La tercera temporada de Élite se estrenó el pasado 13 de marzo de 2020. La ficción ha sido creada por Carlos Montero, al que debemos el éxito de otra insignia del género juvenil, “Física o química”, y Darío Madrona. La serie cuenta con un total de 8 episodios, al igual que las anteriores entregas. El reparto cuenta con actores reconocidos por el público como Miguel Bernardeau, Itzan Escamilla, Álvaro Rico, Mina El Hammani, Arón Piper, Danna Paola y Ester Expósito, entre otros. En esta tercera parte se han introducido dos nuevos actores: Sergio Momo y Leïti Sène. El éxito que cosecha ha llevado que Netflix haya renovado la serie por una cuarta y quinta temporada, aunque se desconoce todavía la trama que se va a desarrollar y las fechas de estreno.



tercera temporada de Élite

Crítica de la tercera temporada de ‘Élite’

Ficha Técnica

Título: Élite
Título original: Élite

Reparto:
Itzan Escamilla (Samuel)
Miguel Bernardeau (Guzmán)
Álvaro Rico (Polo)
Ester Expósito (Carla)
Danna Paola (Lucrecia)

Año: 2020
Duración: 50 min por capítulo apróx.
País: España
Creadores: Carlos Montero y Darío Madrona
Guion: Carlos Montero, Darío Madrona, Breixo Corral, Abril Zamora, Jaime Vaca, Carlos C. Tomé, Almudena Ocaña y Andrés Seara
Fotografía: Ricardo de Gracia y Daniel Sosa
Música: Lucas Vidal
Género: Thriller
Distribuidora: Netflix

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de la tercera temporada de ‘Élite’

Sinopsis de la tercera temporada de ‘Élite’

La tercera temporada de Élite empieza con la sorprendente revelación y la tensión entre los estudiantes a la luz del culpable expuesto detrás del asesinato de Marina, solo queda una pregunta. ¿Habrá otra tragedia entrante en Las Encinas? (NETFLIX).

Donde se puede ver la serie



tercera temporada de Élite
Foto de Netflix

La familia unida

El colegio de Las Encinas vuelve a abrir sus puertas para averiguar quién se encuentra detrás de un nuevo misterio. La tercera temporada de Élite se convierte en la pieza final de este rompecabezas que comenzó en su primera entrega con el asesinato de Marina. Por un lado, los guionistas han sabido reencaminar la trama principal para terminar de desarrollar la evolución argumental, además de añadir nuevos matices que dan más riqueza al trasfondo de los personajes. Sin embargo, el conflicto que arrastra a la ficción televisiva es la falta de verosimilitud en varios de los giros narrativos que se proponen y terminan por chirriar al espectador. Aun así, mantiene la esencia original de la serie, lo que conlleva a que equilibra esa parte de misterio agradable al exceso de histrionismo en pantalla.

Otro de los grandes inconvenientes que se presenta en esta temporada es la introducción de nuevos personajes sin una justificación adecuada. Durante todos los capítulos reafirman una participación más bien circunstancial, innecesaria. Por lo tanto, no termina de convencer y la audiencia no consigue empatizar con ellos. Por suerte, el resto de personajes siguen formando esa comunidad exclusiva, una especie de gran familia disfuncional. Asimismo, hay que destacar que saben mezclar la tragedia con la comedia más ácida y hay momentos reivindicativos interesantes, pero no pierde esa falta de riesgo, quedándose en un plano más superficial. Sin embargo, aunque el clímax de la tercera temporada pueda parecer previsible para el público, la realidad es que sabe emocionar a sus seguidores y ofrece un final con sabor a cierre de una etapa. Parece que nada volverá a ser lo mismo en Las Encinas.

Foto de Netflix

Los colegas de instituto

El reparto coral de la tercera temporada de Élite trae nuevamente a las caras insignias de la serie de Netflix. Para comenzar, el espectador vuelve a encontrarse con Itzan Escamilla como Samuel. El actor reitera en esa falta de potencia en su papel, por lo que termina por ser opacado por el resto de compañeros. Por alguna razón, no consigue transmitir el carisma necesario para ser uno de los pilares fundamentales de la serie. Por suerte, no ocurre lo mismo con Ester Expósito, la actriz lleva su evolución interpretativa en esta temporada a su máximo esplendor. Además, sabe sacar provecho al trasfondo que lo envuelve y no se queda en un plano exterior, como en las otras temporadas. Sin embargo, no le ocurre lo mismo a Miguel Bernardeau que sigue jugando en la comodidad y no se esfuerza por ir más allá.

Por otro lado, Claudia Salas y Danna Paola están espléndidas, tienen un talento muy natural ante la pantalla y controlan la cámara a la perfección. Inclusive, consiguen emocionar al espectador sin el uso reiterado del diálogo y lo transportan hacia sus tramas para establecer una conexión con él. Dos de las mejores interpretaciones. Después, Álvaro Rico y Georgina Amorós aunque dan unas actuaciones bastante notables, se pierden, en ocasiones, en una falta de transparencia escénica, les falta pasión, pero, aun así, lo resuelven. Luego, sería conveniente subrayar el trabajo de Arón Piper y Jorge López, ambos ofrecen una metamorfosis escénica, que en el caso del segundo se desarrolla de forma más líquida, pero, finalmente, los dos obtienen una luz que atrae al público. Por lo general, el elenco coral cumple su función, pero, al igual que la serie, tiene subidas y bajadas.

Foto de Netflix

Adiós al ‘teenage dream’

La estética de la tercera temporada de Élite es un ejemplo de cómo ha ido evolucionando el concepto durante estas tres entregas. Mientras que en la primera la acción se focalizó en una identidad más cercana al formato adolescente, en la segunda se partió hacia una mayor madurez, encumbrándose ya en su tercera temporada en más una comunidad de jóvenes ricos que de adolescentes. No obstante, el problema que emerge es que le quita realismo a lo que se está viendo. La dirección artística da unos espacios demasiado estereotipados y no terminan de convencer a la audiencia. En cambio la dirección fotográfica tiene una marca muy cuidada, con unos planos realmente estructurados y una composición atractiva, por lo que es una pena que el engranaje artístico no termine de encajar todas sus piezas.

El vestuario y el maquillaje, al igual que la dirección artística, siguen jugando en una liga que aleja el concepto de adolescencia y los expone en un Olimpo que puede terminar cansando al espectador. Aun así, por suerte, cuenta con un montaje bien llevado, que sabe donde dejar los límites de ostentación y poner el anzuelo del misterio para que el público no se aburra. Por lo tanto, hay una coordinación muy bien organizada y prueba de ello, es que hasta los últimos capítulos mantiene un buen ritmo, que no decae. No obstante, hay algunos episodios que podrían haberse resumido, habiendo alguna que otra trama que recortar, pero esto erradica más en el guion que en el despliegue técnico. Por último, la banda sonora hace que la audiencia caiga a sus pies, con una selección, tal vez, no tan magistral como en la primera, pero con personalidad.

tercera temporada de Élite
Foto de Netflix

Conclusión

La tercera temporada de Élite cierra el universo que nació con la muerte de Marina en la primera entrega. Con un guion lleno de incógnitas que se van cerrando, de mejor o peor manera, que deja satisfecho al espectador. Sin embargo, lejos de dejar una puerta abierta a futuras temporadas, huele a final de una etapa. A nivel interpretativo, hay que destacar la evolución de Ester Expósito y el gran trabajo de Claudia Salas y Danna Paola.

Por otra parte, el despliegue técnico tiene esa contradicción de superficialidad con momentos visuales realmente trabajados, por lo que la balanza no termina de culminar hacia la brillantez que pudiera. Por suerte, la selección musical tiene personalidad, aunque no esté al nivel de anteriores temporadas. Esta parte se puede resumir en una frase: “La familia que miente unida, permanece unida” y los secretos son algo que nunca va a faltar en Las Encinas.

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