Tres preadolescentes (Jacob Tremblay, Keith L. Williams y Brady Noon) buscan su primer beso en una fiesta organizada por los chicos populares del instituto. Para aprender a besar intentarán espiar a sus vecinas universitarias con la cámara de un dron. Sin embargo, el plan no sale como los tres amigos esperaban y todo se convierte en una serie de aventuras y líos a partes iguales. Gene Stupnitsky y Lee Eisenberg, directores y guionistas de la serie The Office y películas como Bad Teacher, estrenan su nueva comedia, Chicos buenos este 23 de agosto.



Chicos buenos

Crítica de ‘Chicos buenos’

Ficha Técnica

Título: Chicos buenos
Título original: Good Boys

Reparto:
Jacob Tremblay (Max)
Keith L. Williams (Lucas)
Brady Noon (Thor)
Molly Gordon (Hannah)
Midori Francis (Lily)
Josh Caras (Benji)
LilRel Howery (Papá de Lucas)
Millie Davis (Brixlee)
Chance Hurstfield (Atticus)
Enid-Raye Adams (La mamá de Thor)
Lina Renna (Annabelle)

Año: 2019
Duración: 95 min.
País: Estados Unidos
Director: Lee Eisenberg, Gene Stupnitsky
Guion: Lee Eisenberg, Gene Stupnitsky
Fotografía: Jonathan Furmanski
Música: Lyle Workman
Género: Comedia
Distribuidor: Universal Pictures International Spain

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Tráiler de ‘Chicos buenos’

Sinopsis de ‘Chicos buenos’

A Max, (Jacob Tremblay, de La habitación) le han invitado a su primera “fiesta del morreo”, pero hay un problema: nunca ha besado a nadie y no sabe cómo hacerlo. Con ayuda de sus dos mejores amigos, Thor (Brady Noon, de la serie Boardwalk Empire) y Lucas (Keith L. Williams, de la serie El último hombre en la tierra) Max decide espiar con el dron de su padre – que tiene terminantemente prohibido usar – a una pareja que, en teoría, se está dando el lote en una casa vecina. Sin embargo, el plan no puede salir peor y el dron no sobrevive a la aventura.

Decididos a reemplazarlo rápidamente antes de que regrese el padre de Max (Will Forte, de El último hombre en la tierra), los tres amigos se embarcan en una odisea que les llevará a involucrarse en un asunto de drogas, e incluso a verse perseguidos por la policía y por unas aterradoras adolescentes (Molly Gordon, de El alma de la fiesta y Midori Francis, de Ocean’s 8). (Universal Pictures International Spain)



La preadolescencia como eje de la comedia

Si algo tenían claro los guionistas y directores era que la preadolescencia tenía que ser la base de la pirámide de Chicos buenos. Quién no ha sentido la incomodidad de los doce o trece años en los que uno ya no es un niño, pero tampoco un adolescente. Es esa etapa en la que los cuerpos comienzan a cambiar y, además, las hormonas bailan sin parar introduciendo el tema de la sexualidad. Ese es el filón que han sabido exprimir Gene Stupnitsky y Lee Eisenberg.

Precisamente, la mayoría de gags y chistes que aparecen a lo largo de la película giran alrededor del sexo y los juegos eróticos que los tres amigos encuentran en el armario de los padres de uno de ellos. Inocentemente, los niños creen que se trata de armas incluso confunden una muñeca inflable con una muñeca de salvamento. Este tipo de chistes consiguen producir la carcajada la primera media hora, pero cuando se trata de un recurso continuo llega a dejar de ser tan hilarante para convertirse en repetitivo.

Aun así, la cinta combina muchos factores que hacen reír al público. Ejemplo claro es que las grandes villanas sean dos universitarias que buscan unos estupefacientes. Los tres niños las ven como dos orcos yonquis salidos de Mordor en busca de más drogas para sobrevivir, lo que hace del antagonismo un buen factor cómico. Ocurre con una buena cantidad de ingredientes, que facilitan la sabrosura de la receta que es esta comedia.

Chicos buenos

Una reflexión madura intrínseca

A pesar de que los protagonistas tengan aproximadamente doce o trece años, se hace imposible que el público al que va dirigido la película sea preadolescente. La gran cantidad de chistes sobre el sadomasoquismo y otros fetiches sexuales que aparecen en la pantalla hacen inviable paradójicamente que un preadolescente no entienda una película sobre la preadolescencia.

Más allá de eso, entre tanto chiste salvaje y atrevido, se escapa una reflexión a la que los niños llegan al final, pero de la que se han ido dejando pistas en cada una de las escenas. Se trata de un tema que también asola la adolescencia y el periodo adulto. Es entonces cuando entre la comedia asoma la emoción inesperada que hace que la sala se quede pasmada con la madurez que en realidad uno puede desprender también a esa edad.

Podría decirse que Chicos buenos canta a la amistad con un lenguaje gamberro, pero el mensaje es profundo finalmente. Escapa a quedarse en una mera comedia para convertirse en una oda a las amistades que quedaron atrás y de las que uno disfrutó cuando era niño. Este es el cambio profundo que diferencia Chicos buenos de Bad Teacher, Supersalidos o La Fiesta de las Salchichas, de los mismos creadores.

Chicos buenos

Conclusión

El mensaje profundo sobre la amistad camuflado no pasa inadvertido. La serie de chistes cuyos protagonistas son fetiches sexuales y drogas se digieren con facilidad al principio, aunque pueden llegar a cansar. Aun así, cumple el objetivo de toda comedia: entretener y divertir.

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