El practicante es un thriller psicológico español, con elementos de terror, dirigido por Carles Torras (Callback, Open 24h). El propio director escribe el guion junto a Hèctor Hernández Vicens (El cadáver de Anna Fritz) y David Desola (El hoyo). Un hombre sufre un accidente de tráfico que le deja parapléjico y, desde entonces, vivirá obsesionado por los celos.

Está protagonizada por Mario Casas (Bajo la piel de lobo, Contratiempo), Déborah François (Tierra de violencia, Populaire), Maria Rodríguez Soto (Los días que vendrán, Libertad), Celso Bugallo, Raúl Jiménez, Pol Monen, Guillermo Pfening y Gerard Oms. La película no ha pasado por cines y se distribuye directamente a través de Netflix, desde el día 16 de septiembre de 2020.



El practicante

Crítica de ‘El practicante’

Ficha Técnica

Título: El practicante
Título original: El practicante

Reparto:
Mario Casas (Ángel)
Déborah François (Vane)
Celso Bugallo (Vicente)
Raúl Jiménez (Fermín)
Pol Monen (Andrés)
Guillermo Pfening (Ricardo)
Maria Rodríguez Soto (Sandra)
Gerard Oms (Agente)

Año: 2020
Duración: 94 min.
País: España
Director: Carles Torras
Guion: David Desola, Hèctor Hernández Vicens, Carles Torras
Fotografía: Juan Sebastián Vasquez
Música: —-
Género: Thriller psicológico
Distribuidor: Netflix

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Tráiler de El practicante

Sinopsis

Ángel (Mario Casas) trabaja como técnico en emergencias sanitarias a bordo de una ambulancia. Tras sufrir un grave accidente, su vida junto a Vane (Déborah François) empieza a desmoronarse. Obsesionado con la idea de que ella le es infiel, convertirá su vida en un infierno del que será difícil escapar.



Un tríptico sobre mentes enfermas

El director catalán Carles Torras, se está especializando en diseccionar a personajes perturbados que parecen querer simbolizar la alienación a la que está sometida la sociedad actual. Sus tres últimas películas, Open 24h (2011), Callback (2016) y El practicante (2020), forman un curioso tríptico, tan coherente en lo estético como en lo temático. Son acercamientos al thriller psicológico, tomando como referencia a un protagonista masculino cuya mente se resquebraja.

Ahí tenemos al vigilante nocturno de Open 24h, al que la soledad y la marginalidad de una vida insatisfactoria le creaba sus propios monstruos. O el aspirante a actor de Callback, un inadaptado en un país extraño, incapaz de soportar el rechazo constante que sufre en su vida. En El practicante tenemos a un joven posesivo y narcisista al que un accidente de tráfico le postrará en una silla de ruedas. Eso desencadenará en una sensación de inferioridad que mermará su masculinidad, ya herida de antemano por culpa de unos espermatozoides vagos. Todo eso llevará la obsesión que siente por su novia hasta extremos insospechados, con un creciente Síndrome de Otelo donde los celos serán la excusa perfecta para infligir a la chica un maltrato físico y psicológico.

El actor gallego, Mario Casas, encarna a este desagradable personaje y se deja la piel en ello. Su intensa interpretación, estoy seguro que va a sorprender a más de uno. El practicante nos propone un perturbador viaje hacia la oscuridad, un descenso a los infiernos de lo insano inherente a lo humano.

El practicante
Fotos de Netflix

Del suspense al terror

El practicante es un filme de género puro. Empieza con un terrible accidente automovilístico donde la cámara gira 180 grados para colocar a los accidentados del revés. Es una manera de introducirnos a lo que pasará después con el personaje de Ángel (un nombre irónico), cuando un accidente trastocará su vida y le dará la vuelta por completo, sacando a relucir lo peor que lleva dentro.

Carles Torras vuelve a mostrarse como un director de atmósferas. Sus películas suelen ser ser asfixiantes y desasosegantes. Se cuecen a fuego lento. Durante los primeros minutos, veremos al protagonista en su trabajo de técnico de emergencias sanitarias en una ambulancia. Nos vendrá a la mente el desquiciado Nicolas Cage de Al límite (Bringing out the dead) de Martin Scorsese. Probablemente, la manera de afrontar la psicología de los personajes que tiene el director catalán, esté en deuda con el trabajo que hace Paul Schrader en ese aspecto en sus guiones.

El practicante se irá enturbiando cada vez más. Con un ritmo pausado, pero tenso, el suspense hitchcockiano inicial, acabará adentrándose sin miramientos en terrenos pantanosos relacionados con la obsesión, la posesión y la masculinidad tóxica, pero utilizando los códigos del cine de terror. Hay una puesta en escena cruda y concisa que no deja espacio para la relajación. La fotografía de Juan Sebastián Vasquez es clave para generar ese ambiente opresivo, especialmente en las escenas del interior de la casa. Una cárcel en sí misma. El desenlace de la película podría haber caído en la exageración,  las últimas escenas caminan peligrosamente por el fino alambre de la credibilidad, pero el tono perverso del giro final acaba cerrando de forma adecuada el círculo.

El practicante
Fotos de Netflix

Conclusión de ‘El practicante’  

El practicante es un thriller psicológico dirigido por Carles Torras. El guion escrito por él mismo junto a David Desola y Hèctor Hernández Vicens, nos adentra en la mente perturbada de un sociópata, al que un accidente sacará a relucir su verdadera personalidad. Ofrece una interpretación sorprendente de Mario Casas, sin duda, una de las mejores de su carrera.

Asistiremos en la película a un curioso duelo musical que enfrenta a la canción L’Hymne à l’amour de Édith Piaf contra Un sorbito de champán de Los Brincos. Os aseguro que escuchar ésta última nunca resultó una experiencia tan perturbadora.

Utilizando los códigos internos del cine de género y manteniéndose fiel al universo creativo del director, la película es una experiencia incómoda y asfixiante que no elude el tono de entretenimiento que conlleva este tipo de cine. En una capa más profunda, encontraremos la exposición de carácter reflexivo sobre la existencia de una masculinidad mal entendida que queda oculta bajo el disfraz de la interacción social. El estilo sombrío y malrollero que tiene la película, irá en aumento a medida que avanza la trama, hasta desembocar en un desenlace que juega con los excesos y la ironía. 

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