Conozco a Jon Viar desde ya unos años, siempre he seguido con interés su trabajo porque es una de esas mentes empecinadas en hacer el cine que le gusta ver como espectador. Si puede narrar alguna historia real que ponga el dedo en la yaga sobre el conflicto vasco, mejor que mejor. Como ya hiciera con ‘Síntomas’ (2014), desde el drama, en Derbi (2018), aunque no lo abandona, consigue dar una vuelta de tuerca al asunto desde una perspectiva que tampoco dejará indiferente a la audiencia.



Derbi

Crítica de ‘Derbi’

Ficha Técnica 

Título: Derbi
Título original: Derbi

Reparto:
Jon Viar (Jon)
Roman Rymar (Dani)
Javier Tolosa (Juan Mari)

Año: 2017
Duración: 17 min
País: España
Director: Jon Viar
Guion: Jon Viar & Jordi Fraga
Fotografía: Iñigo Hualde
Género: Drama
Productora: White Leaf Producciones

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Cortometraje de ‘Derbi’

Sinopsis de ‘Derbi’

Derbi está inspirado en hechos reales. 1976. Un caserío del País Vasco. Dos amigos se preparan para un momento importante: el derbi entre el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad. Justo antes de que empiece el partido, algo inesperado sucede y acaban viendo el derbi acompañados. El derbi vasco cambiará sus vidas para siempre.
(JON VIAR)



Derbi
Foto de White Leaf Producciones

1976: Real Sociedad vs. Athletic de Bilbao

Es el eje central de una historia que nos sitúa en plena transición democrática, un año clave y fundamental para la historia contemporánea de España. De hecho, podría haber comenzado como el falso prólogo de ‘Fargo’, de Joel Coen (1996): «Esto es una historia real (…) Por respeto a las víctimas, los nombres han sido cambiados. Por lo demás todo ha sido contado tal y como sucedió.» La diferencia estriba en que Viar sí nos está contando una historia real, y podría decirse que ha concebido su ‘Fargo’ particular.

El refuerzo y el incidir en el patetismo de su pareja protagonista (el propio Viar y Román Rymar), una casi revisión castiza de Laurel & Hardy , y la ridícula actitud de los mismos, así como el tratarse de un secuestro, entroncan directamente con la cinta de los hermanos de Minnesota; añadir su marcado humor negro, que se sustenta en la premisa que idearon los Coen: «te lo voy a hacer pasar mal, pero con cariño.»

La ambientación está plenamente conseguida, aunque es un trabajo que se sustenta en una austeridad-expresionista, que por muy contradictorio que pudiera parecer,  recuerda en la atmósfera a Bresson, pero en la fotografía y en el arte a la corriente alemana. Su aspecto formal, aunque de iluminación diferente, así como por otros matices no tan estéticos, se antojan a las ‘Mirindas Asesinas’, de Álex de la Iglesia (1991).

Foto de White Leaf Producciones

Contrariamente al distanciamiento bressoniano y a la confrontación brusca de la propuesta de la Iglesia, Viar busca conseguir la cotidianidad en los actos más cercanos, incidiendo la puesta en escena en la cocina, donde el personaje de Rymar corta la cebolla que dará pie al plato fuerte que dinamitará el conflicto de la historia. Y sí, el partido, importa, pero eso es lo de menos.

Más vale diablo conocido…

La tortilla de patata  no es sino una extensión de la reacción inherentemente antiespañola del personaje de Viar, que llegado el momento, optará por acercarse al secuestrado (Javier Tolosa) con el fin de conseguir el plan perfecto: disfrutar del derbi y almorzar marmitako. Es durante esta secuencia, en la que el corte sobre imagen a modo de elipsis, eficazmente nos muestra el avance del partido y cómo la fina línea que separa la frialdad en la relación de secuestrador-cautivo, se va tornando cada vez más difusa.

Con cuenta gotas, el carácter denunciante se va infiltrando a modo de pullas con efecto de gag, estupendamente diseminados en el guión escrito por Jordi Farga y Viar, mostrando las irreverentes contradicciones de los «gudaris» de la patria vasca. Es su último tramo en donde el drama asoma con más fuerza, sin perder su esencia de humor negro, y su sentido político, en donde el neoclasicismo imperante de pronto se torna naturalista. Y es que como bien indica el dicho: «Más vale diablo conocido, que diablo por conocer».

Derbi
Foto de White Leaf Producciones

Conclusión

Derbi no se pierde en la mera denuncia por la denuncia, ni en el maniqueísmo de la circunstancia histórica que aborda; hace humor de ella, pero se trata de una comicidad incómoda, que no busca la risa fácil, sino que constata en todo momento el absurdo del proceder, la ignorancia, las dudas morales y las contradicciones de los integrantes de ETA. El reparto está realmente comprometido y entiende a la perfección el tono que se busca encontrar. En resumidas cuentas,  de esta notable obra en particular, a Viar no le vendría mal del todo el apelativo del Ken Loach bilbaíno, pero con sentido tragicómico, y sin olvidarse del tema central que le atañe en todo momento, y del que es buen conocedor.

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