Nos encontramos en un punto de verdadera inflexión respecto al cine bélico, más que nada por las connotaciones que puedan otorgarse a según qué propuestas. Las películas son ficción, como tal han de valorarse, si bien es cierto todas están sujetas a mensajes, voluntarios o no, de sus autores. ¿Cómo podemos recrear un conflicto armado sin arrastrar la común vaciedad del show o la misma pintura panfletaria? Warfare (Tiempo de guerra) de Ray Mendoza y Alex Garland deja las cosas claras desde el primer minuto: una apuesta radical que convierte al espectador en testigo privilegiado de la guerra en crudo. La cinta no prioriza el clásico espectáculo de combate ni moraliza, documenta la brutalidad física y mental de aquellos Navy SEALs atormentados por una realidad sin edulcoramientos. Estreno en salas de cine españolas el 16 de abril de 2025.
Crítica de 'Warfare: Tiempo de guerra'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Warfare: Tiempo de guerra
Título original: Warfare
Reparto:
D'Pharaoh Woon-A-Tai (Ray)
Will Poulter (Erik)
Cosmo Jarvis (Elliott)
Kit Connor (Tommy)
Finn Bennett (John)
Taylor John Smith (Frank)
Michael Gandolfini (Teniente Macdonald)
Adain Bradley (Sargento Laerrus)
Noah Centineo (Brian)
Evan Holtzman (Brock)
Henry Zaga (Aaron)
Joseph Quinn (Sam)
Charles Melton (Jake)
Año: 2025
Duración: 95 min
País: Estados Unidos
Director: Alex Garland, Ray Mendoza
Guion: Alex Garland, Ray Mendoza
Fotografía: David J. Thompson
Música:
Género: Bélica. Drama
Distribuidor: A24
Tráiler de 'Warfare: Tiempo de guerra'
Sinopsis
Basada en las experiencias reales del exmarine Ray Mendoza (codirector y coguionista de la película) durante la guerra de Irak. Introduce al espectador en la experiencia de un pelotón de Navy SEALs estadounidenses. Concretamente en una misión de vigilancia que se tuerce en territorio insurgente. Una historia visceral y a pie de campo sobre la guerra moderna y la hermandad, contada como nunca antes: en tiempo real y basada en los recuerdos de quienes la vivieron.
Dónde se puede ver la película en streaming
La opresión del tiempo real
Explorar Warfare (Tiempo de guerra) es hablar de una estructura sin respiros que inevitablemente nos retrotrae a fantásticas cintas como 1917 de Sam Mendes o Dunkerque de Christopher Nolan. Obviando las evidentes similitudes, aquí la diferencia radica en que, mientras estas dos simulaban un tiempo real con la potencia del estilizado plano secuencia, la última de Alex Garland transforma el mismo caos bélico en una especie de documental sin cortes. El timing es quirúrgico, marca el avance de los minutos con total precisión, desde la agónica espera del grupo de soldados hasta la explosión de la violencia sin parangón.
Si nos paramos a pensar detenidamente, la clave reside en sincronizar todo este proceso a los cronómetros del espectador. Es sin duda un enfoque imparable, puesto que dando el pistoletazo de salida ya no hay vuelta atrás, pierdes el alivio narrativo hasta que todo termina y te levantas de la butaca. Los directores huyen de las elipsis y se tiran por completo hacia el precipicio de la cruda concatenación de eventos milimetrados con el reloj del combate.
Out of context
No es casual que Warfare (Tiempo de guerra) omita referencias geopolíticas o rechace la inclusión de flashbacks explicativos. Hay una deliberada promoción de la economía narrativa que no hace otra cosa que sumergirte por completo en el ahora. Claro, antes del visionado o después del mismo uno puede informarse para saber que Ray Mendoza está hurgando en su memoria sobre la Batalla de Ramadi en 2006, durante la Guerra de Irak, pero esto no afecta en absolutamente nada.
El recurso es totalmente intencionado, el film incluso repugna los tópicos del género haciendo que los soldados no debatan en ningún momento por cuestiones ideológicas o siquiera de guerra, tampoco que hablen de sus familias. Los diálogos son escuetos, adaptados enteramente al conflicto y bajo el filtro de las órdenes técnicas de los superiores. Esto hace que el público rezume el existencialismo arraigado en el presente y solo pueda respirar el argumento de la supervivencia.
Todo por el realismo
Analizar cine es por supuesto adentrarse en el poder de los sentidos, mucho más cuando vemos cine bélico. Como sucedía con Civil War, en Warfare (Tiempo de guerra) hay una clara pretensión técnica hacia el retrato realista, por lo que el diseño sonoro funciona como arma psicológica. Alex Garland huye de la trillada banda sonora épica en favor de la amplificación de sonidos que terminan siendo protagonistas, por ejemplo el click del fusil al cargarse, los latidos del corazón, el fuego cruzado que se interpone en la percepción sonora de los heridos, o los mismos silencios que incrementan el pavor en vivo de los combatientes. Una especie de secuestro auditivo.
Del mismo modo la fotografía, que fructifica cuando el caos persiste. Se observa con frecuencia esas cámaras en primera persona que Garland monta sobre cascos o fusiles, evidentemente para transmitir el punto de vista del soldado y trasladar al espectador el realismo de los movimientos tácticos más allá de la teoría. También se presentan en todo momento encuadres descentrados que narrativamente rechazan el orden o la misma orientación de los Navy SEALs.
Un maravilloso ejemplo de estas virtudes técnicas está en la larguísima secuencia de la evacuación de los heridos, con una cámara que varía su presencia entre los disparos del exterior de la casa y esa especie de hospital de campaña del interior. Está claro que dicho recurso facilita la angustiosa y dilatada experiencia del momento.
Idea de conjunto
Algo también muy destacable de Warfare (Tiempo de guerra) es que el reparto, de nombres conocidos, actúe argumentalmente como grupo anónimo, esto es, lejos de buscar interpretaciones de premio, la dirección apuesta por la despersonalización de las estrellas. No son Poulter, Connor, Woon-A-Tai, Jarvis, Gandolfini o Quinn, sino los especialistas en comunicación, medicina, liderazgo y demás. Es decir, una idea de conjunto para enfatizar la fuerza del equipo y el absurdo del enfrentamiento.
En esta línea, se acentúan las actuaciones físicas, por medio de los temblores y las respiraciones, los sudores y mareos, las miradas perdidas, las caídas por el peso de los trajes y el armamento, los gritos de dolor o los cuerpos arrastrándose por el suelo. No por nada estos actores sufrieron durante meses un duro entrenamiento con Ray Mendoza, uno de los que vivió aquella experiencia y hoy pone voz a la dirección. Por eso el resultado es extraordinario, un lenguaje corporal propio a un realismo operativo totalmente verosímil.
En crudo y absurdo
Es el minimalismo de Warfare (Tiempo de guerra) una virtud incontestable, un reflejo del absurdo que destruye cualquier posibilidad de edulcoramiento. No hay en la película ningún recurso emocional típico de este género cinematográfico. Ray Mendoza y Alex Garland desechan el sentimentalismo para adornar la realidad, no buscan conectar a través de referencias familiares o recuerdos. Asimismo, percances y muertes son resueltas con rapidez, sin regodeos, lejos del heroísmo clásico, haciendo que no haya posibilidad de juicio ni moralismo alguno. Es más bien un tratamiento gélido.
Todo esto queda reforzando por la profundidad que los cineastas expresan por medio de detalles sin aparente importancia: que un soldado orine en una botella mientras vigila la ventana o la misma apertura de la cinta con un vídeo musical de mujeres bailando como prólogo del caos. Esto es, la significación de una guerra que viaja al absurdo.
Sin moralina
Y a esto voy precisamente, que Warfare (Tiempo de guerra) logra en su neutralidad la virtud necesaria para representar lo que quiere. No se trata de equidistancia, sino de una experiencia subjetiva de un grupo de soldados, nutrida de realismo por los recuerdos de un Ray Mendoza que encarna el sentido común. No hay fallo de descontextualización histórica sobre Irak, sino una elección libre y coherente con un postulado clarificador: toda pretensión, teoría de guerra o idea preconcebida se desvanece en el fragor de la batalla.
El único cariz personalista que atrae es el del compañerismo, lejos de la ñoñería o la bandera izada, penetrando como las balas en la vida que perece a tu lado. Si nos fijamos, el enemigo no tiene rostro, como en Dunkerque, haciendo factible la no emisión de juicios políticos, ya que esa misma crudeza visual de la sangre coagulada o las heridas abiertas, no dialoga con lo memorable, sino con el polvo que termina siendo todo conflicto armado.
Conclusión de 'Warfare (Tiempo de guerra)'
Ya estás avisado, no vayas a ver Warfare (Tiempo de guerra) con ánimo disfrutón. Hazte a la idea de participar de un fascinante ejercicio cinematográfico que apuesta por la autenticidad sobre el show vacío. No esperes discursos inspiradores, música apoteósica o bandos enfrentados al estilo tradicional. Alex Garland y Ray Mendoza desposeen a la guerra de su retórica para desnudarla hasta dejarla en esos cuerpos frágiles intentando volver a casa.
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