Cielo rojo sangre (Blood red sky) es una producción alemana que mezcla la acción, con el thriller, y el terror de reminiscencias vampíricas. Cuenta con el curioso aliciente de la casi única localización: el interior de un avión. Dirige la película Peter Thorwarth (Bang boom bang), y protagonizan Peri Baumeister (Operación Telemark, The last kingdom), Dominic Purcell (Prison Break, Asesinos de élite) y Kais Setti (Oray). Se trata de un original de Netflix, que la plataforma estrenará el próximo 23 de Julio.



Cielo rojo sangre (Blood red sky)

Crítica de 'Cielo rojo sangre'

Ficha Técnica

Título: Cielo rojo sangre
Título original: Blood Red Sky

Reparto:
Peri Baumeister (Nadja)
Graham McTavish (Coronel Alan Drummond)
Dominic Purcell (Berg)
Roland Møller (Karl)
Chidi Ajufo (Curtiz)
Rebecca Dyson-Smith (Sargento Karen Brown)
Alexander Scheer (Eightball)
Leonie Brill (Julia)
Roy McCrerey (Dr. Halvorsen)
Gordon Brown (Bill Morris)

Año: 2021
Duración: 121 min.
País: Alemania
Director: Peter Thorwarth
Guion: Stefan Holtz, Peter Thorwarth
Fotografía: Yoshi Heimrath
Música: Dascha Dauenhauer
Género: Thriller. Terror
Distribuidor: Netflix

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'Cielo rojo sangre'

Sinopsis

Cuando Nadja y su hijo de 10 años viajan en un vuelo nocturno de Alemania a Nueva York, unos terroristas se hacen violentamente con el control del avión y amenazan de muerte al pasaje. Nadja se enfrenta a una decisión trascendental: ¿debe liberar al monstruo que lleva años reprimiendo para proteger a su hijo? En esta película de terror y acción, los cazadores se convierten en presas. (Netflix)

Dónde se puede ver la película



Pasajeros de un vuelo nocturno

El cine nos ha demostrado que en un avión pueden pasar muchas cosas. Tan entretenidas para los espectadores como desesperantes y, casi siempre angustiosas, para los personajes. Pensemos en las películas setenteras de la saga Aeropuerto, en Plan de vuelo: desaparecida (2005), con Jodie Foster y su extraña búsqueda, la tentativa de Wes Craven con los "thrillers aeronáuticos" en Vuelo nocturno (2005), o la tristísima realidad de United 93 (2006). Cielo rojo sangre (Blood red sky) participa de esta tradición de tensión a 12.000 pies de altura. Pero lo hace con una variante.

Cielo rojo sangre (Blood red sky) es la resultante de mezclar los grupos de películas de peripecias aéreas con las del género de terror. Y más concretamente con el de vampiros. La cosa empieza con una madre y su hijo, Nadja (Peri Baumeister) y Elías (Anton Koch), cogiendo un vuelo nocturno desde su Alemania natal hasta Nueva York. Se nos muestra como Nadja tiene una enfermedad, que en un principio asociamos a la leucemia, y el fin del viaje a EE.UU es seguir un tratamiento capaz de curarla.

Todo transcurre plácidamente cuando un grupo de terroristas toma con violencia el control del vuelo y siembra el terror entre el pasaje. El cabecilla es Berg (Dominic Purcell), y entre sus heterogéneos compinches destaca el tarado psicopático de Eightball (Alexander Scheer). En principio parecen representar al ISIS, pero sus planes son otros, que igualmente resultarán letales para los pasajeros.

Cielo rojo sangre
Copyright Netflix

Que corra la sangre

Cielo rojo sangre puede que tarde en animarse a entrar en acción, pero una vez lo hace lo consigue con creces. Nadja tiene un secreto dentro de sí, cuya vertiente monstruosa ha tratado de ocultar a su hijo. La enfermedad que reside en su sangre no es leucemia; por sus venas corre sangre de vampiros (se nos explica en varios flashbacks). La situación extremadamente tensa de la situación y un instinto de protección hacia su hijo, destapan al monstruo que Nadja lleva dentro. Además del hecho de mostrarse ante su hijo como una depredadora, Nadja quiere evitar un acontecimiento muy sencillo: la fácil extensión del mal.

Cuando las tendencias sanguinolentas de esta madre asustada parecen una providencia salvadora, comienza un estado de locura generalizada. Imaginen que de pronto  la influencia principal de la película llega a ser un Abierto hasta el amanecer (1996) localizado en un avión. Una de las ventajas que esto conlleva es que el vampirismo se muestra en su faceta más animalesca, monstruosa, y hemoglobínica. No hay romanticismo, hay depredación. Así que, de repente, tenemos una película de supervivencia con un continuo ir y venir.

Quizá a Peter Thorwarth le haya faltado imbuirse todavía un poco más en el pulp y embeberse de más humor, aunque del primero de los elementos sí que participa. El problema principal es que aunque la acción sea progresivamente agitada, hay una tendencia a la redundancia. Toda la frescura y desinhibición que cala en la robusta parte central se reitera hasta un punto en que cansa y se repite. Aun así es apreciable que la película no se corte a la hora de mostrar mordiscos devoradores y salpicaduras de sangre. Aunque solo sea por alejarse de lo funcionarial.

Cielo rojo sangre
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La tripulación de Cielo rojo sangre 

Dentro de los pasajeros de esta pesadilla flotante, sin duda el personaje principal es el de Nadja. Peri Baumeister acierta en su dislocación entre una madre dedicada y amorosa, y un monstruo sediento de sangre. Constituye una fuerza benéfica, que al desatarse abre una rojiza caja de pandora. De entre los terroristas destacan las actuaciones de Dominic Purcell y Alexander Scheer. El primero es conocido por su participación en Prison Break, donde si recuerdan interpretaba al recluso sentenciado a muerte al que tratan de liberar, y tan solo por su imponente, y algo bruta, presencia física da absolutamente el pego como malvado secuestrador. Aun así, da la impresión de que se podía sacar más de este personaje.

Cielo rojo sangre tiene otro activo en el desempeño de Alexander Scheer. Digamos que a su personaje le falta rigor, pero sobre todo lo que le falta es un tornillo. Es la parte desquiciada, peligrosamente volcánica, de una virulencia innecesaria. Como contrapunto a tanta monstruosidad tenemos al pequeño pero valeroso Elías, que no deja de ver en su madre más allá del monstruo. De paso, protagoniza alguna de las escenas más inverosímiles de Cielo rojo sangre. Kais Setti, un pasajero que se hace amigo de Elías, se convierte en una especie de ángel custodio. Es como el representante de una humanidad genuina que todavía no ha sido rozada por la bestialidad.

Nada brillante en cuanto actuaciones, pero el elenco es ajustado y da a película lo que necesita. Hay escasas florituras y una dedicación casi plena a la acción. Al margen de esto, no faltarán algunos pasajeros arquetípicos: el amargado con tendencia a tocar las narices, el bróker altivo hipnotizado por la cotizaciones que ve en su portátil...

Blood Red Sky
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Los lugares de la acción

Cielo rojo sangre (Blood red sky) entra dentro de las película que usan escasas localizaciones, pero sacan un rédito nada desdeñable de ellas. El hecho de que la acción se sitúe en un 90 % en un avión de pasajeros y el marco temporal se circunscriba a una noche, da una sensación de urgencia, de inquietud que no necesita de un gran despliegue de medios. En la dirección de Peter Thorwath hay un afán por ir siempre adelante, por conseguir una película de vampiros (o casi una monster movie) de acción permanente. Ahí está la baza que quiere aprovechar Cielo rojo sangre. Un montaje rápido que se va metiendo más y más en el desvarío.

Fuera del avión hay algunas escenas interesantes, incluso relativamente espectaculares que aportan variación a una recurrencia a los mismos recursos que ya cansaba un poco. No es un Tren a Busan, pero es una variante con otro medio de transporte y con otros monstruos.

Blood Red Sky
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Conclusiones de Cielo rojo sangre 

Cielo rojo sangre (Blood red sky) fía todo a un duradero segmento central donde hay un afán vertiginoso de acción, sangre y algo de desvarío. Y, a decir verdad, la fórmula es sumamente entretenida durante gran parte de la película. Es mejor cuando se desmelena y se acerca a las coordenadas más pulp, y menos interesante cuando abraza la emotividad. No se corta con la sangre y los vampiros dan grima, sin embargo esa continua llamada a la agitación acaba aburriendo un poco por su mera reiteración. El saldo final arroja un viaje bastante entretenido, teñido de rojo y que pese a tener aroma de baratura, aprovecha bien sus bazas.

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