Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma (2026) es la última película de la directora Jane Schoenbrun (El brillo de la televisión), que se ha podido verse en el Festival de Sitges y que tiene fecha de estreno en España para el 20 de noviembre de 2026. Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma se convirtió en la ganadora de la sección Zabaltegi-Tabakalera del Festival de San Sebastián. Es el tercer largometraje de Schoenbrun, continuando una obra marcada por temas como la identidad trans y el terror queer.



Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma

Crítica de 'Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma'

Ficha Técnica

Título: Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma
Título original: Teenage Sex and Death at Camp Miasma

Reparto:
Hannah Einbinder (Kris)
Gillian Anderson (Billy)
Amanda Fix (El joven Billy)
Arthur Conti (Alex)
Eva Victor (DJ Ella Giastic)
Zach Cherry (Will)
Sarah Sherman (El agente de Kris)
Patrick Fischler (Rudolph)
Dylan Baker (Jeffrey)
Jasmin Savoy Brown (Mari)
Kevin McDonald (Anthony/Sheriff del condado)
Quintessa Swindell (Julie)
Jack Haven (Little Death)

Año: 2026
Duración: 112 min
País: Estados Unidos
Director: Jane Schoenbrun
Guion: Jane Schoenbrun
Fotografía: Eric Yue
Música: Alex G
Género: Terror. Thriller
Distribuidor: Mubi

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma'

Sinopsis

Tras años de secuelas cutres y con un fandom en declive, la franquicia slasher "Campamento Miasma" es puesta en manos de una joven y entusiasta directora para que la resucite. Pero cuando visita a la estrella de la película original, una actriz que ahora vive recluida y envuelta en misterio, las dos caen en una espiral de sangre, deseo, miedo y delirio. (Mubi)

Dónde se puede ver la película en streaming



Debía de haberme gustado

La verdad es que quien esto escribe ha disfrutado mucho de las dos películas anteriores de Jane Schoenbrun. Ambas proponen una nueva mirada al cine de género y la enriquecen con una dimensión personal que nace de la experiencia de una cineasta criada en los años noventa, cuya visión generacional está profundamente marcada por sus propias circunstancias. Por eso, en principio, debería haber sido el espectador ideal para Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma. Sin embargo, la película supone, a mi juicio, un paso atrás en la trayectoria de Schoenbrun.

La principal diferencia con sus trabajos anteriores reside en el equilibrio entre el discurso personal de la directora y la propia narración cinematográfica. En aquellas películas, Schoenbrun lograba mantener un pulso comedido, integrando sus inquietudes en la historia sin que estas terminaran por imponerse sobre ella. Aquí, en cambio, el discurso parece querer sobresalir a toda costa, hasta el punto de eclipsar la cinta y convertirla en un vehículo para exponer una serie de ideas que rara vez encuentran una verdadera traducción cinematográfica.

Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma

El posmodernismo estéril

Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma no es un slasher, sino una visión plúmbea de aquello en lo que el posmodernismo ha convertido el subgénero. Jane Schoenbrun recoge elementos dispersos de su imaginario para construir una mirada retrospectiva sobre el slasher que, lejos de aportar algo nuevo, termina por resultar estéril y ensimismada. La película parece más interesada en exponer las inquietudes particulares de su directora que en encontrar una forma propia de relacionarse con el género. El resultado es una obra dirigida a un público muy concreto, alejado ya del espectador habitual de franquicias como Halloween o Viernes 13.

Hay, además, algo condescendiente en esta aproximación al slasher, como si la película contemplara el género desde una posición de superioridad intelectual, más preocupada por diseccionarlo que por comprender aquello que lo hace funcionar. Scream, sin ir más lejos, ya había demostrado que era posible jugar con los tropos del subgénero de una manera mucho más inteligente, irónica y, sobre todo, cinematográfica. Schoenbrun, por el contrario, parece incapaz de escapar de su propio discurso y acaba sustituyendo la tensión y la inventiva por interminables conversaciones que recuerdan demasiado a las de cualquier pódcast estadounidense sobre cultura pop. Un ejercicio de reflexión que, en su empeño por explicarse a sí mismo, termina olvidándose de hacer cine.

Jane Schoenbrun

Elementos disonantes

Por el camino, Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma termina subestimando al propio género slasher, como si necesitara descubrir y explicar elementos que ya formaban parte de su ADN desde sus orígenes. Las pulsiones sexuales y violentas que atraviesan estas películas nunca fueron un accidente ni un aspecto inconsciente de sus propuestas, sino una parte deliberada de su identidad.

Sin embargo, Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma parece empeñada en presentarlas como un hallazgo novedoso, como si en los más de cuarenta años que nos separan de la primera Viernes 13 nadie se hubiera detenido a reflexionar sobre las implicaciones de estas imágenes, sus mecanismos o su relación con el deseo, la violencia y la representación del cuerpo. Más que profundizar en el género, Jane Schoenbrun parece descubrirlo sobre la marcha y atribuirse el mérito de unas conclusiones a las que el propio slasher ya había llegado por sus propios medios.

Otro asunto, no menos problemático, es la representación que la película ofrece de la saga ficticia Camp Miasma. Las imágenes que supuestamente pertenecen a estas películas presentan un lenguaje cinematográfico que poco o nada tiene que ver con el cine al que la obra pretende rendir homenaje. Hay una distancia evidente entre el slasher que la película dice evocar y el que realmente muestra, como si Schoenbrun estuviera más interesada en reconstruir una idea abstracta del género que en comprender sus códigos visuales. El homenaje se convierte así en una representación demasiado consciente de sí misma, incapaz de reproducir aquello que, al menos en teoría, debería constituir su principal objeto de fascinación.

A todo ello hay que añadir una película que tampoco parece tener muy claro qué quiere ser. Como slasher, se queda en la superficie; como ensayo sobre el género, resulta excesivamente discursiva y poco cinematográfica; y como melodrama, termina por hacerse exasperante. Buena parte del problema reside en sus dos protagonistas, cuya construcción dificulta cualquier implicación emocional. Lejos de generar interés, sus conflictos y comportamientos acaban provocando una distancia que la película no parece saber cómo salvar. No es necesario que unos personajes resulten simpáticos para que una historia funcione, pero sí que exista algo en ellos que permita comprenderlos, cuestionarlos o, al menos, encontrar una razón para acompañarlos durante el metraje. Aquí, sin embargo, esa conexión nunca termina de producir.

Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma

Conclusión de Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma

En definitiva, Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma supone un paso atrás en la filmografía de Jane Schoenbrun. Allí donde sus anteriores películas lograban convertir sus obsesiones personales en experiencias cinematográficas estimulantes, aquí el discurso termina devorando a la propia película. Su aproximación al slasher resulta condescendiente, incapaz de reconocer que el género ya había explorado las pulsiones que pretende redescubrir. Entre la reflexión excesivamente discursiva, un homenaje que no comprende del todo aquello que reivindica y unos personajes que dificultan cualquier conexión emocional, Schoenbrun firma una obra tan ensimismada como decepcionante.

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Guillermo Sánchez Ferrer
Nací en Barcelona y estudié historia del arte. Después de realizar un Master me trasladé a Rusia para trabajar como profesor de español. Dedicándome al Cvlt desde el año cero.
adolescencia-sexo-y-muerte-en-campamento-miasmaAdolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma supone un paso atrás en la filmografía de Jane Schoenbrun. Allí donde sus anteriores películas lograban convertir sus obsesiones personales en experiencias cinematográficas estimulantes, aquí el discurso termina devorando a la propia película. Su aproximación al slasher resulta condescendiente, incapaz de reconocer que el género ya había explorado las pulsiones que pretende redescubrir. Entre la reflexión excesivamente discursiva, un homenaje que no comprende del todo aquello que reivindica y unos personajes que dificultan cualquier conexión emocional, Schoenbrun firma una obra tan ensimismada como decepcionante.

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