Bloody Moon (1981), traducida al español con el infausto y totalmente incorrecto título de «Colegialas violadas», se trata de una de las numerosas películas que dirigió Jesús Franco a lo largo de su extensa carrera. Pero ojo, porque aunque esta sea una obra por encargo (hay producción alemana), lo cierto es que Franco realizó un trabajo muy bien facturado, que denota su maestrazgo detrás de las cámaras.



Crítica de ‘Bloody Moon’

Bloody Moon

Ficha Técnica

Título: Bloody Moon
Título original: Die Säge des Todes

Reparto:
Olivia Pascal (Angela
Christoph Moosbrugger (Alvaro)
Nadja Gerganoff (Manuela)
Jasmin Losensky (Inga)
Corina Drews (Laura)
Peter Exacoustos (Antonio)
Ann-Beate Engelke (Eva)
Alexander Waechter (Miguel)
Beatriz Sancho Nieto (Rita)
Antonia García (Elvira)

Año: 1981
Duración: 90 min
País: Alemania del Oeste/España
Director: Jesús Franco
Guion: Erich Tomek
Fotografía: Juan Soler
Música: Gerhard Heinz
Género: Terror
Productora: Lisa-Film / Metro Film / Rapid Film

Filmaffinity

IMBD

Tráiler de «Bloody Moon» en inglés

Sinopsis de «Bloody Moon»

Hace unos años, en un colegio de español para extranjeros, se produjo un terrible asesinato por un enfermo mental que fue encerrado. Años más tarde, parece que estos extraños sucesos se vuelven a repetir. ¿Las víctimas? Una serie de estudiantes de Europa a cada cuál más bella.



Ni Slasher, ni Giallo, sino todo a la vez

Corrían los primeros años ochenta y el cine norteamericano de terror estaba en plena fiebre de los conocidos slashers, que habían surgido a corriente de Halloween (1979) de John Carpenter y sobre todo Viernes 13 (1980). A priori podríamos pensar que Bloody Moon es una película más de explotación de este género que en aquellos momentos estaba en plena efervescencia, pero lo cierto es que Jesús Franco no se casa con nadie e hizo una película que a pesar de ser un encargo tenía muchas señas personales.

Por ejemplo, la célebre Body Count, característica inherente del slasher (para los que desconozcan el término, se refiere al número de asesinatos que es capaz de perpetrar el asesino) es relativamente escasa en comparación con otras películas, y de hecho casi que como violencia explícita la película no está al nivel de otras obras del propio Franco (a excepción de la mítica secuencia con la sierra).

Corinna Drews
Corinna Drews en Bloody Moon

A Franco le interesa explotar más otros aspectos, que ciertamente tienen su interés, a pesar de que finalmente solo quedan esbozados en la película. Es el caso de la relación incestuosa entre hermano y hermana, que nos deja algunos planos de una estética de gran nivel, por ejemplo el plano en el que el hermano deformado se arrodilla ante su hermana, casi lamiéndole el pie en un acto de total sumisión, mientras esta, tamizada por la luz de la luna, lo tiene totalmente dominado.

¿Y qué tiene Bloody Moon de Giallo? Pues como en muchas películas Giallo, los asesinatos, que a priori parecen estar hechos por un simple maníaco homicida, en realidad esconden un objetivo crematístico detrás. Así que podemos decir que es una película que juega en dos direcciones.

Sí, por supuesto estamos ante una cinta de explotación

Evidentemente el peaje a pagar son las secuencias que a la trama aportan poco sobre desnudos femeninos. Hay que decir que más o menos el director se las apaña para que las bellísimas actrices tengan alguna justificación para enseñar su carne. Y también tenemos que aguantar algunas secuencias de relleno que poco aportan a la trama. Pero en general, muchas menos que una cinta de explotación cualquiera. De hecho, el magnífico prólogo que nos introduce en la película, donde vemos el asesinato que cometió en su momento Miguel, es bastante comedido y certero, y pocos excesos tiene.

Bloody Moon (1981)
Bloody Moon (1981)

España, toros ¡Y olé!

A pesar de ser una producción alemana, hay también dinero español, y eso se puede comprobar desde las numerosas localizaciones. De hecho, la película transcurre en España, en una escuela de castellano para extranjeros, y lo cierto es que el toque exótico de ver un slasher en suelo patrio le da un plus de añadido, por lo menos a un servidor. Pero además, Franco aprovecha para dejarnos algún fotograma de paisaje mediterráneo ciertamente precioso, y si uno viendo la película no tiene ganas de darse un chapuzón es que está muerto por dentro.

Además hay un pequeño recurso argumental, como son las clases de español, que también valga la pena decir que son un tanto extrañas, porque lo único que hacen las mujeres es repetir mediante auriculares lo que van escuchando (ríanse de la estafa Opening), pero en cierta manera esta repetición, casi a manera mántrica, aporta un ambiente turbio a la cinta.

Bloody Moon (1981)
Bloody Moon (1981)

La música de Bloody Moon, que firma Gerhard Heinz, adapta algunas tonadillas españolas, además de hacer una mezcla de diferentes estilos, a conveniencia de la secuencia. Especialmente efectiva cuando se centra en el personaje de Miguel, que tiene un Leimotiv propio, basado en golpes secos y duros, propios de la siniestra personalidad que aparenta tener. Comentar también que la versión doblada que se hizo para su distribución internacional es seguramente una de las peores que se hayan hecho jamás.

Conclusión

A pesar del título en español, Bloody Moon es en cierta medida una película «arty» que poco tiene que ver con las películas que se estaban haciendo en los Estados Unidos. Desafortunadamente se nota que es una obra hecha por encargo, porque durante gran parte de la cinta la sensación general es que la obra solo está dando tumbos y no tiene claro que hacer con la trama.

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