Como muestrario de una psique perturbada y de las apetencias más oscuras del ser humano, El fotógrafo del pánico es un éxito absoluto. El británico Michael Powell dirige con maestría lo que se puede denominar un «proto-slasher», centrándose más en los aspectos psicológicos. Curiosamente ese mismo año 1960 se estrenaba otro trazo de un psicópata: la magistral Psicosis, de Alfred Hitchcock. En la película que nos ocupa un fotógrafo tiene la necesidad de satisfacer sus enfermizos anhelos de fotografiar el dolor de los últimos estertores. Siempre lleva con él una cámara, es un fetichista de la imagen en su faceta más morbosa.



Crítica de ‘El Fotógrafo del Pánico’

El fotógrafo del pánico

Ficha técnica

Título: El Fotógrafo del Pánico
Título original: Peeping Tom

Reparto:
Karlheinz Böhm (Mark Lewis)
Moira Shearer (Vivian)
Anna Massey (Helen Stephens)
Maxine Audley (Mrs. Stephens)
Brenda Bruce (Dora)

Año: 1960
Duración: 109 min.
País: Reino Unido
Director: Michael Powell
Guion: Leo Marks
Fotografía: Leo Marks
Género: Terror. Thriller

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘El fotógrafo del pánico’

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  • Español
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Sinopsis

Böhm interpreta a un psicópata que fotografía a sus víctimas mientras mueren. Su mente perturbada surge de una dura infancia. Su padre era un científico obsesionado con la mente, que hizo que su propio hijo se convertirse en un trastornado. El asesino esconde sus actividades terroríficas con su profesión como fotógrafo para disimular sus impulsos.



Mark, el fotógrafo

Mark Lewis (Karlheinz Böhm) está obsesionado con grabar imágenes. Lleva con él, casi siempre, una cámara del 16 mm para recoger lo que se le antoje. Fatalmente, lo que más le gusta es recoger la cara de terror de una persona en el trance de ser asesinada por él mismo. Mark tiene dos trabajos, uno de ellos en el rodaje de una película donde trabaja en labores de operador de cámara. Tiene otro trabajo, aunque un tanto clandestino. Fotografía a chicas ligeras de ropa para ilustras revistas pornográficas que vende en una librería, de tapadillo,  un conocido suyo.

El fotógrafo del pánico no nos hurta en ningún momento la naturaleza desequilibrada de Mark. Es excepcional el plano subjetivo inicial (quizá luego Argento y Carpenter se fijarían en esto) visto a través de una cámara que nos lleva hasta el lugar donde se comete el primer asesinato. Lo diferencial respecto a otros thrillers, como también pasa en Psicosis, es que aquí ya sabemos quién es el asesino desde el principio. Más que eso, la película está vista a través de él y acabamos conociendo su intimidad. Mark se nos presenta como una persona tímida, comedida e incluso agradable.

El Fotógrafo del Pánico
Copyright StudioCanal UK

Una mala infancia

El terrible comportamiento de Mark proviene de la infancia. En concreto, su padre fue un tremebundo científico que no dudó en experimentar con él, poniéndolo en situaciones aterradoras (meter un reptil en su cama, p.ej) y grabando la reacción. Fue precisamente su padre quien le regaló la primera cámara. De hecho su casa aún está llena de infaustos recuerdos de aquella época turbulenta: las grabaciones de Mark, una serie de libros con las conclusiones científicas de su padre… En algunos aspectos recuerda al personaje de Jude Law en Camino a la perdición. Todo este trastorno no lo sabe nadie, hasta que un día…

Su vecina de abajo, Helen Stephens (Anna Massey) está enamorada de Mark y un día consigue un momento de intimidad con él, donde se entera de su desoladora infancia (pero no de su letal tendencia, claro). ¿Algo habrá cambiado en la psique de Mark? ¿Será capaz de sentir empatía por alguien? Uno de los motivos de intriga de El fotógrafo del pánico puede ser ése, pero hay algunos cuantos asuntos más.

El Fotógrafo del Pánico
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El espejo oscuro del cine

Mark trabaja en un estudio cinematográfico y gran parte de El fotógrafo del pánico transcurre allí, de manera que podemos hablar de cine dentro del cine o de «metacine». En varios aspectos. Por un lado Mark es, a su modo, un pequeño realizador. Recoge sus asesinatos en una cámara a la que monta un espejo para que la víctima vea su propia cara a la hora de ser asesinada. ¿No nos está hablando del morbo y el cine? Nosotros espectadores en realidad somos unos mirones que en ocasiones nos gusta deleitarnos con el sufrimiento de los personajes. Scorsese dice de esta película que representa lo que de agresivo tiene el cine, como si el objetivo fuese un arma.

En realidad en El fotógrafo del pánico se nos habla del antecedente de las snuff movies (quién sabe si Amenábar tomó algo de inspiración para Tesis (1995) de esta película) La película también habla en general del «mirón» (Peeping tom, el título original en inglés viene a significar eso). Mark también se queda embelesado cuando ve a una pareja en la intimidad, por ejemplo. De tal modo que El fotógrafo del pánico es un compendio de voyeurismo, de mirones, que a veces interpela al espectador. Mark mira a su víctima mientras la graba y nosotros, al otro lado de la pantalla, lo vemos a él.

Actoralmente Karlheinz Böhm  hace un desempeño muy interesante, graduando cuando es necesario, entre la parte más psicopática y la apariencia «normal» de chico apocado. Su contraste con la ingenuidad de Anna Massey, nos hace temer algún punto de inflexión donde se rompa el «equilibrio» entre ellos.

Peeping Tom
Copyright StudioCanal UK

A ritmo pausado

El fotógrafo del pánico, dadas las características del protagonista, puede ser visto como un antecedente de los slasher de los años 70. Sin embargo hay significativas diferencias. Para empezar los asesinatos se construyen a fuego lento (como un director cuando planifica) y se llevan a cabo con una tensa calma. No hay víctimas que salgan despavoridas delante de un perturbado con una sierra eléctrica, ni vertiginosos juegos del gato y el ratón. La violencia además es menos explícita, jugando con la sugestión y las elipsis en el momento oportuno.

Dadas las características propias de la película es interesante analizar la fotografía. La paleta de colores que se usa tiene algo de lúgubre, quizá por el tono apagado lejos de la efervescencia cromática que a partir de los primeros sesenta tendría lugar. Inquietante es, por ejemplo, el uso del rojo fuerte en la sala oscura  para revelar etc. Todo pasa por la creación de una atmósfera acorde con la idea de la película. Todo esto está dirigido sabiamente por Michael Powell, una institución en el cine británico. Junto con Emeric Pressburguer dirigió un buen puñado de clásicos como Narciso negro (1947) o Las Zapatillas rojas (1948). En El fotógrafo del pánico, Powell se las arregla muy bien él solo, consiguiendo un ambiente enrarecido y particular.

Peeping Tom
Copyright StudioCanal UK

Conclusión

El fotógrafo del pánico es un thriller de terror que basa su caudal de inquietud principalmente en el concepto y en la atmósfera. La idea de la morbosa unión entre imagen y muerte, además de las reflexiones metacinematográficas sobre el voyerismo y el miedo, nos perturba, pero al mismo tiempo (ahí está el quid de la película) nos atrae. El trabajo de Powell tras la cámara es talentosamente sobrio y conduce hasta un notable estado de tensa calma.

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