El Cuarto mandamiento es la segunda película de Orson Welles en las tareas de dirección. Tras el esplendoroso debut de Ciudadano Kane, Welles se ocupó de adaptar la novela de Booth Tarkington The magnificent Ambersons, ganadora del Pullitzer en 1918. Fue nominada para cuatro Óscar en 1942 (incluyendo el de mejor película). En 1991 fue seleccionada para su preservación en el National Film Registry de EE.UU. En sus papeles principales cuenta con Joseph Cotten, Tim Holt y Anne Baxter. Es célebre por el polémico montaje que impusieron los productores, muy en contra del deseado por Orson Welles. Se puede ver en Filmin.



El Cuarto mandamiento

 

Crítica de ‘El Cuarto mandamiento’

Ficha Técnica

Título: El cuarto mandamiento
Título original: The Magnificent Ambersons

Reparto:
Tim Holt (George Minafer)
Joseph Cotten (Eugene Morgan)
Dolores Costello (Isabel Amberson Minafer)
Agnes Moorehead (Fanny Minafer)
Anne Baxter (Lucy Morgan)
Richard Bennett (Mayor Amberson)
Ray Collins (Jack Amberson)
Nancy Gates (Niña)

Año: 1942
Duración: 88 min.
País: Estados Unidos
Director: Orson Welles
Guion: Orson Welles (Novela: Booth Tarkington)
Fotografía: Stanley Cortez (B&W)
Música: Bernard Herrmann
Género: Drama
Distribuidor: Filmin

Filmaffinity

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Tráiler en versión original de ‘El cuarto mandamiento’

Donde comprar la película

El Cuarto Mandamiento DVD con libreto 32 pags 1942 The Magnificent Ambersons
  • Tim Holt,  Joseph Cotten,  Dolores Costello (Actors)
  • Orson Welles (Director)

Sinopsis

Basada en la novela The Magnificent Ambersons, del ganador del Premio Pulitzer Booth Tarkington, es la segunda película de Orson Welles, que ya empezó a manifestar problemas con los productores de Hollywood, empeñados en mutilar su trabajo. Indianápolis, a finales del siglo XIX. Tras romper con Eugene Morgan, un idealista industrial, la joven aristocrática Isabel Amberson se casa con Wilbur Minafer, de cuya unión nace George. Años más tarde, Eugene, ahora viuda, regresa a la ciudad con su hija, la joven y atractiva Lucy, de quien se enamora el engreído George.

Tras el fallecimiento de Wilbur, la llama del amor vuelve a prender entre Isabel y Eugene, que se ha convertido en un próspero hombre de negocios con un revolucionario prototipo de automóvil. Al enterarse del idilio entre su madre y Eugene, George intenta frustrarlo, al tiempo que comprueba cómo su antaño intocable casta, los Amberson, ya sólo es un nido de decadencia. (Filmin)



Lo nuevo y lo viejo

El cuarto mandamiento es una historia que se puede ver desde un punto de vista sociológico, y desde un punto de vista íntimo. Si optamos por el primero de ellos, la película nos cuenta la decadencia de una familia, de rancio abolengo, de Indianápolis, y el ascenso de un nuevo tipo de sociedad opuesto a sus valores. Esta nueva sociedad, basada en la tecnificación, tiene como símbolo al automóvil.

Eugene Morgan (Joseph Cotten) es un inventor que participa en el incipiente y novedoso mercado de la automoción. Nos situamos a finales del siglo XIX y principios del XX. Eugene, en su juventud, fue pretendiente de Isabel Amberson (Dolores Costello), cuya familia disfruta de una posición privilegiada en Indianápolis. Sin embargo una embarazosa situación rompe el noviazgo. Finalmente Isabel se casa con el aburrido, y no muy pasional, Wilbur Minafer (Don Dillaway). Todo el mundo da por sentado que es un matrimonio infeliz.

De esta unión, no obstante, nace el consentido, arrogante y soberbio George Minafer (Tim Holt). Probablemente uno de los personajes más antipáticos del cine clásico. Con el transcurrir de los años, los caminos de todos vuelven a cruzarse. Con motivo del regreso de George de la universidad se celebra un fastuoso baile. El cuarto mandamiento, tras un prefacio, comienza a hilvanarse desde aquí. Eugene e Isabel vuelven a encontrarse. Sigue habiendo amor entre ellos. Pero pronto las familias como los Amberson y los Minafer irán decayendo ante el empuje de gente industriosa como Eugene. La aristocracia contra la iniciativa industrial.

The Magnificent Ambersons
Foto de IMDB

Amores cruzados

Como decíamos, El cuarto mandamiento tiene el punto de inflexión en la fiesta que se celebra por la vuelta de George. También es invitado Eugene y su hija Lucy (Anne Baxter). El reencuentro entre Eugene e Isabel reaviva viejas llamas. Sin embargo, súbitamente se produce otro enamoramiento: El de George y Lucy. En realidad El cuarto mandamiento es la historia de dos amores imposibles, separados por el egoísmo y la impostura social.

La muerte de Wilbur, y la subsiguiente viudez de Isabel, hace que ella y Eugene se acerquen más y más hasta el punto de consumar un viejo y frustrado amor. Sin embargo George hará todo lo posible para separarlos. Odia a Eugene y mantiene una relación realmente vigilante con su madre, hasta el punto de socavar su felicidad.

Orson Welles muestra al inicio una capacidad de narración original y ágil. Lo primero que vemos en El cuarto mandamiento es una introducción a la época casi en forma de reportaje (algo del bagaje de Ciudadano Kane). Welles aprovecha algo tan banal como el cambio de la moda en los sombreros, como indicio de uno de los temas de la película: la sustitución de un viejo paradigma por otro nuevo. Welles rueda de una forma totalmente atípica para lo que se estilaba en Hollwood. En lugar de poner la cámara a la altura de los ojos busca angulaciones insólitas, perspectivas poco comunes. Tampoco se priva de ejecutar virguerías, como por ejemplo los estupendos travelings durante el baile en homenaje a George, o algunos planos fijos donde la acción continúa sin corte durante minutos. La fotografía de Stanley Cortez, por su parte, juega deliciosamente con los claroscuros.

The Magnificent Ambersons
Foto de IMDB

El maldito montaje

Comúnmente se suele citar a El cuarto mandamiento como ejemplo de profanación cinéfila a través del montaje. El montaje que entregó Orson Welles duraba aproximadamente 131 minutos, pero se consideró que era demasiado largo y se vio necesario recortarla. Los pases previos fueron muy negativos en ese sentido. Al final el corte fue de más de cuarenta minutos, amputando puntos clave de la película y dejándola irreconocible. Incluso se filmó un final distinto durante la ausencia de Welles, rodado, por cierto, por Robert Wise (futuro director de West Side Story o Sonrisas y Lágrimas, p.ej). Wise también fue el montador.

¿Pero dónde estaba Orson Welles mientras se cometía este desatino? Rodando un documental en Brasil por encargo de Nelson Rockefeller que, además, quedó inconcluso. Welles no dio nunca el visto bueno a los tremendos cortes que sufrió El cuarto mandamiento. Como él mismo dijo, este asolador montaje va notándose más según avanza la película. La parte final va a salto de mata, formando un conjunto de escenas estupendas pero con una ligazón muy débil. A partir de aquí la carrera de Welles fue una lucha por mantener sus montajes originales.

El cuarto mandamiento
Foto de IMDB

La belleza resiste

¿Merece la pena ver El cuarto mandamiento a pesar del destrozo del montaje? Rotundamente . Hay varios motivos. Vemos, quizá, al Orson Welles más intimista y melancólico. Se trata de una melancolía misteriosa y decadente, cuyo centro neurálgico es el caserón de los Amberson, a veces sumido en sombras. La dirección artística dio a luz a unos estupendos decorados, donde precisamente destaca la susodicha mansión y su espectacular escalera. De hecho los escenarios fueron reutilizados en varias películas posteriores de la RKO.

Las actuaciones rayan a un magnífico nivel. Los dos polos opuestos son Joseph Cotten y Tim Holt. El primero en un papel cada vez más logradamente entristecido. El segundo transmitiendo fehacientemente una profunda sensación de antipatía y arrogancia, pero con unos matices sueltos que lo vuelven digno de compasión. Destacar también a Agnes Moorehead en el papel de Fanny, la desdichada y solterona hermana de Isabel. Anne Baxter, como Lucy, muestra una capacidad seductora frágil pero misteriosa.

Por cierto, llama la atención el nombre puesto en España a la película (el título original es The magnificent Ambersons). El cuarto mandamiento se refiere a “honrar padre y madre” según la ley de Moisés. Sin embargo el personaje de George más que honrar a su madre, lo que hace es denegarle la oportunidad de ser feliz. O las autoridades españolas de turno pretendieron ser sarcáticas (no lo creo) o no entendieron nada y dan como correcto el comportamiento de George. Dada la moral reaccionaria de la época apostamos por esta última opción.

El cuarto mandamiento
Foto de IMDB

Conclusión de ‘El cuarto mandamiento’

El cuarto mandamiento es como un bello mosaico al que le faltan algunas importantes teselas. Aunque el montaje cortara una parte importante de la película, la fuerza y la belleza de las imágenes de Welles son tan poderosas que justifican de sobra su visionado. Además, el peculiar romanticismo acaba copando nuestra atención. Un clásico absoluto.

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