…And breathe normally (… y respiren con normalidad) es un monólogo del dramaturgo y actor Julio Provencio que formó parte del Ciclo Teatro y Derechos Humanos del Teatro Fernán Gómez. Estará en la sala Nave 73 hasta el 17 de marzo.



And breathe normally

Crítica de '... And Breathe normally (... y respiren con normalidad)'

Ficha Técnica

Título: ... And breathe normally (... y respiren con normalidad)
Título original: ... And breathe normally (... y respiren con normalidad)

Reparto:
Julio Provencio

Duración: 75 min. apróx.
Dirección: Julio Provencio y Josete Corral
Dramaturgia: Julio Provencio
Iluminación: Sergio Torres
Audiovisuales:
David Martínez
Música y espacio sonoro:
Manu Solís
Escenografía y vestuario:
Yeray González Ropero
Ayudante de dirección y movimiento:
Neus Cortès
Asesoría dramatúrgica:
Sarah Leo y Margaux Marielle-Trehoüart
Regiduría técnica:
Rocío Sánchez Prado y Antonio Carmona
Voces en off:
Odile Bouchut, Lorenzo Pappagallo, Jorge Mayor, Laura G. Cortón y Neus Cortès
Fotografía:
Susana Martín
Comunicación y prensa:
Manuel Benito
Producción: Becuadro Teatro

Tráiler de '... And breathe normally (... y respiren con normalidad)'

Sinopsis de '... And breathe normally (... y respiren con normalidad)'

... And breathe normally (... y respiren con normalidad) nos muestra el vuelo de vuelta a casa a Madrid desde París, trayecto aéreo CDG-MAD (debería haber sido BXL-MAD, pero ayer reventó el aeropuerto de Bruselas).

El pasajero del asiento 7D observa a su alrededor: viajeros solitarios, silenciados quizá por la onda expansiva de las bombas. En el móvil, Google, Facebook y Spotify dejan de funcionar en ‘modo avión’. El despegue es inminente, pero algo va mal, algo no acaba de encajar. Las miradas se vuelven más desconfiadas que de costumbre, la necesidad de hablar brota más urgente que nunca. Y la amenaza de que se repita la masacre va convirtiendo un sencillo regreso en un camino desconocido donde todos tenemos algo que decir. (NAVE 73). 



And breathe normally
Foto de Susana Martín

Más allá de la propia experiencia

Julio Provencio es licenciado en Filosofía y quizás de ahí le venga la necesidad de examinar los fenómenos del mundo más allá de lo que nos cuentan los medios de comunicación, pero también, más allá de lo vivido. De esta forma, partiendo de una vivencia individual, se puede llegar a mirar lo universal, analizando no solo lo que nos afecta directamente, sino las consecuencias de lo que no nos toca. Imaginar para reflexionar. Analizar para comprender.

En el caso de …And breathe normally (… y respiren con normalidad), Julio Provencio se coloca en escena para revivir, repensar y afrontar la violencia derivada de los ataques terroristas. Tres ciudades: Barcelona, París y Bruselas. En realidad, no importan las ciudades cuando hablamos de terrorismo ¿o sí? Importan en la medida en que son ciudades cercanas a nuestra casa, ciudades que conocemos o de las que alguien nos ha hablado. Ciudades europeas. Donde hemos aprendido que hay personas ‘como nosotros’. No son como esas otras ciudades de oriente medio, o lejano, que ni siquiera sabemos situar en un mapa y cuyos habitantes pertenecen a otro planeta. O eso nos quieren hacer creer.

Julio interpreta a un joven que trabaja de regidor de teatro y que vuelve a Madrid en avión desde París. Tendría que haber volado desde Bruselas, pero el atentado en el aeropuerto le obliga a cambiar su itinerario. La violencia irrumpe en nuestra vida y nos hace modificar nuestras costumbres, nuestro camino, hasta es posible que nuestra residencia. También nuestra forma de ver el mundo si tenemos la suerte de salir indemnes.

Y respiren con tranquilidad
Foto de Susana Martín

Que nadie nos quite la capacidad de reflexión

…And breathe normally (… y respiren con normalidad) comienza en la puerta de embarque de ese vuelo a Madrid en el que acompañamos al protagonista hasta el avión. Entramos con él en un espacio escénico muy logrado gracias a una sencilla pero eficaz escenografía y a la magia de la iluminación. El texto nos va introduciendo en el momento que el autor interpreta. Nos hace fijar nuestra atención en los temas que suenan en el hilo musical y nos invita a acompañarle al asiento 7D. Parece un viaje como otro cualquiera, pero no lo es, porque esta vez podría ser el último.

El miedo y la paranoia van in crescendo, así como la interpretación de Julio Provencio quien, a medida que avanza la trama, acelera el ritmo al compás de los pensamientos que invaden al joven regidor en quien se desdobla. Al patio de butacas llega la turbación de quien vuela en un momento de máxima alerta. A este miedo le acompaña cierto deleite, sin embargo, al imaginar ser, también, el protagonista de los terribles sucesos que han tenido lugar en la ciudad de la que acaba de salir. Nos confiesa que le hubiera gustado estar cerca del lugar y el momento, tocar el terror, tener potestad para opinar de primera mano y construir un relato verdadero de los hechos. Ser una especie de héroe y víctima al mismo tiempo.

Y respiren con tranquilidad
Foto de Susana Martín

Conclusión

Quizás hay tantas formas de enfrentarse al horror como personas y es difícil saber cómo reaccionará cada una ante un suceso que ya no escapa a nuestra imaginación. Son tiempos difíciles y el miedo forma ya parte de nuestra vida. No solo el miedo prosaico del día a día, sino el otro, el que nos paraliza y nos sobrecoge a partes iguales.

El teatro somos nosotros. Es la experiencia particular llevada a escena, el susurro hecho grito, lo privado transformado en público y por eso lo escenificado nos interpela y nos sacude. No solo mientras dura la función, sino tras cruzar el umbral de la sala de teatro, después de los aplausos y los agradecimientos. Julio Provencio juega con el tiempo y el espacio para llevarnos a un lugar en el que no queremos estar (¿Quién quiere revivir el horror?), pero en el que nos quedamos hasta el final.

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Mitad persona mitad animal, quizás un pez (por lo de piscis) pero no sirena (muy aburrido). Experta en perder el tiempo. Lo que más me pone: los atlas de geografía. Lo que menos: las injusticias. Me fastidian las gotitas líquidas de colores que chorrean cuando comes fruta, pero me encantan las fresas.
Quizás hay tantas formas de enfrentarse al horror como personas y es difícil saber cómo reaccionará cada una ante un suceso que ya no escapa a nuestra imaginación. Son tiempos difíciles y el miedo forma ya parte de nuestra vida. No solo el miedo prosaico del día a día, sino el otro, el que nos paraliza y nos sobrecoge a partes iguales. El teatro somos nosotros. Es la experiencia particular llevada a escena, el susurro hecho grito, lo privado transformado en público y por eso lo escenificado nos interpela y nos sacude. No solo mientras dura la función, sino tras cruzar el umbral de la sala de teatro, después de los aplausos y los agradecimientos. Julio Provencio juega con el tiempo y el espacio para llevarnos a un lugar en el que no queremos estar (¿Quién quiere revivir el horror?), pero en el que nos quedamos hasta el final.and-breathe-normally-critica-teatro

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