El maniquí (Vaxdockan, 1962) es una película sueca dirigida por el cineasta Arne Mattsson, que nos presenta una trama perturbadora y extraña, sobre un vigilante nocturno que se obsesiona con un maniquí, pero que finalmente no cumple las expectativas.



‘El maniquí’

El maniquí

Ficha Técnica de El maniquí

Título: El maniquí
Título original: Vaxdockan

Reparto:
Per Orcarsson (Lundgren)
Gio Petré (Skyltdockan)
Tor Isedal (Fredriksson)
Elsa Prawitz (Sr. Karlberg)
Bengt Eklund (Håkansson)

Año: 1962
Duración: 91 min
País: Suecia
Director: Arne Mattsson
Guion: Lars Forssell & Eva Seeberg
Fotografía: Ake Dahlqvist
Música: Ulrik Neumann
Género: Drama
Productora: Florafilm

Filmaffinity

IMDb

Extracto de El maniquí

Sinopsis

Un solitario vigilante de noche en unos grandes almacenes se obsesiona con un maniquí. No tarda en robarlo y llevárselo a casa, donde puede estar con ella todo el tiempo. Un día, ella cobra vida… (FILMAFFINITY).


El maniquí

El hombre que jugaba con muñecas

Después de un prólogo con voz en off donde nuestro protagonista se presenta, arranca la película. El personaje principal de la película es un vigilante nocturno, interpretado por Per Oscarsson (de hecho él se lleva casi todo el metraje de la película con su interpretación), que se siente totalmente solo en el mundo. Como es sueco, en vez de socializarse con la gente que tiene alrededor, decide coger un maniquí del lugar donde trabaja y fantasear con que este es su esposa. La trama seguirá esta línea, jugando entre la fantasía (¿Estará realmente viva la muñeca?) y el suspense (¿Será todo una fantasía producida por la mente enferma del protagonista?). Los vecinos se acabarán inmiscuyendo, y empezarán a dudar de la salud mental de nuestro protagonista…

El maniquí

Un Asylum de Ingmar Bergman

Hagamos un ejercicio un tanto pueril. Pensemos cuáles son los tópicos sobre una película de una país como Suecia. ¿Qué tenemos? Lenta, tediosa, introspectiva, deprimente…Pues todo eso es El Maniquí. Pero claro, eso per ser no sería malo (cuantas películas de Bergman pueden definirse con los adjetivos anteriormente citados)…si no fuera porque parece que la película es una obra de autor pero hecha por encargo. No hay ni un atisbo de genialidad en lo que a priori podría ser una premisa tan sugerente. Parece más bien una parodia de las películas de autor de la cinematografía sueca, puro esperpento.

Fallos y más fallos

Empecemos con los dos aspectos más desastrosos. Por una parte tenemos los diálogos. Son seguramente lo más artificioso que un guionista pueda escribir. Si por ejemplo un personaje se encuentra mal, él mismo nos lo dirá a la cara, sin masticar, «Estoy mal». Pues esto se repite toda la película. Ya nos habíamos enterado desde el primer minuto en que el protagonista da su discurso, de que está solo en el mundo, no era necesario repetirlo a cada segundo. Y esto no solo sucede con el protagonista, sino con todos y cada uno de los personajes, incluida el de la chica maniquí. Lo mínimo que hace el espectador ante una literatura tan pobre es reírse, si no caer por el estupor de lo que está contemplando.

El maniquí

Y luego tenemos una factura técnica pobrísima. Todo lo relacionado con puesta en escena, fotografía, diseño, es de película de serie Z, para la década de los sesenta. La fotografía en ocasiones ni siquiera ayuda a la narración de la propia película, estorbando más que ayudando a la fluidez de esta. No hay nada digno de mención en ella, por más que puerilmente haga un vano intento de asociar la oscuridad del piso y de la casa con el estado mental del personaje. ¿Y qué decir de la puesta en escena? La monotonía y la falta de creatividad son sinónimos de esta cinta.

Lo único destacable, momentos de la atmósfera

Seguramente lo único que merece ser destacado de El maniquí son algunos momentos muy puntuales, que ayudan a crear una atmósfera de auténtica enfermedad mental. Pero más que los diálogos entre el chico y el maniquí, son las intromisiones de los vecinos en la vida de nuestro protagonista donde podemos ver un mensaje claro de un país que se encuentra sumido en un estado de desconfianza y de frialdad máxima.

El maniquí

El actor Per Oscarsson hace también una notable interpretación, pero El maniquí no se puede sustentar plenamente en el actor, porque está prácticamente solo en esta obra.

¿Y esto de qué demonios va?

La sensación final que se le queda a uno es que Arne Matsson pretendía hacer una película mucho más profunda de lo que finalmente se obtuvo. Por mucha palabrería que utiliza El maniquí, no hay una visión personal detrás de ella, e incluso cuando se pretende dar un mensaje, se hace de manera precipitada, como es el final de la película donde uno de los vecinos (la propietaria) da un discurso masticado dirigido totalmente a cámara.

Conclusión

El maniquí no es una buena película. Y esto demuestra que una película solo por pertenecer a lo que clasificamos como cine de autor no la convierte automáticamente en una buena obra. Sí aun así el espectador quiere decidirse por sí mismo y ver esta supuesta rareza (que en realidad no lo es tanto, pues ya el cine de género había tocado temas parecidos treinta años antes), adelante.

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