Alberto Iglesias dirige y escribe El hombre y el lienzo, obra teatral que busca comprobar como el artista desarrolla su arte y despejar la incógnita que hay en sí mismo. Esta producción es de Kendosan Producciones, fundada por Inma Cuevas, conocida por el gran público por títulos como «Vis a vis» o «Mientras dure la guerra«; y Jesús Sala, detrás de producciones como «Constelaciones», de Nick Payne o «La estupidez», de Rafael Spregelburd. La obra está protagonizada por Javier Ruiz de Alegría, al que se le ha podido ver en otros proyectos como «La historia del zoo» de José Carlos Plaza.

El hombre y el lienzo está disponible hasta el 2 de febrero de 2020 en la Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez.



El hombre y el lienzo

 

Crítica de ‘El hombre y el lienzo’

Ficha Técnica

Título: El hombre y el lienzo
Título original: El hombre y el lienzo

Reparto:
Javier Ruiz de Alegría

Ramón Barea (Voz en off)

Duración: 70 min. apróx.
Dirección: Alberto Iglesias
Dramaturgia: Alberto Iglesias
Plástica escénica: Javier Ruiz de Alegría (AAPEE)
Vestuario: Silvia Mir
Diseño de sonido: Quique Mingo
Fotografía: David Ruiz
Producción ejecutiva: Jesús Sala e Inma Cuevas
Diseño de producción: Jesús Sala
Ayudante de dirección: Jacinto Bobo
Género: Drama
Producción: Kendosan Producciones

Tráiler de ‘El hombre y el lienzo’

Sinopsis de ‘El hombre y el lienzo’

El hombre y el lienzo nos sumerge en el proceso creativo de un artista que arrastra consigo una ausencia poderosa, una pérdida que le ha dejado una herencia llena de incógnitas.

Este hombre –podría haber sido una mujer- vive, desarrolla su arte, siendo una incógnita para sí mismo. Se busca a través de los trazos, de los colores, de las formas que imprime en el lienzo y, mientras indaga, a medida que el lienzo toma forma, comparte con nosotros, espectadores, sus ideas sobre el arte y los descubrimientos sobre su propia vida, haciendo que nos preguntemos si arte y vida no son, en ocasiones, células del mismo embrión creativo. (KENDOSAN PRODUCCIONES).



El hombre y el lienzo
Foto de Kendosan Producciones

Pintar desde dentro

Alberto Iglesias regala al espectador el retrato personal y literal de un pintor al que llega una vorágine de experiencias, de emoción y pensamientos. El dramaturgo realiza un guion en El hombre y el lienzo que se aleja de un teatro más convencional, para sumergir sus palabras en una oda introspectiva sobre la manera de vivir la creación desde las entrañas del artista hasta su bagaje personal, que, por supuesto, influye totalmente en su obra artística. A través de diferentes situaciones invita al público a meterse de lleno en este viaje en el que se entremezcla la realidad más tangible hasta aquella en la que son pesquisas filosóficas del funcionamiento de sí mismo y del mundo que le rodea. Además, hay crítica social hacia la manera en la que se ve el arte.

Iglesias también analiza lo infravalorado que se encuentra el universo artístico en su sentido más amplio con un reproche sutil y filosófico sobre la concepción colectiva de los actores, de los músicos, de los pintores… Ahonda en la percepción excéntrica que se tiene de los artesanos de este menester. Asimismo, no se convierte en una pieza teatral que no busque personalizar sus palabras, dado que fabrica una personalidad con varias aristas de su protagonista. Se mete dentro de él a través de sus deseos, del trauma, de su búsqueda de la perfección, de la pasión y, sin duda, de su conciencia. Tiene un uso del lenguaje musical, que mezcla con las pinceladas de uno más coloquial, para evitar caer en lo pomposo. Le otorga un resultado poético con una verosimilitud completa. Un «autorretrato» narrativo que brilla por la complejidad que hay en él.

El hombre y el lienzo
Foto de Kendosan Producciones

Solo ante las circunstancias

El difícil reto de dar vida en el escenario al texto reflexivo e interior de Alberto Iglesias ha recaído en Javier Ruiz de Alegría. El alma de El hombre y el lienzo se forma dentro de este intérprete, que capta en todo momento la esencia de su personaje. La combinación de sensaciones se perciben en su expresividad y eleva las palabras del guion. Un manejo excelente de la voz y del espacio. Sabe controlar el escenario y se puede sentir la maraña de emociones que van surgiendo a lo largo de la obra teatral. Igualmente, no se pierde en los cambios de registro y de energía. Es pasional en los momentos que debe enseñar el ahínco y el frenesí del protagonista, mientras que es comedido y tranquilo en otras partes del relato.

Asimismo, tiene el desafío de mantener la atención del público sobre lo que ocurre en escena sin poder apoyarse en ningún actor más. Por lo que, Ruiz de Alegría humaniza el monólogo dándole una dinámica personal y permitiendo al espectador entrar totalmente en la sucesión de juicios que traen a colación las tesis que se van exponiendo. Tiene garra, fuerza escénica y un uso de la mirada en la que trae la firmeza que necesita este personaje. Controla los tiempos y, pese a la dificultad del texto, en algunas ocasiones, hay una modulación y vocalización sublimes. No experimenta una obstaculización en ninguna formulación de la palabra. Por último, es un gozo poder ver cómo va cobrando vida su propia obra, con un uso de la técnica pictórica apoyándose en el trasfondo narrativo que se expone durante el proceso de creación.

Kendosan Producciones
Foto de Kendosan Producciones

Íntimo

La mejor manera de trasladar a los espectadores al interior de El hombre y el lienzo es a través de una puesta en escena sin adornos y lo consiguen. Crean una propuesta que, a primera vista, puede resultar sencilla al ser solo un estudio de pintura. Desde que los asistentes van entrando por la sala, ven como el intérprete se encuentra ya dentro de este espacio. La espera se convierte en la antecámara de lo que va a suceder en él y en una invitación a este mundo interior. El escenario se compone de diversos elementos que van apareciendo y lo hacen de una forma orgánica. Una composición de escena espectacular, en la que han sabido evocar a diferentes lugares y tiempos de una forma íntima y lograda. Una elegancia que se conjuga con la singularidad de la propia personalidad del pintor.

La iluminación juega un papel fundamental, en el que se convierte en un componente creativo imprescindible. La técnica de la diferentes selección de escena lleva al público a conectar con lo que se está viendo sobre el escenario, además de aportar dramatismo sobre el actor y el momento vital que se está narrando. También hay que añadir que la banda sonora es brillante, que combinada con el repertorio de iluminación, forman un combo espectacular que obtiene el beneplácito del espectador e impacta directamente en él. El uso de la voz en off no es desmedido, además de no quitar el foco sobre lo ocurre dentro del escenario. Gracias a este conjunto de elementos, confluyen en un montaje dinámico, en el que se está en continuo movimiento y no se estanca. Una oda compleja del pintor, su obra y sus circunstancias.

Kendosan Producciones
Foto de Kendosan Producciones

Conclusión

El hombre y el lienzo es una obra introspectiva que invita al espectador a entrar dentro de un universo en el que se muestra una serie de reflexiones sobre la pasión, el arte, la belleza hasta el vivir. Un texto complejo que no cae en la suntuosidad y da pinceladas coloquiales para evitar la magnificencia. Un libreto con una emoción en él mismo, que engloba un análisis personal del artista en sus diferentes facetas.

Javier Ruiz de Alegría está excelente. Compone a su personaje desde lo más recóndito de su alma hasta su mirada más pública. Una técnica brillante que se puede observar en su manejo de la voz, del escenario y esa gran expresividad con la que embauca al público. Un montaje dinámico, en continuo movimiento, que saca partido a todos los elementos de la puesta en escena. Destacar la gran combinación de iluminación y música, que da un resultado redondo. Un «autorretrato» escénico que triunfa por la riqueza sensible que hay en él.

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