El pasado 26 de agosto llegó al Teatro Quique San Francisco la obra teatral Anfitriones, de Inge Martín. La dramaturga y directora regresó a los escenarios madrileños, después del éxito obtenido con “Un hombre con gafas de pasta”, de Jordi Casanova. Asimismo, sería interesante destacar que esta pieza teatral bebe de la influencia de “Un dios salvaje”, “Relatos salvajes” o Byung Chul Han. Para esta aventura teatral ha contado con José Luis Alcobendas, Bruno Ciordia y Lucía Quintana, además de protagonizarla ella misma. No te la pierdas en el Teatro Quique San Francisco, hasta el 12 de septiembre.



Anfitriones en el Teatro Quique San Francisco

Crítica de ‘Anfitriones’

Ficha Técnica

Título: Anfitriones
Título original: Anfitriones

Reparto:
José Luis Alcobendas (Roberto)
Bruno Ciordia (Gustavo)
Lucía Quintana (Verónica)
Inge Martín (Daniela)

Duración: 70 min. apróx.
Dirección: Inge Martín
Dramaturgia: Inge Martín
Ayudante de dirección: Aintzane Garreta
Coordinación técnica:
Óscar Laviña Carrera
Diseño de luces:
David Nicolás Abad
Vestuario:
Erica Herrera
Escenografía:
Carlos I. Faura
Producción ejecutiva:
Caterina Muñoz Luceño
Diseño gráfico:
Sergio Pineda
Distribución: Teatro Quique San Francisco

Tráiler de ‘Anfitriones’

Sinopsis de ‘Anfitriones

Anfitriones nos presenta a Roberto y Verónica, que creen que Daniela y Gustavo les han invitado a cenar, son amigos de toda la vida que empiezan la velada publicando el encuentro en las redes. Todo parece ir estupendamente pero cuando los anfitriones les sorprenden con una propuesta de riesgo, se hacen visibles las grietas que se han formado entre ellos a lo largo de los años. ¿Quieren arriesgarse para ayudar a un desconocido? ¿Tomaríamos las mismas decisiones estando en un directo de Instagram? ¿Hasta dónde te expondrías para hacer lo correcto? ¿Qué es lo correcto?

Los directos en Instagram que va haciendo Verónica son un quinto personaje que sube la presión sobre todos, mostrando la dificultad para cualquier debate en profundidad y la sensación de estar perdidos en medio de un fin de era mientras mantenemos una sonrisa perfecta para la cámara. «Anfitriones» es una comedia incómoda sobre los buenos modales y sobre cómo perderlos, que habla sobre los límites de la amistad y la solidaridad en una sociedad que nos anima a dejar pasar las cosas para no arriesgar lo que tenemos. (TEATRO QUIQUE SAN FRANCISCO).



Anfitriones
Foto de Joaquin Pérez Fuertes

¿Qué es ser buena persona?

Inge Martín vuelve a los escenarios madrileños con Anfitriones, una obra teatral que aborda la concepción del otro y de la moralidad social. Durante las primeras escenas, se introduce al espectador en una aparente ligera comedia crítica sobre redes sociales. Sin embargo, ese comienzo feel-good se convierte rápidamente en una reflexión teatral que impresiona por la estupenda evolución que muestra. Mediante los cuatro personajes sobre las tablas, el espectador podrá ver el espejo social, donde se desgranan temas tan complejos como la solidaridad y el privilegio social. Asimismo, la historia también aborda la hipocresía, el capitalismo, la maternidad, el éxito reconocido, la obsesión de la imagen… Un cóctel narrativo que formula con inteligencia preguntas que no buscan una respuesta fija. Por tanto, es una visión que dialoga con el público sin tener como fin una moralidad concreta.

La moralidad, en especial, se pone a debate, al igual que las estructuras interpersonales que se forjan entre los distintos personajes. Martín ofrece un retrato realista, donde la exageración termina por ser más a fin a la realidad que al esperpento. Con lo cual, el ingenio y la construcción son de los puntos más destacables de la pieza teatral. Igualmente, hay que recalcar que no se trata de un drama denso, sino de una comedia directa y sin tapujos. No son pocas las carcajadas que emergen, pero manteniendo una moraleja consistente detrás. Únicamente, en el tramo final, hay una explosión de energía que termina en un punto demasiado álgido. En consecuencia, da la sensación de ser un final demasiado abrupto y donde el público demanda que la obra continúe, por lo menos, un poco más.

Inge Martín
Foto de Joaquin Pérez Fuertes

Amigos, conocidos y más

Inge Martín, además de escribir y dirigir Anfitriones, también la protagoniza, junto a José Luis Alcobendas, Bruno Ciordia y Lucía Quintana. Para comenzar, Lucía Quintana capta la esencia de su personaje desde el principio. Lo dota de ese histrionismo caricaturesco, mezclándolo con la falsa pomposidad de las influencers. Además, durante la última parte de la obra, demuestra los matices dentro de su personaje, obteniendo un trabajo exquisito. Después, Inge Martín envuelve su papel en una fragilidad expresiva, que emana pura naturalidad. Por tanto, gracias a esa verdad que aflora en su actuación, deja una sensación cercana y accesible. Incluso, una de las escenas más emotivas, la afronta con crudeza y exponiendo ese puzzle mental interno. Junto con Quintana, ambas realizan un contraste oportuno, que logra que las dos puedan lucirse al máximo.

Por otro lado, Bruno Ciordia capitanea el elenco masculino. En las primeras escenas se mueve en un ambiente más suave y dulce. Según avanza la obra, su colofón llega a la mitad de ésta, momento en el que saca un dinamismo sorprendente. Además, esa transformación muestra una metamorfosis con todas las aristas que se presentan en su personaje. Esa falsa percepción de tranquilidad del principio es su trampolín para brillar en el torrente emocional que le acompaña. José Luis Alcobendas es el otro intérprete masculino de la pieza. Desde el principio se comprende su función dentro de la obra, lo que le deja exprimirlo al máximo. Esa socarronería y acidez le convierte en un contrapeso más hilarante, sin perder las pinceladas dramáticas. En conjunto, los cuatro actores representan con absoluta naturalidad y sinergia entre ellos.

Inge Martín
Foto de Joaquin Pérez Fuertes

La humanidad como templo de reunión

El salón de un piso de una familia acomodada es el principal escenario de Anfitriones, lo que lleva al público a adentrarse en calor del hogar. No obstante, la propuesta escénica apuesta más por la lucidez de la coreografía y movimiento sobre el escenario. Por lo cual, se gesta una simbiosis entre el despliegue interpretativo de los actores y la propia puesta en escena. Gracias a ello, en ningún momento se percibe que se estanque la acción, lo que muestra una buena gestión de los espacios y de la dirección. De esta forma, aunque la escenografía se mantenga estática, no se percibe que se ralentice la pieza teatral. Incluso, gracias a no sobrecargarla, evita que el espectador pueda despistarse o haya demasiado contenido, que provoque una saturación de la misma. Una decisión eficaz y certera.

A pesar de no haber un cambio de escenografía, sí hay interacción con los recursos y elementos en escena. Uno de ellos, el más importante, seguramente, es el móvil. Este ya viejo conocido se ocupa de abrir una ventana a las alegorías y críticas al mundo de la comunicación. Por lo tanto, hay un desdoblamiento del significado que tiene a nivel artístico, expresivo y narrativo. A ello se suman pequeños detalles en los objetos, que podrían perfectamente ser una metáfora de representación de cada personaje. Por otro lado, el vestuario escogido se deshace de florituras y escoge unas tonalidades más sobrias, pero que encajan con la identidad de la obra. Para terminar, el ritmo del montaje arranca paulatinamente, pero una vez coge velocidad, engancha a los espectadores hasta el final de la obra.

Anfitriones
Foto de Joaquin Pérez Fuertes

Conclusión

Anfitriones es una crítica mordaz y humorística, que presenta un guion sólido e inteligente. Dentro de una comedia desenfadada y visceral, coloca un espejo esperpéntico y realista de temas universales y personales que ocurren en sociedad. Asimismo, cuenta con un reparto compacto, donde fluye la sinergia entre ellos y expresan una naturalidad exquisita. Por otra parte, la escenografía se decanta por la sobriedad, que se mezcla con una puesta en escena dinámica, que culmina con un ritmo en constante movimiento. Una reflexión cara a cara que no busca culpas, sino ofrecer una oportunidad de indagar introspectivamente en comunidad.

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