El pasado 3 de diciembre fue el reestreno de Cicuta contagiosa, obra de Miguel Deblas. Esta producción de ÉSKATON supone el debut de Deblas como dramaturgo. Mezclando imágenes extremas con el performance art, ha impactado a la audiencia que ha tenido el placer de acudir a verla. Protagonizada por el propio Deblas, también cuenta con Jùlia Solé y Óscar Nieto, se pudo disfrutar hasta el 5 de diciembre de 2021 en Réplika Teatro.



Estreno Cicuta Contagiosa

Crítica de 'Cicuta contagiosa'

Ficha Técnica

Título: Cicuta contagiosa
Título original: Cicuta contagiosa

Reparto:
Óscar Nieto
Jùlia Solé
Miguel Deblas

Duración: 150 min. apróx.
Dirección: Miguel Deblas
Dramaturgia: Miguel Deblas
Espacio escénico e iluminación: George Marinov
Vestuario:
Miguel Deblas y George Marinov
Diseño de sonido y ejecución en vivo:
Crsitina Manuela
Ayudante de dirección:
Joaquín Pérez
Coordinación técnica y producción ejecutiva: Mikolaj Bielski
Ayudante de producción:
Raquel Vicente
Realización de esculturas y caracterización:
Chema Castejón
Prensa:
Javier González, Adiria
Fotografía:
Diego Roldán
Con el apoyo de:
Centro Cultural Paco Rabal - Comunidad de Madrid, INJUVE, Instituto de la Juventud, Comunidad de Madrid
Agradecimientos: Joaquín Pérez Suárez, Teatro Comandini - Socìetas, Irene Pérez, Carla Silván, Paula Castellano, Álvaro Vicente y Fátima Tamayo.
Producción: ÉSKATON, Réplika Teatro - Socorro López Anadón

Entrevista a Miguel Deblas por 'Cicuta contagiosa'

Sinopsis de 'Cicuta contagiosa'

«Estamos juntos encima de la tierra»

Esa es la primera frase que se escucha dentro de Cicuta contagiosa y ese es el origen del problema que atraviesa el espectáculo. De nuestra necesidad primitiva de instituirnos nace siempre una violencia, ya sea para aplacar a los que quieren destruir la institución existente, ya sea para destruir la institución que es considerada vieja e inútil. En Cicuta Contagiosa se explora esta violencia a través de los símbolos y circunstancias del siglo XXI, las democracias capitalistas, el sistema judicial, los policías antidisturbios militarizados, las fronteras o la legitimidad sobre la tierra, culminando con una autoinmolación y una liturgia, tan religiosa como científica, donde se restablece una justicia nueva en un espacio y tiempo presentes. (RÉPLIKA TEATRO). 



Cicuta contagiosa
Foto de Diego Roldán Villa

La violencia como concepto

El universo de Miguel Deblas en Cicuta contagiosa no busca ser comprendida a través de una interpretación accesible o totalmente literal. Por tanto, se aleja de una concepción más clásica de la narrativa, introduciéndose en una vorágine de símbolos que van azotando la acción. A pesar de la duración de la obra, esta ensoñación oscura de Deblas perturba de tal forma que hace que el espectador no experimente ningún atisbo de aburrimiento. Por tanto, es una constante subida de energía, que lleva a imágenes grotescas, que crean una reflexión que se establece dentro del significado de violencia. No obstante, tampoco se limita a recrearla desde su sentido más preciso y conocido, sino que lo mezcla con el propia amalgama de sensaciones que la producen. En consecuencia, no es una pieza para todos los públicos, dado que lanza un ejercicio artístico singular.

Esa peculiaridad llevada al extremo, moviéndose entre la performance, lo surrealista y acercándose más a lo visual, sin perder la importancia de la palabra, es lo que la hace única. Además, una vez se termina su visionado, deja un pensamiento de no saber realmente qué es lo que ha ocurrido en la escena. Por consiguiente, se deben dejar reposar aquellas reflexiones que emergen después de asentar los distintos pasajes que hay en ella. Gracias a ello, puede llegar a fascinar por su uso absolutamente sensible y excéntrico de la representación, teniendo que ser flexible y aceptar adentrarse en ese tumulto de estímulos constantes. Sin embargo, su brillantez puede convertirse, paradójicamente, en aquello que le separe de un público más general. Aun así, no deja de ser una obra valiente, completamente original y memorable.

ÉSKATON
Foto de Diego Roldán Villa

Los cuerpos como vehículos de expresión

Uno de los aspectos más cuidados es el gran despliegue que ejerce el reparto al completo de Cicuta contagiosa. En primer lugar, el mismísimo Miguel Deblas se presenta en la escena, junto con Óscar Nieto y Jùlia Solé. En el caso de Deblas, siente esa efervescencia cambiante de lo que acontece sobre las tablas, llevándolo a su cuerpo en todo momento. No descuida detalle, dejándose la piel en ello. Además, hay escenas en las que, realmente, lo lleva a un nivel más alto, donde se ve el compromiso que tiene el autor con su obra. Por lo cual, utiliza su cuerpo como si fuera óleo a pedir de lo que demanda la acción. Como detalle, en la escena de los puñetazos en el pecho, se convierte en un momento tenso, grotesco y agresivo. Pero, ahí se ve hasta dónde quiere llegar.

Lo mismo sucede con Óscar Nieto y Jùlia Solé. Por su lado, Nieto traspasa su presencia al patio de butacas. Tiene un carisma muy especial, engatusando a los espectadores. Así, se plantea un magnetismo que contribuye todavía más en su manera de introducirse dentro de su periplo artístico. Como se ha mencionado antes con Deblas, no se pierde en ningún momento en esta quimera lóbrega, sino que se mueve en el absoluto compás ante ella. Para terminar, Jùlia Solé se encuentra en la misma página que sus compañeros. Un despliegue de firmeza y vigor, que le permite deslumbrar por la acción artística que regala. Su ímpetu es brillante, siendo el puente hacia un lenguaje basado en el movimiento, que llega a una catarsis espléndida. Por tanto, en conclusión, los tres conjugan una relación simbiótica que se sublima en una conjunción de cuerpos.

ÉSKATON
Foto de Diego Roldán Villa

La liturgia de lo inexplicable

Una marea de humo recibe a los espectadores de Cicuta contagiosa, algo que a priori recuerda a ritos basados en la fe o en la espiritualidad. Asimismo, se adorna con un oscurantismo que va alimentándose de una iluminación en vivo, sostenida por velas. Ese inicio es la puerta al desglose de creaciones artística que van a ir suscitándose por toda la obra. Cada una de ellas no pasa desapercibida, sino que toman el espacio y van entrelazándose de tal forma que terminan por consolidar este mausoleo sensitivo. La violencia, el impacto y la provocación se encuentran a pie de batalla, pero también dan paso a la revolución, a la ruptura de lo establecido, a comprender el arte de otra forma. Por este motivo, merece la pena experimentarlo en primera persona, para que sea el espectador el que elija qué significa para él.

La desnudez también es uno de los elementos que conforman la pieza, así como distintos elementos que van mutando la puesta en escena. Con lo cual, no consiste en una única exposición de cuerpos y sensaciones, sino que van combinándolo con la metamorfosis que se va produciendo. Así, dentro de esa simbiosis entre actor y espacio, se une una sinergia entre los distintos pasajes que van tomando. De esta forma, evitan un aletargamiento, por el tiempo en escena, facilitando un ritmo dinámico, en el que siempre se mantiene la llama encendida. No busca ser rápida, no busca ser contemplativa, pero sí logra encontrar la manera en la que los asistentes no puedan apartar la mirada. En definitiva, es una perturbación de lo normativo, planteando la dificultad de llevar a cabo todas las ideas que se ven sobre el escenario. Una puesta en escena laboriosa, trabajada, espinosa y enrevesadamente completa.

Cicuta contagiosa
Foto de Diego Roldán Villa

Conclusión

Cicuta contagiosa es una experiencia que no deja indiferente, trayendo el significado de la violencia a una vorágine de sensaciones y perturbaciones de la acción. Difícil de asimilar en algunos puntos, es una pieza teatral valiente, que rompe con lo establecido y realiza una ensoñación lúgubre, chocante y absolutamente original. Esa esencia extraña deja un poso que puede provocar fascinación, o lo contrario, según los ojos del que lo vea. Además, cuenta con un reparto entregado y totalmente comprometido con la expresividad de lo que plantea. Asimismo, la puesta en escena se mueve en un simbolismo, performance y transformación asombrosas, que tiene un magnetismo que hace que el espectador se mantenga atento en todo momento. Las particularidades enrevesadas de una reflexión abstracta  que se fusionan en una impactante catarsis insólita.

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