El cine peruano se revolucionó en el género de terror gracias, entre otros, a Dorian Fernández-Moris. De esta manera, el realizador marcó una nueva etapa para el cine de miedo, consolidándose como uno de los directores más reconocidos y principal propulsor de la nueva ola del cine de terror peruano. Tras el éxito de “Cementerio general”, en 2013, estrenó al año siguiente El secreto del mal (Secreto Matusita), basada en las leyendas urbanas en torno a uno de los inmuebles más conocidos de Lima, en Perú. Aunque no llegó a los cines españoles, se encuentra disponible en las plataformas de Filmin y Amazon Prime Video. Su estreno original en Perú fue el 18 de septiembre de 2014.



El secreto del mal

Crítica de ‘El secreto del mal (Secreto Matusita)’

Ficha Técnica

Título: El secreto del mal
Título original: Secreto Matusita

Reparto:
Bruno Espejo (Fabián Vasteri)
Lupita Mora (Jimena)
Eduardo Ramos (Luis)
Willy Gutiérrez (Vidente)
Miguel Baldeón (Vigilante)

Año: 2014
Duración: 80 min
País: Perú
Dirección: Dorian Fernández-Moris
Guion: Dorian Fernández-Moris
Fotografía: Gabriel Di Martino
Género: Terror
Distribución: Filmin

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘El secreto del mal (Secreto Matusita)’

Sinopsis de ‘El secreto del mal (Secreto Matusita)’

El secreto del mal (Secreto Matusita) nos muestra la investigación sobre la misteriosa desaparición de un joven en la casa Matusita, que irá revelando los secretos de la casa encantada más popular de la ciudad de Lima. (FILMIN).

Dónde se puede ver la película



Dorian Fernández-Moris
Foto de Filmin

Leyendas urbanas

Uno de los directores con mejor trayectoria en el cine peruano, en concreto, en el género de terror, es Dorian Fernández-Moris. Con El secreto del mal (Secreto Matusita) realizó su segundo film, aunque no obtuvo el mismo resultado que su ópera prima. Para comenzar, el guion parte de una premisa llena de potencialidad y con una historia que llama muchísimo la atención. Inspirada en las leyendas urbanas en torno a un enclave real de la capital peruana, Lima, la historia sigue una estructura de metraje encontrado. Pese a las influencias de “El proyecto de la bruja de Blair” o “Encuentros paranormales”, durante su primera mitad hay varios puntos con personalidad y una buena estructura de suspense. Por lo cual, según avanza la acción en torno al misterio de la casa, genera mayor interés por parte del espectador, que queda totalmente intrigado por el enclave de relatos que se van formulando.

Por desgracia, según va introduciéndose en el universo del terror, va perdiendo absolutamente toda coherencia narrativa y va dejándose llevar por una vorágine de situaciones que realmente no aportan a la trama. De esta forma, la cotidianidad y el realismo que pudiera acompañarle durante la primera mitad del largometraje, se pierden en un absoluto caos en esta segunda parte. Se puede decir, inclusive, que hay momentos que no se sostienen. Por dicha razón, algunas secuencias terminan por provocar, de forma accidental, las risas en el espectador. El problema se produce cuando se ve que hay una intención de querer lanzar varias líneas de acción, pero no confluyen entre ellas y acaban sepultando al film en un laberinto sin salida. Se une también la falta progresiva de identidad propia, se pueden hacer referencias y homenajes, pero no caer en la gama de tópicos que se presentan en la cinta.

Secreto Matusita

 

Lo que bien comienza…

Al igual que en otras películas de la misma índole, para El secreto del mal (Secreto Matusita) se cuenta con un reparto principal de apenas cuatro personas. Por suerte, no se puede negar que los intérpretes escogidos realizan un trabajo actoral notable y permiten levantar varias partes que hacen aguas desde el guion. En primer lugar, se agradece una interpretación con firmeza y fuerza como la de Lupita Mora. La actriz es la principal maestra de ceremonias, pero sabe manejar perfectamente el espacio y la interacción con sus compañeros. Gracias a ello, no se pierde en un egoísmo interpretativo, sino que fluye con más naturalidad. Únicamente en algunas escenas se excede en ese carácter cortante y cae en cierta superficial artística, lo que hace que pueda notarse algo forzada. No obstante, tiene un carisma que le permite equilibrar esos puntos menos pulidos en su trabajo interpretativo.

Después, Bruno Espejo es el otro gran protagonista de la cinta. Desde el principio emana de él una facilidad de entrar dentro de la historia. Por lo cual, tiene una conexión especial con la cámara, que consigue llegar a los espectadores. También se agradece que en ningún momento se exceda en los niveles de energía, sino que se produce todo de una forma muy orgánica. En consecuencia, se convierte en una de las mejores interpretaciones, y, tal vez, la más creíble. Al contrario que Eduardo Ramos, el cual termina por lanzarse ante el estereotipo y el histrionismo de lo que se espera de la histeria del terror, por lo que le falta cierto control, que le pasa factura. Por último, Willy Gutiérrez comienza muy bien y acaba muy regular. El problema es que no se entiende por qué convierte su interpretación en una caricatura donde faltan dosis de realismo.

Dorian Fernández-Moris

 

Actividad paranormal

Como se ha comentado anteriormente, El secreto del mal (Secreto Matusita) bebe de varias corrientes de distintos tipos de películas de terror. Aun así, como es lógico, sí está bien realizado, puede ser un experimento muy interesante. Sin embargo, sucede lo contrario. Durante la primera mitad de la película se crea un espectáculo de cámaras bien planteado, con algunos sustos justificados y muy bien ejecutados. Pero, en cuestión de unos minutos, todo ese conglomerado se va cayendo con un montaje irregular, donde suceden demasiados eventos en muy poco tiempo. A ello se le suma la falta de consistencia de algunos efectos especiales, donde se ven las costuras perfectamente. De esta manera, se unen la falta de sello propio, un acabado irregular en algunos parámetros imprescindibles de lo paranormal y los fallos desde el guion, provocando un resultado mejorable, indudablemente.

Además, se nota que hay una clara intención de mostrar el gran despliegue técnico del que puede gozar el film, pero no siempre más es mejor. Por esa razón, ocurre como cuando mezclas varios ingredientes sin pensar si combinan… Puede ser una exquisitez o convertirse en un plato difícil de digerir y, en este caso, es la segunda opción. No obstante, hay que, por lo menos, salvar el buen uso del metraje encontrado, que, aunque es más de lo mismo, no pecan de meterlo sin sentido. También hay que aplaudir el trabajo de la dirección artística, ya que se puede ver a la perfección el cuidado del detalle y de la propia naturaleza del espacio, que no está relacionado con el uso que luego se le dé. En resumen, una maraña de recursos que, según va transcurriendo el film, se enreda todavía más.

Secreto Matusita
Foto de Filmin

Conclusión

El secreto del mal (Secreto Matusita) comienza con potencial y acaba yendo por unos derroteros que la sepultan. Por un lado, hay una mezcla de estilos y de técnicas que terminan por convertirse en una maraña sin sentido y dando una sensación de incoherencia estética. Luego, por otro, la falta de sustancia del guion, donde cae en la creación de múltiples líneas narrativas que no confluyen como debieran. Sumado a todo ello, se encuentra la falta de innovación y sello propio, lo que deja un batiburrillo de referencias ya conocidas por el espectador, pero sin ningún tipo de cohesión. Un misterio con un comienzo favorable, que termina como el rosario de la Aurora, sin exorcismo que lo salve.

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