Creación Guiones

El hombre almohada es una obra dirigida por David Serrano, estrenada el pasado 21 de mayo en la Sala verde de los Teatros Del Canal. Es una adaptación del propio director basada en la tragedia del dramaturgo inglés, Martin McDonagh, uno de los mayores talentos del teatro contemporáneo. Esta obra, es intrigante y con toques de humor negro, protagonizada por la actriz Belén Cuesta, acompañada de Ricardo Gómez, Juan Codina y Manuela Paso. 



El hombre almohada

Crítica de 'El hombre almohada'

Ficha Técnica

Título: El hombre almohada
Título original: The Pillowman

Reparto:
Belén Cuesta (Katurian)
Ricardo Gómez (Michal)
Juan Codina (Ariel)
Manuela Paso (Tupolski)

Duración: 150 min. apróx.
Dirección: David Serrano
Adaptación y traducción: David Serrano
Autor: Martin McDonagh
Iluminación:
Juan Gómez Cornejo (A.A.I.)
Diseño de escenografía y máscaras:
Ricardo Sánchez Cuerda
Vestuario:
Yaiza Pinillos
Música y espacio sonoro:
Luis Miguel Cobo
Audiovisuales:
Emilio Valenzuela (A.A.I.)
Ayudante de dirección:
Nacho Redondo
Movimiento escénico:
Carla Diego Luque
Comunicación:
Ángel Galán
Diseño cartel:
Carmen García Huerta

Fotografías promoción y cartel: Javier Naval
Fotografías de función:
Elena C. Graiño
Realización de escenografía:
Mambo Decorados y Sfumato
Realización de máscaras:
Morboria
Realizador de utilería:
Ricardo Sánchez Cuerda
Realización de vestuario:
Sastrería Cornejo
Técnico de iluminación:
Daniel Alcaraz
Maquinista-sonidista:
Fernando Díaz
Gerente-regidora:
Ana Gardeta
Transporte:
Taicher
Producción ejecutiva:
Lola Graiño
Dirección de producción:
Ana Jelin
Distribución: Producciones Teatrales Contemporáneas.
Producción: Producciones Teatrales Contemporáneas, Teatros del Canal, Producciones Abu, Milonga Producciones, Vértigo Tours, Som Produce, Gosua, Teatro Picadero y Anexa.

Tráiler de 'El hombre almohada'

Sinopsis de 'El hombre almohada'

El hombre almohada nos muestra cómo Katurian, una escritora de relatos cortos en los que se describen malos tratos hacia menores, es arrestada por la policía de un estado totalitario. Su crimen no es la subversión política como sospechamos al principio. Sino que sus historias se parecen sospechosamente a una serie de crímenes que se han sucedido en los últimos tiempos. Aunque Katurian jura que es inocente, se entera de que su hermano Michael, que tiene un retraso mental, ha cometido los crímenes. En la obra se entremezcla la historia de Katurian con la recreación de algunos de sus relatos, destacando El escritor y el hermano del escritor, en la que se relata cómo el protagonista adquirió su retorcida imaginación escuchando los lamentos de su hermano cuando, siendo niño, era torturado por sus padres.

El problema al que se enfrenta Katurian es si debe sacrificar su propia vida y la de su hermano para garantizar la conservación de sus obras. (TEATROS DEL CANAL).



El hombre almohada
Foto de Elena C. Graino

Sobre 'El hombre almohada'

El hombre almohada es una obra que somete al espectador a la confusión desde el primer momento en el que se abre el telón. En el comienzo de la historia se puede palpar la duda desde los espectadores a la vez que la espera a que Katurian, la protagonista a quien interpreta nuestra queridísima Belén Cuesta, proporcione respuestas. Este nudo de preguntas sin solución y de información sin contexto en el inicio, se debe a que la obra comienza in media res, cosa que en la estructura dramática tradicional no suele suceder. El hombre almohada es una obra que evoca confusión en varias perspectivas: la diegética y la externa, impulsando al espectador a vivir las siguientes dos horas y media bajo la piel de Katurian, permitiendo que el resto de la historia sea sufrida y vivida como una propia.

Con esta técnica, al otro lado del escenario solo se esperan respuestas. Respuestas que, evidentemente, no se darán hasta pasada gran parte de la obra, cuando entendamos el vínculo entre los crímenes que tanto llenan la boca de los agentes y la profesión de la protagonista. 

Durante la entrevista, se van desarrollando las personalidades de Tupolski y Ariel, ambos policías lejos de la norma, pero cercanos a la dupla arquetípica del poli bueno y el poli malo. Estos arquetipos se distorsionan mediante la comedia. Los puntos fuertes de humor suceden en los clímax serios del interrogatorio, por lo que se puede hablar de la carcajada como un recurso infiltrado en la entrevista y que, combinada con las confesiones. Este juego de confesiones acerca la imagen del cuerpo policial a lo vulnerable y humano, demostrando que, a pesar de la falta de ética que demuestran tener, no son del todo los malos de la película, dibujando una escala de grises en el espectro de todos los personajes.

The pillowman
Foto de Marieta y Elena C. Graino

Conflictos morales traídos al escenario

A colación de dicho espectro de grises, cabe mencionar cómo a lo largo de El hombre almohada se demuestra que “ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos”,  jugando con los límites de la moralidad, desdibujando la frontera entre lo éticamente correcto y el crimen.

Comenzando por la protagonista: Katurian, una escritora de libros infantiles, que se desvive por su hermano; sin embargo, asesinó a sus padres, y escribe historias de niños asesinados y torturados hasta la muerte que impulsan a su hermano, Michal, a recrearlas; pero en ningún momento, o al menos no en uno prolongado, como espectador te planteas que sea la mala de la historia, sino la víctima.

Siguiendo con, Michal, interpretado por Ricardo Gomez, el hermano torturado de Katurian, es la viva encarnación de los conflictos psicológicos y los efectos que tienen sobre nuestros actos. Es un personaje víctima de abusos familiares. Con él se plantea el dilema sobre si las personas psicológicamente enfermas son inconscientes o culpables, ¿el asesinato de los niños, llevado a cabo por Michal, es culpa de sus padres por torturarle y crearle el trastorno que padece, o suya por llevarlo a cabo?

Los padres de Katurian, por otro lado, no aparecen per se, pero su figura genera conflictos morales en cuanto al modelo hegemónico de la familia tradicional. Dicho conflicto nace de la dualidad entre conseguir que su hija fuera una de las mejores escritoras de su generación enterrando en vida a su otro hijo. ¿Lo hicieron pensando en el bien de Katurian o solo en el mal de Michal? ¿Pensaron realmente en lo que hacían?

Por último, nos encontramos con dos policías que reconocen haberse saltado el protocolo oficial, pero que a su vez, luchan por el bien social; a pesar de que su motivación nazca de unos caramelos que no van a comerse.

The pillowman
Foto de Elena C. Graino

La comedia como mecanismo disruptivo

Entre lágrimas y traumas colectivos e individuales, se cuelan las carcajadas. El hombre almohada es capaz de hablar de la miseria más pura y dar cabida a las risas del patio de butacas. Con este recurso descargan la tensión, ya que hay fuertes puntos de comedia. Este recurso se manifiesta en su mayoría a través de la rotura con clichés dramatúrgicos ya asimilados por parte del público que más frecuenta las salas. Llegar a una comedia que se aprovecha de la inercia, y la rompe hará que los fanáticos de los telones rojos se cuestionen los clichés asimilados como hegemónicos.

Sobre las obras póstumas

La obra “rompe el melón” del modelo de valoración del arte, en especial de su revalorización post mortem. El hecho de que Katurian valore más a su obra que su propia vida, o que se aluda a la volatilidad de todo su trabajo como una vida que podría quedar reducida a cenizas con tan solo una cerilla, es el punto de partida para este debate. 

En El hombre almohada, los policías amenazan a Katurian repetidas veces con eliminar sus cuentos y ella les asegura hacer lo que sea para preservarlos. Dicha actitud de completa vulnerabilidad demuestra también lo poco que confiamos en nuestra memoria, ¿si se acuerda de todos los cuentos por qué no reescribirlos en lugar de sacrificar nuevas historias por unas que ya conoce?

El hombre almohada
Foto de Elena C. Graino

Conclusión

El hombre almohada es una obra que trata la sociopatía en mayor y menor grado como un elemento intrínseco a lo humano, sin lugar a la excepción, todos somos víctimas y verdugos. Por ello es que esta es una obra para reír, llorar, pensar y esperar; sobre todo “esperar” al final para dar la vuelta al significado de la palabra y entender que el verde siempre ha sido el símbolo de algo más.

A lo largo de sus 2 horas y media de duración, pone en evidencia la capacidad de influencia que tenemos en otros junto con la capacidad de las circunstancias para dar sentido y un juicio justo a los hechos; de cómo el desconocimiento nos condena a la frialdad y a la incomprensión y de este mundo como modelo de una escala de grises donde, por paradójico que parezca, te puedes reír estando a punto de morir o  donde siendo cómplice de un crimen donde matan como en una película de Haneke, logran enternecerte. 

Por ello, me gusta definir a esta obra como una oda a la humanidad, a la gente corriente y a lo políticamente incorrecto. El hombre almohada es la historia de una infancia destruida y sus consecuencias; un cuento de cuentos y una tragedia de tragedias. 

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