McLaughlin, Troye Sivan, Hayes Warner
Género: Drama. Intriga
Distribuidor: Disney Plus+
Tráiler de 'The Shards'
Sinopsis
Ambientada en Los Ángeles en los años 80, la serie sigue a un grupo de estudiantes de último curso en un exclusivo instituto privado que se enfrentan a cuestiones como la identidad, el sexo, los celos o la obsesión y los peligros que acechan a la adolescencia estadounidense.
La historia gira alrededor de Bret (Igby Rigney), un joven aspirante a escritor, muy observador y perspicaz cuya realidad comienza a tambalearse con la llegada de un nuevo alumno misterioso, Robert Mallory (Homer Gere). Su incorporación al instituto coincide con el creciente terror provocado por «The Trawler», un asesino en serie que tiene como objetivo a adolescentes en toda la ciudad.
Dónde se puede ver la película en streaming
Llamativo envoltorio
The shards, es una producción ambientada a principios de los años ochenta, en Beverly Hills, basada en las vivencias del propio Easton Ellis y destinada para ser consumida, principalmente por el público adolescente. En ella se retrata a unos jóvenes estudiantes de instituto que forman parte de un entorno privilegiado lleno de excesos. Pero tras un comienzo interesante y con potencial, este retrato opulento y excesivo deviene fallido.
Lo que podría haber sido una crítica efectiva sobre adolescentes de una clase social privilegiada, hijos de productores de Hollywood, con aspiraciones y tribulaciones en mitad del lujo acaba siendo una oda a la superficialidad y excesividad sin fin. Las imágenes, la estética, la constante voz en off y la vacuidad de sus personajes devoran a un guion superfluo y hueco. La mano de Easton Ellis se hace notar en su tono excesivo, pero la crítica social a la cultura del consumo contemporánea, es devorada por su esteticismo visual y un guion repetitivo.
La forma sobre el contenido
Otro de los problemas de The shards es su larga duración. Sus nueve episodios, acaban por ser demasiados. De hecho a mitad de temporada, las distintas tramas se tornan repetitivas por lo que las constantes tensiones homoeróticas entre personajes, la identidad sexual reprimida y los conflictos emocionales derivados de familias disfuncionales, unido a la constante excesividad estética y formal de la propuesta, mientras de fondo un asesino en serie amenaza a la comunidad, (con una carencia de interés alarmante) acaban por saturar al espectador en el peor sentido posible.
Ni siquiera una banda sonora plagada de hits, que incluye temas de Blondie, The Police, Ultravox o Duran Duran, entre otros, ayuda a contener la deriva de la producción.
Joven casting
Cíclicamente Hollywood apuesta por producciones que sirven como trampolín para lanzar a jóvenes valores destinados a ser referentes culturales de las nuevas generaciones. El elenco principal de The shards es un ejemplo de ello. Actores como Kaia Gerber y Homer Gere, hijos de los famosos Cindy Crawford y Richard Gere, forman parte de los roles principales.
Ciertamente tienen una presencia atractiva, pero sus carencias interpretativas son notables. Las principales pasarelas de moda de París, Milán y Nueva York pueden ser un lugar dónde Kaia Gerber destaque sin problema. En el caso del joven Homer Gere, sus dotes en pantalla están relacionadas con el buen hacer de sus caderas al ritmo de música ochentera, como atestigua el mejor episodio de la temporada ‘Murder on the Dance Floor’. Sus varios lucimientos danzarines le aseguran cierto porvenir en los clubes más cool de Nueva York y Los Ángeles. Habría que traer a colación la famosa frase ‘Es la economía, estúpido’ y reescribirla para la ocasión con un ‘no solo son los contactos, también es el talento, estúpido’.
De entre el resto del joven elenco, de cuerpos lozanos y belleza indudable, destaca Hayes Warner, quién consigue cierto magnetismo escénico del que carecen sus compañeros de casting.
En roles secundarios, Evan Rachel Wood aporta buenos minutos a la serie con su buen hacer, mientras que Wes Bentley compone una interpretación sobreactuada muy acorde con la excesividad de la producción.
Conclusión de 'The shards'
The shards es una producción televisiva destinada al público adolescente que partiendo de la novela de Bret Easton Ellis, contenía el material de base suficiente para retratar de manera interesante, a una clase social, ambiente y época muy determinada pero que se pierde en su exuberancia estética y visual, derivando en un producto excesivo en todos los sentidos que acaba agotando al espectador, tras constatar que tras su atractivo envoltorio no hay nada realmente interesante.
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