Amor en obras (2019), o como a mí me gusta llamarla Desde Nueva Zelanda con amor, por no llamarla de otra forma menos amable, es una supuesta comedia romántica de nacionalidad estadounidense, dirigida, si se le puede llamar así, por Roger Kumble.

Producida por Marvista Entertainment para su estreno mundial en la plataforma Netflix el 29 de Agosto de 2019.

¿Qué les digo para que me sigan leyendo, engañándolos lo menos posible y con la habitual benevolencia que tengo, con las producciones y distribuciones Netflix?

Pues nada, al menos os voy a exponer la sinopsis, y después tírense o no del barco, no seré esta vez yo, el capitán del mismo.



Amor en obras

Crítica de ‘Amor en obras’ 

Ficha Técnica

Título: Amor en obras
Título original: Falling Inn Love

Reparto:
Christina Milian (Gabriela)
Adam Demos (Jake)
Jeffrey Bowyer-Chapman (Dean)
Daniel Watterson (Chad)
Lucy Wigmore (Olive)

Año: 2019
Duración: 98 min.
País: Estados Unidos
Director: Roger Kumble
Guion: Hilary Galanoy, Elizabeth Hackett
Fotografía: —-
Música: Edward Shearmur
Género: Comedia romántica
Distribuidor: Netflix España

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de ‘Amor en obras’ 

Sinopsis

Gabriela (Christina Milian), una joven ejecutiva de San Francisco, acaba de perder su trabajo y al impresentable de su novio.

Pero, Ale hop, gana en un concurso, un hotel rural en Nueva Zelanda, para lo cual decide dejar atrás la vida en la ciudad y dedicarse a restaurar y poner en marcha el negocio.

Como observarán, el espléndido guion podría haber sido obra de Quentin Tarantino o incluso de Billy Wilder, ya puestos, en fin…



Falling inn Love (Amor de Posada)

Para que nadie pierda el tiempo y antes de comenzar con este pastelito rosa, totalmente repleto de calorías y grasas saturadas, solo les advierto y después decidan, que no es ni más ni menos (siendo benevolente), que cualquiera de las películas de sobremesa de los fines de semana, en cualquier canal en abierto, ahora suelen ser preferentemente, de origen teutón.

Dicho queda y sigo.

Chica americana, joven y guapa, en paro y sin pareja (lo del ex novio de la niña, es para que pase a los anales del cine), es agraciada (manda eggs), con un hotel en Nueva Zelanda.

¿Sigo?

El hotel está medio en ruinas, pero ello se afana en restaurarlo. Eso sí, previamente ha conocido al soltero de oro del lugar Jake (Adam Demos), que por un nuevo azar del destino, es contratista.

No sabemos si estamos en Nueva Zelanda o en Disney World; todo el pueblo es maravilloso, desde el galán hasta la supuesta mala de la película.

No faltan la pareja enamorada de gays, que la reciben con los brazos abiertos, el dueño del Bricomart que está loco con ella, porque en vez de Norman lo ha llamado Norm, la dueña del Vivero que parece su madre o su hermana y hasta una cabrita que se lleva la mitad de la película dando calor.

Para que todo no sea felicidad, al pobre galán se le murió la novia hace tres años y además encuentran unas cartas de amor dentro de un tabique e investigan si pudo ser de la anterior dueña de la casa.

Gotas de humor (se rompe un grifo, se cae una puerta o el chillido que pega la nueva dueña del hotel cada vez que ve a la cabrita), y sinceramente mejor me callo, porque me estoy conteniendo y bastante enfadado ando con los amigos de Netflix, a los cuales suelo defender a ultranza, pero queridos, lo defendible, no lo totalmente indefendible, que no soy espartano.

Amor en obras
Copyright Netflix

La afortunada y el contratista

Gabriela, la afortunada, (Christina Milian), excelente cantante de R&B (para esto tenemos un experto en Cinemagavia, pero bueno, con tu permiso Fran); una especie de música jazz, movidita y con ritmo).

Como sin con un par de participaciones intrascendentes en el cine, llega Mediaset y pone a Rosa López a interpretar la segunda parte de Love Story (1970), pero además, pasada por el filtro de Esta casa es una ruina (1986) y Bajo el sol de la Toscana (2003).

Zapatera a tus zapatos, por Dios, que te llevas toda la película chillando, poniendo caritas y luciendo tipito. Pésima en la presunta parte cómica y horrible en la presunta parte dramática, al menos podías haber cantado algo, querida.

Jake, el galán contratista (Adam Demos), actor australiano de televisión, su primer papel protagonista en una cinta; Lo siento, pero más de lo mismo y además este no canta, júzguenlo ustedes, le deseo lo mejor.

Amor en Obras
Copyright Netflix

El que pasaba por allí

El director (Roger Kumble), estadounidense, guionista (no aquí), director de cine y dramaturgo.

Con dos obras curiosas en su haber, o al menos no desdeñables; Crueles Intenciones (1999) y La cosa más dulce (2002).

Un drama adolescente, con una maquiavélica apuesta y una simpática comedia, que se apartaba un poco de los cánones tradicionales.

Querido, ni Netflix ni San Netflix, que no me creo, que no supieses a donde iba destinado, el medio engendro que estabas realizando.

Con un guion digno de Ed Wood en su peor momento, unos actores pésimos (córcholis, hasta los secundarios, solo se salva la cabra), un montaje hecho por tu peor enemigo, y lo peor de todo, querido, que consigues justo el efecto contrario que buscas, casi hacer llorar cuando pretendes hacer reír y viceversa.

Y, por Dios Roger, ¿no había más estereotipos que añadir a tu flamante cinta?

Amor en Obras
Copyright Netflix

Conclusión

Hoy lo siento, queridos navegantes. No voy a recomendar que vean Amor en obras o Falling Inn Love (su título en Inglés). Hagan lo que estimen conveniente.

Amor en obras es un despropósito de principio a fin, la presunta comicidad es nula y hasta absurda y la presunta parte dramática, la he visto mejor en Torrente (1998).

Tirón de orejas y gordo a los últimos estrenos Netflix, ya sean producidos o distribuidos, no sé qué ha pasado, pero parece que el capricho de Scorsese de 3 horitas y 160 millones de dólares, ha dejado las cabezas de los altos ejecutivos de la plataforma tan vacías como sus arcas.

En fin, ellos sabrán, los Netflixnianos también.

Enhorabuena y bienvenidos al espectáculo.

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