El documental Constante y el Floridita de Hemingway de Ramón Vilaró, tiene guion y dirección de quien fue corresponsal desde 1976 a 1989 del diario “El País” en Bruselas, Washington y Tokio. También autor de varios libros de ensayo y algunas novelas.

Se proyectó en la Sección Cinema Cocina del 23.º Festival de Málaga, recientemente finalizado el pasado 30 de agosto de 2020. Dicha sección especializada es la única existente sobre gastronomía hasta el momento en festivales de cine.

Con una duración de 55 minutos el documental recuerda la trayectoria del coctelero y propietario del mítico bar Floridita de La Habana. En paralelo y mediante entrevistas al actor cubano Jorge Perugorría rememora la relación del aventurero escritor Hemingway con su bar favorito en la capital de Cuba.



Constante y el Floridita de Hemingway

Crítica de ‘Constante y el Floridita de Hemingway’

Ficha Técnica

Título: Constante y el Floridita de Hemingway
Título original: Constante y el Floridita de Hemingway

Reparto:
Jorge Perugorría
Ciro Bianchi
Jose Rafa Malem
Jose Villa Soberón

Año: 2020
Duración: 55 min.
País: España
Director: Ramón Vilaró
Guion: Ramon Vilaró
Fotografía: Andros Barroso
Música: La Bella Dolores, Mambo Jazz , Cugi´S Coctails, Trio Taicuba
Género: Documental
Distribuidor: Arlet Films S.L

Ficha del Festival de Málaga 2020

Tráiler de ‘Constante y el Floridita de Hemingway’

Sinopsis

El documental recrea el legado en La Habana de Constante Ribalaigua, que triunfó como coctelero y propietario del célebre Floridita, el lugar preferido del escritor Ernest Hemingway. Aún hoy está considerado como uno de los maestros de la coctelería mundial. Hemingway citó a Constante, y sobre todo a sus daiquiris, en su novela póstuma Islas en el golfo.



Aproximación del documental a la sociología cubana

La gran experiencia periodística del director catalán Ramón Vilaró se aprecia a lo largo del documental. Constante Ribalaigua, finalmente dueño del Floridita, fue uno de los catalanes que emigraron a Cuba en los primeros años del pasado siglo XX. Muchos de ellos trabajaron como mesoneros (camareros) y algunos llegaron a ser cantineros (bartender o barman). La Habana fue la capital del mundo de la coctelería desde los años 20 a los 30.

Contemporáneo del gerundense Constante, luego enterrado en el monumental cementerio Colón en La Habana, fue el coctelero cubano Miguel Boadas. Hijo de emigrantes catalanes emigrados a Cuba, Boada en 1926 emigra a Lloret de Mar, tierra de sus padres. Luego se trasladó a Barcelona donde puso su propio bar muy cerca del comienzo de Las Ramblas. Éste mítico bar coctelería sigue siendo el más antiguo de la Ciudad Condal.

Constante y el Floridita de Hemingway no sólo se centra en la figura de Constante, exitoso bartender, reinventor del daiquiri, sino que hace una crónica sociológica de los años previos a la revolución de Fidel Castro contra el gobierno corrupto de Fulgencio Batista. Nos sitúa en aquellos años convulsos en Cuba, apoyándose en fotos y grabaciones periodísticas de la época. Con estos elementos, además de la música más popular del momento en la isla caribeña, recrea su entorno cultural y social.

Para remarcar la importancia de Constante aparecen los testimonio recogidos de personas que le conocieron, así como también de sucesores que le consideran una de las figuras claves de la coctelería cubana. La cámara recorre con precisión y luminosa fotografía de Andros Barroso diversos enclaves de La Habana, como el Museo del Ron, ubicado en el Palacio de la Montera.

Constante y el Floridita de Hemingway

Del cantinero Constante al aventurero Hemingway

A medida que Constante y el Floridita de Hemingway avanza, la cuidada selección de música de La Bella Dolores, Mambo Jazz, Cugi’s Coctails y el Trío Taicuba va armonizando imágenes con la detallada narración de Ramón Vilaró. El montaje, también a cargo del director de fotografía Andros Barroso, es ágil con la combinación sin estridencias de planos entre las partes dedicadas a Constante y a Hemingway.

Para abordar de manera amena la vida aventurera del novelista y antes periodista norteamericano, Vilaró recurre a los comentarios de Jorge Perugorría. Con el actor cubano recorre los principales lugares claves para conocer la vida que Hemingway hacía en Cuba.

Las localizaciones del documental nos llevan así al Hotel Ambos Mundos, a su rincón favorito en una esquina de la barra del Floridita y a la Marina en las afueras de La Habana. En ese lugar, luego denominado en su honor La Marina de Hemingway, solía salir a pescar en su barco y fue donde ambientó su exitosa novela “El viejo y el mar”.

Ampliando su labor investigadora exhaustiva, el director entrevista al conocido reportero y escritor cubano Ciro Bianchi, principal biógrafo del novelista.

Alternando ambos personajes tan diferentes, Constante y Hemingway, el documental resulta agradable e interesante de ver, aumentando nuestro interés por sus mundos respectivos.

El extenso viaje documental nos lleva desde Lloret de Mar (Gerona), donde  nació el dueño del Floridita, a otras demás ciudades para entrevistar a las diferentes personas relacionadas con éstos dos protagonistas. Desde Barcelona a Madrid, Nueva York, Miami y por supuesto La Habana, última escala del rodaje  y lugar principal donde se desarrolla la mayor parte del metraje.

Constante y el Floridita de Hemingway

Apoyado sobre la barra del Floridita

La parte final de Constante y el Floridita de Hemingway se centra en los últimos años de sus protagonistas y descendientes. La emigración del bartender habanero Miguel Boadas a Cataluña, la utiliza estilísticamente Vilaró para de vuelta a nuestro país resaltar la gran importancia de Constante. El gerundense se sigue considerando una figura clave de la coctelería como uno de los mejores mixers (mixólogos) del mundo.

Reinventó el daiquiri, delicioso “trago” o combinado a base de ron, azúcar, limón, marrasquino y hielo. Creó para el escritor norteamericano su variante “Papa Doble” o “Papa Hemingway” con doble de ron y sin azúcar ya que era diabético.

Allí, en el Bar Floridita, en la Habana Vieja, está desde el año 2003 la escultura en bronce a tamaño natural del escritor norteamericano realizada por el escultor cubano José Ramón Vila Soberón. Apoyado en su típica postura sobre la barra, espera antes de que se abra al peregrinaje de turistas deseosos de fotografiarse a su lado.

Constante y el Floridita de Hemingway es un homenaje personal de Vilaró a Constante, como en La Cala Banys (Lloret de Mar) donde el bartender Pep Tallada recuerda su maestría coctelera. Como el curioso homenaje anual al dueño del Floridita, con el consumo de daiquiris que todos los años celebran delante de su panteón en el cementerio principal de La Habana.

Conclusión de ‘Constante y el Floridita de Hemingway’

Constante y el Floridita de Hemingway de Ramón Vilaró, es un ameno, interesante y recomendable documental, ágil y ligero en su metraje, con buena fotografía que nos hace viajar por varios ambientes. Desde el territorio personal de Constante, el considerado “padre de la cantina” hasta la dilatada estancia del aventurero Hemingway en su territorio favorito en La Habana.

Las diversas entrevistas bien llevadas en escena por el propio Ramón Vilaró y la acertada filmación en los lugares claves de los dos protagonistas principales completan las buenas sensaciones al final de la proyección.

Terminado el documental tenemos ganas de volver de nuevo o conocer por primera vez Cuba, si aún no estuvieron nunca en la isla caribeña con forma de cocodrilo. Saborear en el Floridita un daiquirí frapé, la creación más célebre de Constante (también conocido como Constantino). Mientras no pueda ser, al menos disfrutemos, trago a trago, un buen mezclado daiquiri en las mejores coctelerías de nuestra propia ciudad.

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