Utopía en llamas llega al Teatro María Guerrero de la mano del Centro Dramático Nacional con una propuesta que incomoda, pero que exige ser vista. Escrita por Alda Lozano y dirigida por Concha Delgado y Sandra Ferrús, esta pieza convierte el escenario en un espejo incómodo: un club llamado Utopía, en cualquier polígono, donde las mujeres entran y casi nunca salen. Lejos del naturalismo, el espectáculo apuesta por lo visceral: imágenes, silencios, cuerpos que habitan el espacio tanto como las palabras. Con un elenco que prioriza lo sensorial sobre lo discursivo, Utopía en llamas es teatro urgente. Se representa hasta el 26 de abril de 2026 en la Sala de la Princesa en el María Guerrero.
Título: Utopía en llamas Título original: Utopía en llamas
Reparto: Roberto Hoyo
Alda Lozano
Jorge Machín
Rafa Núñez
Txabi Pérez
José Juan Rodríguez
Duración: 75 min. apróx. Dirección: Concha Delgado y Sandra Ferrús Dramaturgia: Alda Lozano Escenografía y videoescena: Javier Burgos
Iluminación: Paloma Parra
Vestuario: Anna Tusell
Sonido: Sandra Vicente
Coreografía: Dácil González
Coordinación de intimidad: Rebeca Medina
Asesoramiento de caracterización: Sara Álvarez
Ayudante de dirección: Teresa Rivera
Ayudante de escenografía y vestuario: Arantxa Melero
Ayte. de vídeo: Natalia Moreno
Diseño de cartel: Emilio Lorente
Fotografía y vídeo: Bárbara Sánchez Palomero
Tráiler: Macarena Díaz
Realizaciones Escenografía: READEST
Ambientación de vestuario: Marisa Echarri y Lola Trives
Sastrería: Gabriel Besa y Carmen 17
Alumno en prácticas con Anna Tusell: Pablo Jiménez Producción: Centro Dramático Nacional
Tráiler de 'Utopía en llamas'
Sinopsis de 'Utopía en llamas'
El Utopía es un club en el km 5 de la carretera del polígono donde se escuchan muchas voces. Ellos entran y ellas nunca salen. Las que no son nadie no existen, como los fantasmas. El cuerpo de la nigeriana Niara fue arrojado al mar, pero su compañera Alika tiene fuego y cerillas. Solo en las cenizas queda una esperanza invisible.
Utopía en llamas es la crónica de una tragedia en veinte fotos. Es un retrato collage de víctimas y verdugos. Es un viaje intermitente, a ritmo vertiginoso, entre la crudeza del cinismo y la poesía de la barbarie. (CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL).
Foto de Bárbara Sánchez Palomero
La vergüenza
Alda Lozano revuelve a los espectadores con Utopía en llamas, una pieza que refleja el infierno de la prostitución; no solo poniendo nombre y realidad a sus víctimas, sino explorando lo que envuelve a quienes consumen este tipo de delito. En un primer momento, se parte de un texto que encaja con la producción más cercana a lo independiente. Sin embargo, según transcurre la acción, se entra de lleno en las vidas de estas mujeres, junto a las condiciones de los hombres que permiten ver la violencia ejercida en todas sus vertientes. Resulta inevitable no emocionarse en varios momentos, sumado a partes que dejan sin respiración a los asistentes.
Hay ciertos temas que deben abordarse sin edulcorantes, por lo que se agradece la valentía con la que se ha afrontado la dramaturgia de esta obra. No es nada fácil lo que se expone y a lo que se enfrentan los intérpretes que dan vida a esta historia de terror. Por ello, se aplaude que no escatime en detalles, sin caer en el morbo ni en la falta de empatía. De este modo, es un ejercicio teatral didáctico que pone sobre la mesa la necesidad de mirar de frente uno de los problemas más graves que asolan la sociedad española en la actualidad. Escrita desde un lenguaje cercano a la cotidianidad, se combina con pinceladas que le dan un cariz poético en varios puntos.
Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Un golpe directo
La elección de cada miembro del reparto es todo un acierto. En primer lugar, Alda Lozano se mete en la piel de estas mujeres que merecen ser homenajeadas. La actriz lo entrega todo, mediante una expresividad medida, donde lo que transmite llega a la perfección al patio de butacas. Después, Roberto Hoyo realiza un trabajo impresionante y muy complicado, dada la facilidad de caer en el extremo, cosa que consigue evitar; por ello, se valora muy positivamente su labor. Jorge Machín sobrecoge por la cercanía con la que conduce a su personaje, lo que hace visible cómo los monstruos habitan en cualquier sitio. Asimismo, Rafa Núñez no duda en jugar con la dicotomía entre lo que expresa visualmente y lo que hay dentro de su rol. Una interpretación muy bien equilibrada. Txabi Pérez y José Juan Rodríguez están maravillosos, puro nervio.
Uno de los aspectos más destacables de Utopía en llamas es la puesta en escena, combinando el universo digital mediante el audiovisual y lo puramente físico. Por ello, la escenografía logra cautivar a los espectadores, quienes no dudan en zambullirse en unos visuales atrayentes. El diseño de vestuario es una elección acertada, aunque no causa el mismo efecto que podría esperarse previamente a la ejecución. El espacio sonoro y la iluminación son fantásticos. El ritmo es potente, con escenas realmente vertiginosas. Únicamente, hay partes que no convergen tanto con el montaje, como pueden ser los bailes, la música techno o los golpes de uno de los personajes. No obstante, sigue siendo, en su conjunto, una pieza de gran importancia y muy recomendable.
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Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Conclusión
Utopía en llamas es un golpe sobre la mesa, una llamada de atención para dar luz a aquello que no se quiere mirar. El texto goza de una humanidad impresionante, que se junta con una crudeza necesaria al tratar un tema de esta índole. El elenco logra un trabajo de alta calidad, demostrando un cuidado y una responsabilidad que llegan a muy buen puerto. La puesta en escena brilla por una combinación audiovisual y física, que engatusa a los espectadores desde el principio. Especial mención al diseño sonoro y de iluminación, junto a los visuales. Una denuncia social pedagógica, dura y muy importante de ver.
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