La celebración de los 10 años de La Belloch también se realizó con el reestreno de 337 km en el Teatro Quique San Francisco. La obra llegó al espacio teatral el 16 de febrero, abordando el Síndrome de Asperger. Orientado a los jóvenes, y adultos, está escrita por Manuel Benito y dirigida por Julio Provencio. Además, cuenta con la interpretación de Néstor Goenaga, Alicia González, Lidia Navarro y Celemente García. La pieza teatral se puede disfrutar hasta el 27 de febrero en el conocido espacio teatral madrileño.



Estreno 337 km

Crítica de '337 km'

Ficha Técnica

Título: 337 km
Título original: 337 km

Reparto:
Néstor Goenaga
Alicia González
Lidia Navarro
Clemente García

Duración: 80 min. apróx.
Dirección: Julio Provencio
Dramaturgia: Manuel Benito
Iluminación: Juanan Morales
Espacio sonoro y musical:
Julio Provencio
Escenografía y vestuario:
Yeray González Ropero
Diseño gráfico:
Jacobo Muñoz
Comunicación:
Manuel Benito
Fotografía y vídeo:
Susana Martín
Producción ejecutiva:
Julio Provencio y Manuel Benito
Ayte. Dirección:
Manuel Benito
Producción: La Belloch Teatro
con agradecimientos a María Sánchez de la Cruz, Teatro del Soto de Móstoles, Teatro Guindalera, David Benito y Victoria Dal Vera

Tráiler de '337 km'

Sinopsis de '337 km'

El protagonista de 337 km es Tonín, un niño madrileño de 9 años al que le fue diagnosticado Síndrome de Asperger cuando tenía 6. Su madre, Gloria, ha de ausentarse de casa porque a su padre (es decir, al abuelo materno de Tonín) le queda poco tiempo de vida y quiere despedirse de él. Para poder ir a Asturias, Gloria decide que lo mejor es dejar a Tonín con su padre, de vuelta en la ciudad tras el divorcio hace ya varios años.

Como Tonín no conoce a Javier, ya que no le ve desde hace varios años, no es capaz de entender quién es y qué hace ahí, o siquiera qué significa el término ‘padre’… Sacar a Tonín de su rutina diaria le hace entrar en un estado de ansiedad poco habitual. Los padres de Javier, que sí viven en Madrid y se han ocupado de su nieto, tratan de controlar la situación, pero a ellos también se le va de las manos. Tonín se refugia en su tema preferido -la carrera espacial- para tratar de asimilar los cambios, al mismo tiempo que Javier sigue una carrera contrarreloj para recuperar el afecto de su hijo a lo largo de los 10 días que estará ausente Gloria. (TEATRO QUIQUE SAN FRANCISCO). 



337 km
Foto de Susana Martín Martín

Rencillas y perdones

El síndrome de Asperger se tiende a confundirse con el autismo, dado que el primero se encuentra dentro del espectro autista. En 337 km se realiza una diferenciación entre ambas alteraciones neurobiológicas, que permiten mostrar los comportamientos y características de un niño con este síndrome. Sin embargo, Manuel Benito no muestra una obra que solo se plantee desde una perspectiva científica o intelectual, sino que la aborda desde la humanidad y la cotidianidad. Por tanto, así expone el camino vital entre un padre y un hijo, que tras mucho tiempo sin verse, se ven obligados a convivir. A partir de esa circunstancia, se va comprendiendo el comportamiento del protagonista, que permite que el espectador disfrute de la ternura, humor y sinceridad que se halla en este vínculo familiar. De esta manera, logra crear una empatía soberbia.

Además, hay que tomar en cuenta que es una pieza teatral destinada para todo tipo de públicos, incluyendo a niños de cierta edad y jóvenes. Sin duda, es una manera de acercar a generaciones, gracias a personajes que se alimentan de la realidad, y al mismo tiempo se conjugan en una historia agradable. Asimismo, hay planteamientos en las problemáticas que exponen las dificultades que pueden surgir al entrar por primera vez en la vida de una persona con Síndrome de Asperger. Aun así, tampoco los victimiza ni desea juzgar a ninguna de las partes, sino que deja fluir la acción entre ellos. También hay que destacar que pese a retratar la infancia, no se queda en un relato naif, aunque sí haya momentos en los que haya una explotación más vehemente de la luminosidad.

La Belloch
Foto de Susana Martín Martín

El núcleo

Néstor Goenaga se convierte en Tonín, principal protagonista y núcleo de 337 km. El actor tiene la difícil misión de medir la representación del Síndrome de Asperger y a la par transformarse en un niño de 9 años. Por ello, durante su trabajo sobre las tablas se siente cierta extrañeza, al haber comportamientos que se atribuyen a sus circunstancias, pero, a veces, se puede llegar a pensar que están demasiado pronunciados. En consecuencia, se dibuja una interpretación simpática, pero en la que falta una pizca de verosimilitud. No obstante, se puede ver que Goenaga se entrega absolutamente a la obra y con un respeto máxime a lo que realiza sobre las tablas. Por tanto, son pequeños detalles que le podrían ayudar para elevar su trabajo dramático en torno a este personaje.

Por otro lado, Clemente García realiza una interpretación soberbia, con una naturalidad exquisita que incorpora durante todo su trabajo en la obra. Con lo cual, se explora una verdad en la forma en la que moldea a sus personajes, que hace que se cree una conexión especial con el espectador. Además, fluye la química entre Goenaga y García, mostrando ese vínculo que va emergiendo e indica la labor en conjunto entre ambos actores. Para terminar, Alicia González completa el elenco actoral. Desde el principio hasta el final sabe exponer los distintos perfiles que le permite la obra, siendo un trabajo de transformación constante. Por lo que, aprovecha cada uno de ellos y se muestra cómoda sobre la escena. Al cambiar y dar personalidad a cada personaje que realiza, su interpretación no es plana, sino que goza de distintos colores.

La Belloch
Foto de Susana Martín Martín

Volar por la imaginación

La puesta en escena de 337 km se fundamenta en una construcción accesible para todo tipo de públicos. Para comenzar, la escenografía principal muestra el núcleo familiar, con una buena conjunción de detalles y ofrece una construcción eficiente, que ubica desde el primer momento al espectador. Asimismo, se producen distintas transformaciones, que llegan a esa mezcla de sueño, recuerdo y realidad. Gracias a ello, se fabrican distintas parcelas de forma visual que permiten que el espectador sea capaz de adentrarse en los diferentes estadios por los que transcurre la mente de Tonín. Ese influjo intergaláctico no desentona, sino que le da ese toque inocente de la infancia, a la par que deja que se aproveche esa selección de colores que llevan a esa ensoñación. Así contrasta con una gama más cálida en la vuelta a la cotidianidad.

El ritmo es óptimo, no es una obra que se haga densa en ningún momento, lo que indica una buena gestión de los tiempos. Aun así, puede que haya partes en las que se simplifique demasiado la resolución, pero al ser una obra dirigida también a un público juvenil, encaja con dicha estructura. Por tanto, el dinamismo se mueve más por una vertiente que pueda satisfacer a todo tipo de espectadores. Por otro lado, el montaje y el movimiento por el espacio teatral logran cumplir con su función, no hay brechas que pudieran ralentizar la manera de recibirlo del público. Con lo cual, es una obra que sabe respirar en esa ligereza, pero tampoco se queda en el exterior, sino que técnicamente saca partido al propio texto y al imaginario que se obtiene de él.

337 km
Foto de Susana Martín Martín

Conclusión

337 km muestra las vivencias de un niño con Síndrome de Asperger y el reencuentro con su padre. Gracias a ese planteamiento natural y cotidiano, se muestra la realidad de estas personas, con pinceladas que emanan de la propia verdad. Puede haber ciertas partes que exageran la luminosidad, pero se contrastan con la ternura y familiaridad con la que se afronta el relato global. El reparto goza de una labor notable, donde habría que pulir algunos detalles. Después, la puesta en escena sigue apostando por ese carácter cercano, con una buena combinación del mundo de ensueño del propio Tonín. La redención entre padre e hijo, que se torna en la visibilidad tierna del Síndrome de Asperger de una manera accesible y disfrutable.

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