La cuarta temporada de Élite supone la primera entrega de la ficción de Carlos Montero y Darío Madrona sin todos los personajes originales. Como ya se anunció, tras finalizar la tercera tanda de episodios, que solo algunos de los rostros habituales repetirían en esta entrega. Después de la espera, los estudiantes de Las Encinas vuelven a la carga este 18 de junio de 2021, estrenándose la temporada íntegra en Netflix. De esta forma, se convierte en una de las ficciones españolas más longevas de la plataforma digital, superando a "Las chicas del cable". Ya se ha confirmado una quinta temporada.



Cuarta temporada de Élite

Crítica de la cuarta temporada de 'Élite'

Ficha Técnica

Título: Élite
Título original: Élite

Reparto:
Itzan Escamilla (Samuel)
Miguel Bernardeau (Guzmán)
Claudia Salas (Rebeka)
Carla Díaz (Ari)
Manu Díaz (Patrick)

Año: 2021
Duración: 50 min por capítulo apróx.
País: España
Creadores: Carlos Montero y Darío Madrona
Guion: Carlos Montero, Darío Madrona, Breixo Corral, Abril Zamora, Jaime Vaca, Carlos C. Tomé, Almudena Ocaña y Andrés Seara
Fotografía: Ricardo de Gracia y Daniel Sosa
Música: Lucas Vidal
Género: Thriller
Distribuidora: Netflix

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de la cuarta temporada de 'Élite'

Sinopsis de la cuarta temporada de 'Élite'

La cuarta temporada de Élite presenta a nuevos estudiante en Las Encinas, cuando la llegada del nuevo director y nuevos estudiantes revolucione el colegio. Un suceso traumático, provocará que, una vez más, los estudiantes de centro estén en el punto de mira.

Dónde se puede ver la serie



Cuarta temporada Élite
Foto de Netflix

Dosis de desenfreno

La cuarta temporada de Élite supone el regreso de una de las series españolas más consumidas de Netflix. Esta ficción televisiva ha sobrevivido a la marcha de varios de sus protagonistas principales, para dar rienda suelta a una nueva generación de adolescentes. Tras justificar la continuación de la serie con la repetición de algunos de los rostros habituales, como Guzmán o Samuel, se presentan los nuevos personajes que revolucionan el colegio de Las Encinas. Lógicamente, siguiendo la estela de temporadas anteriores, tampoco busca mayor complejidad que explorar nuevas tramas sin dar mayor justificación. Y, tal vez, este sea su punto fuerte, dado que esa propia idiosincrasia de las licencias creativas es lo que ha hecho que Élite sea un guilty pleasure que todavía causa furor en el público. Por lo cual, no se puede negar que sigue siendo fiel a su identidad.

Durante los primeros cuatro episodios, la ficción navega nuevamente en el misterio, en la búsqueda de un culpable. Es verdad que, esta vez, no causa tanto interés como pudiera en las anteriores temporadas. El problema es que es algo que ya se ha vivido previamente. Por ende, todavía en estos episodios falta mayor consistencia en aquellos que han recogido el testigo a otros míticos personajes. Aun así, hay quiénes podrían valorar que se mantengan esas dosis de desenfreno, sexo y locura que ya eran habituales en otras temporadas. Incluso, se ven pinceladas de frescura en los personajes nuevos, aunque todavía necesitan más solidez. Por lo tanto, el resultado será más que satisfactorio para aquellos que disfrutaron de una ‘high class’ pomposa, irreverente y con el único ánimo de ser escandalosa. Sin embargo, la chispa, aunque se mantiene, peligra en estirarse en exceso, al no ver un futuro lo suficientemente potente. 

Netflix
Foto de Netflix

El club se expande

Uno de los atractivos es ver a parte del elenco habitual adaptarse a los nuevos fichajes, presentados en esta cuarta temporada de Élite. En primer lugar, cada uno de los antiguos miembros, - Itzan Escamilla, Omar Ayuso, Miguel Bernardeau, Claudia Salas, Arón Piper, Georgina Amorós, en concreto – se encuentran totalmente cómodos en sus papeles. No es de extrañar, dado que llevan conviviendo con ellos varios años, lo que les ha permitido consolidarse dentro de este universo de la degradación de la alta cuna. Mención especial a Escamilla, quién ha mejorado en energía, al igual que Salas, la cual vuelve a ser una total revelación. Asimismo, destacar el trabajo de Amorós, ya que ha sabido evolucionar y dar unas pinceladas a su ya famosa Cayetana. Únicamente, Ayuso y Piper no logran la misma química que en entregas anteriores, pero se debe al planteamiento de sus personajes.

Por otro lado, los nuevos rostros pisan fuerte ante la cámara. Para comenzar, Carla Díaz, Martina Cariddi y Manu Díaz dan vida a los apodados ‘Benjamínes’. Por su lado, Carla Díaz realiza una labor interpretativa que llama la atención, tiene una personalidad especial. Después, Cariddi y Díaz apuestan por una actuación marcada por la rebeldía, en consonancia con el universo que se plantea. No sucede lo mismo con el debut de Pol Granch, que a pesar de verse su esfuerzo en pantalla, se siente demasiado encorsetado y no termina de fluir delante de la pantalla. Para terminar, comentar el notable trabajo de Diego Martín, que todavía tiene que despegar, así como la colaboración de Andrés Velencoso. El también modelo no acaba por dar verosimilitud a su personaje, pero encaja a la perfección con el enfoque que se le da en la serie.

Netflix
Foto de Netflix

Lujo y pasión

Uno de los puntos más fuertes de la cuarta temporada de Élite es haber sabido mantener el trabajo impoluto de la imagen en esta entrega. A pesar de las condiciones de trabajar en pandemia, han plasmado unos exteriores que siguen impresionando al espectador. Es cierto que se han apostado por unos escenarios más fijos, e interiores, pero ello no quita el excelente trabajo técnico que hay detrás de cámaras. No obstante, hay algún plano que otro que solo está por lucir las capacidades del equipo, pero siguen una línea de preciosismo que eleva el resultado final de la serie. Pese a ello, el conglomerado es satisfactorio, ya que han mantenido el sello de identidad de la ficción, pero cuidando algunos detalles más. Como apunte, se podrían aprovechar más la influencia del espacio en lo que sucede narrativamente.

El ritmo de la serie es más irregular que en las otras tres temporadas, algo que pasa factura a estos cuatro episodios. Una de las razones es la necesidad de introducir a los nuevos personajes, pero al mismo tiempo sembrar la tensión ya desde el principio. Por lo cual, ese equilibrio que necesita no se halla, por lo que la balanza se inclina en mostrar más interés en las tramas previas al suceso principal. Por otro lado, la edición de sonido, y la dicción de los actores, ha mejorado notablemente, valorándose el acabado de la composición musical y sonora. Asimismo, la banda sonora sigue un ritmo urbano y actual, que se fusiona perfectamente con la corriente artística que se busca para esta ficción. Todavía quedan por verse los últimos cuatro episodios, donde podría dar un vuelco el resultado global de la serie.

Cuarta temporada de Élite
Foto de Netflix

Conclusión

La cuarta temporada de Élite sigue la estela de las otras tres entregas, manteniendo ese sello de identidad de irreverencia, sexo y descontrol. Lógicamente, se pierde algo de fluidez, al tener que buscar nuevas tramas e introducir nuevos personajes. Aun así, para los seguidores de la serie, seguirá siendo un guilty pleasure que se disfruta si no se busca mayor fin que entretenerse. El elenco habitual se mezcla sin problemas con los nuevos rostros, que entienden dónde se encuentran. A nivel técnico, obtienen una imagen impoluta, que dibuja perfectamente la pomposidad del panorama, mejorando en su edición de sonido. La vuelta a Las Encinas da rienda suelta a una orgía de melodramas, que encuentra su lugar al comprender el universo en el que se mueve. 

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