El 9 de agosto se estrena El canto de la selva, el largometraje dirigido por Joao Salaviza y Renée Nader Messora. El film se adentra en la comunidad de los Krahô, un pueblo indígena que habita en el norte de Brasil, y su visión del mundo espiritual a través de la historia de Ihjãc. La muerte, la espiritualidad y la propia identidad indígena se mezclan en este docudrama que ganó el Premio del Jurado en la sección Una cierta mirada del Festival de Cannes en su última edición.



El canto de la selva

Crítica de ‘El canto de la selva’

Título: El canto de la selva
Título original: Chuva é Cantoria na Aldeia dos Mortos / The Dead and the Others

Reparto:
Douglas Tiepre Krahô
Henrique Ihjãc Krahô
Iasmin Kropej Krahô
Osmar Kwycaké Krahô
Raene Kôtô Krahô

Año: 2018
Duración: 114 min.
País: Brasil
Director: João Salaviza, Renée Nader Messora
Guion: João Salaviza, Renée Nader Messora
Fotografía: Renée Nader Messora
Música:—–
Género: Drama. Vida Rural
Distribuidor: Surtsey Films

Tráiler de ‘El canto de la selva’

Sinopsis

Es de noche y reina la calma en el bosque que rodea el pueblo. Cuando los vivos duermen, el bosque se despierta. Ihjãc, un joven indígena Krahô que vive en el norte de Brasil, tiene pesadillas desde que perdió a su padre. Camina en la oscuridad, su cuerpo sudoroso se mueve con cautela. Cuando se escucha una canción distante a través de las palmeras, es la voz de su padre desaparecido que llama a su hijo desde la cascada, pues ha llegado el momento de organizar la ceremonia fúnebre que concluye el duelo y permite que su espíritu llegue al pueblo de los muertos. Ihjãc decide huir a la ciudad para escapar a su deber y no convertirse en chamán. Lejos de su gente y su cultura, se enfrenta a la dura realidad que es suya, ser un aborigen en el Brasil de hoy. (Surtsey Films)



La muerte y la madurez

La primera escena de la película hace una referencia directa a su propio título. Su escenario es el corazón de la selva, junto a una cascada en la que se observa al protagonista, Ihjãc, hablando con su padre fallecido. Su progenitor le ruega que organice sus ritos funerarios para poder pasar al mundo de los muertos y abandonar la memoria de los suyos. Sin embargo, Ihjãc sabe que escuchar a los muertos solo significa una cosa: se convertirá en el próximo chamán de su pueblo.

El ritmo pausado de El canto de la selva facilita al espectador la comprensión de la espiritualidad Krahô. A diferencia de otros pueblos indígenas latinoamericanos, los protagonistas muestran que cuando uno de los suyos fallece existe un periodo de luto y de recuerdo hacia el muerto. Salaviza y Messora, la pareja de directores, han conseguido mostrar a la perfección el rito funerario que tiene lugar después de este periodo de luto. Los cánticos de los familiares y sus posteriores sollozos no son ejercicio de un actor, sino dolor real. Tras ello, el difunto sigue su camino hacia el mundo de los muertos.

El canto de la selva
Copyright Luxbox y Ad Vitam

Dentro del entramado espiritual que muestra las costumbres de la tribu, el protagonista se enfrenta también a un destino del que él mismo desea alejarse. La opinión del pueblo respecto al chamán al principio se trata de una forma, pero los directores no terminan de darle un corpus determinado, por lo que queda en el aire si la decisión de Ihjãc de huir de su destino es propia o influenciada por sus iguales. A pesar de ello, la cámara le sigue por su camino a la madurez que pasa por la propia ciudad alejada de la selva y de los Krahô.

Krahô: vivir entre dos mundos

Más allá de la historia que contar y del personaje de Ihjãc, el objetivo primordial de Salaviza y Messora es dar la autodeterminación al pueblo de los Krahô a través del cine. Sus esfuerzos por dar a conocer la identidad del pueblo no resultan fallidos en ningún momento, sino que a veces pueden parecer confusos por el entramado existente entre la ficción y la realidad.

El canto de la selva
Copyright Luxbox y Ad Vitam

A pesar de ello, uno advierte fácilmente que el aislamiento de los Krahô no es tan evidente cuando la mujer del protagonista aparece en escena pintándose las uñas con esmalte o cuando las jóvenes del pueblo se dejan ver jugando a fútbol con un balón. Sin embargo, cuando Ihjãc llega a la ciudad sí puede notarse una cierta dejadez de las instituciones estatales con los pueblos indígenas. A pesar de su identidad propia, siguen dependiendo de cierta forma del exterior.

Un género híbrido

El tratamiento de los directores hacia el pueblo Krahô en el largometraje se debe a que Renée había convivido con los indígenas, por lo que conocía muchas de sus costumbres y a los propios actores que se interpretan a sí mismos. De esta relación nace el origen de El canto de la selva.

Chuva é Cantoria na Aldeia dos Mortos
Copyright Luxbox y Ad Vitam

A partir de una fotografía impecable, se da una hibridación del documental junto a la ficción que puede tornarse confusa a la hora de diseccionar lo que es la realidad del pueblo Krahô y lo que es la ficción aplicada a la historia del protagonista. Durante las casi dos horas de duración de la cinta, El Canto de la selva fluctúa entre ambos géneros sin decidirse por ninguno.

Conclusiones

La cinta explora la vegetación y los cielos de la selva con un amor intachable que facilita introducirse de lleno en el pueblo de los Krahô y conocerlos de una forma más íntima, al igual que ese mundo espiritual que se muestra al espectador y que llega a entenderse a la perfección. Sin embargo, la mezcla entre el documental y la ficción es lo que no da la credibilidad total a la cinta.

Reportaje de El Canto de la selva en Días de Cine TVE

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