Veloz como el Viento dirigida por Matteo Rovere arranca en plena competición, con la rabia de los motores tronando al viento y la velocidad cortando la cámara en delicadas imágenes de esos animales mecánicos. Resulta excitante y atrapa como una telaraña. ¿Mantiene dicha intensidad el resto de la película? Estreno el 28 de marzo.



Veloz como el Viento

Crítica de Veloz como el viento

Ficha Técnica

Título: Veloz como el viento
Título original: Veloce come il vento

Reparto:
Stefano Accorsi (Loris De Martino)
Matilda De Angelis (Giulia De Martino)
Giuseppe Gaiani (Mario De Martino)
Lorenzo Gioielli (Ettore Minotti)
Paolo Graziosi (Tonino)
Linda Hand (Una mujer americana)
Rinat Khismatouline (Director de Equipo)
Tatiana Luter (eva)
Roberta Mattei (Annarella)
Alexia Murray (Flavia)
Giulio Pugnaghi (Nico)
Cristina Spina (Asistenta Social)

Año: 2016
Duración: 119 min.
País: Italia
Director: Matteo Rovere
Guion: Filippo Gravino, Francesca Manieri, Matteo Rovere
Fotografía: Michele D’Attanasio
Música: Andrea Farri
Género: Drama
Distribuidor: Cinemaran

Tráiler

Sinopsis

La familia De Martino se ha dedicado siempre a los motores y las carreras. Mario, el padre de familia, se ve forzado a hacerle camino a su joven y talentosa hija, Giulia. A ella la acompañará su hermano mayor Loris, ex-piloto, poco fiable pero que conserva un sentido agudo de las carreras y coches. Juntos afrontarán nuevos retos y volverán a las carreras, mientras se conocen y aprenden el significado de ser una familia. (Cinemaran)



Curva a curva, plano a plano

Esta historia deportiva de superación no es muy diferente a la de la mayor parte de películas de este género. Veloz como el viento se mueve a través de la inspiración en la vida del piloto de rally Carlo Capone. No estamos ante una película “basada en hechos reales”, aunque sí toma ciertos elementos de la historia real para dar forma a una nueva trama. La tragedia marca la película desde el primer minuto y será uno de los temas recurrentes de la misma; este particular no ayuda al film a mantenerse en la trazada y trastabilla sobre el piano en varias ocasiones.

Veloz como el viento

La película de Matteo Rovere parece competir contra sí misma. Por un lado, tenemos una historia que pese a no estar del todo mal, se acerca demasiado al melodrama en numerosas ocasiones. El guion y los diálogos no están todo lo engrasados que deberían en las secuencias más íntimas. Justo lo contrario sucede durante las escenas en las que los vehículos son los protagonistas. Veloz como el viento parece exigirse más a sí misma cada vez que la cámara se acerca a un circuito. Incluso aunque no haya comenzado la competición, los diálogos parecen más trabajados. Intencionalmente o no, Rovere reserva sus mejores líneas y las más importantes para cuando el asfalto está cerca.

Lágrimas y velocidad

Y aquí está el mayor potencial de la película: el sudor, el calor de la pista y el peso de esas toneladas mecánicas están extraordinariamente bien filmados. La violencia del campeonato de Gran turismo hace partícipe al espectador y serán los aficionados al motor (los que sienten la vibración en su butaca, los que sujetan el cabecero del asiento de delante como si fuese un volante) quienes más disfrutarán en estas geniales secuencias.

Veloz como el viento

Las interpretaciones sostenidas por la joven cantante y actriz Matilda De Angelis y por Stefano Accorsi, convencen y sorprenden a partes iguales. El resto del reparto lo intenta con algún altibajo obteniendo un resultado mayoritariamente positivo. Técnicamente destaca la dirección de Rovere y la fotografía impoluta Michele D’Attanasio. Existen, eso sí, ciertas carencias o al menos disonancias en el uso de la música. La banda sonora, con algunos motivos electrónicos de Andrea Farri, es genial, pero en ciertas secuencias no parece encajar del todo. Tampoco parecen hacerlo los temas originales escogidos para acompañar ciertas acciones. Paradójicamente, también acusa, en otras secuencias, de hacer uso de unos temas musicales que enfatizan excesivamente las emociones que ya vemos en pantalla.

El motor de una familia

El sonido de los vehículos cautiva más que las voces humanas. La brillante chapa acapara más miradas que la piel y la carne. La historia de una carrera, cargada de emoción y peligro, interesa más que la trama humana poblada de miseria que nos cuentan. Aunque la película progresa de manera positiva después del bache tras la escena inicial, nunca llega a despuntar. Discurre en una consecución de escenas geniales con otras de menor interés. Este decalaje entre el drama de la vida de los protagonistas y la maravilla automovilística se sucederá durante toda la película; aunque en ciertos momentos De Angelis y Accorsi consiguen unirla con las puntadas de su talento.

Veloz como el viento

Debido a los distintos niveles de calidad entre escenas, la valoración final queda relegada al último tramo de la cinta. Dependerá de cada uno decidir si Veloz como el viento se lleva el oro o apenas termina el campeonato. En mi caso resultó una resolución satisfactoria, aunque no pude olvidar todo lo que la película no había conseguido. Se queda a mitad de la clasificación.

Conclusión

No estamos ante una película que pueda calificarse como imprescindible, entretiene pese a sus carencias narrativas y asombra en sus mejores momentos. Los aficionados a los deportes de motor sin duda disfrutarán con las escenas rodadas en el Campionato Italiano Gran Turismo; el resto puede que no salgan tan convencidos de la sala de cine pues es fácil adscribirse al discurso de que Veloz como el viento circula por una carretera con una trazada que ya hemos recorrido en multitud de ocasiones.

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