Los directores argentinos Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale debutan en el largometraje con un homenaje al cine argentino en el que el baile, el color y la fantasía abren la posibilidad de una vida distinta. Resulta trágico que Lucas muriese poco después de rodar El tren fluvial en un accidente.

La película se presentó en la sección Perspectives de la 76.ª edición del Festival de Berlín y participó en la 74.ª edición del Festival de San Sebastián y en la 32.ª del Festival de Jóvenes Realizadores de Granada. Se estrena en salas de cine españolas el 13 de noviembre de 2026.



El tren fluvial

Crítica de 'El tren fluvial'

Ficha Técnica

Título: El tren fluvial
Título original: El tren fluvial

Reparto:
Milo Barría
Rita Pauls
Mariano Barria
Fabian Casas
Lucrecia Pazos
Pehuén Pedre

Año: 2026
Duración: 75 min.
País: Argentina
Director: Lorenzo Ferro, Lucas Vignale
Guion: Lorenzo Ferro, Lucas Vignale
Fotografía: Thomas Costa Grinberg
Música: Oniria
Género: Drama
Distribuidor: Atalante Cinema

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Tráiler de 'El tren fluvial'

Sinopsis

Milo, de 9 años, vive en un pueblo remoto de Argentina, donde se entrena como bailarín de malambo. Sin embargo, sus verdaderos sueños apuntan a otra parte: anhela viajar en tren y explorar Buenos Aires, la ciudad que solo ha visto en películas. Para liberarse de su pequeño mundo, deberá atreverse a emprender un nuevo viaje. (Atalante Cinema)

Dónde se puede ver la película en streaming



El peso de la familia 

El tren fluvial es una fábula infantil con espíritu psicoanalítico, donde la verdad, el placer y el amor se cruzan en espiral. Milo, un niño de nueve años que se forma como bailarín, planea drogar a su familia y alejarse de la tiranía de su padre para ser libre en la ciudad. A priori, podría resultar naif, pero la manera en la que Lorenzo Ferro (El ángel, 2018) y Lucas Vignale dan forma cinematográfica al mundo interno de Milo es deslumbrante. 

La cinta comienza con una actuación de malambo, una danza popular argentina interpretada tradicionalmente por hombres. Mientras baila, Milo es sometido a la mirada paterna, que lo juzga y le hace sentir que no está a la altura de su deseo. A través de una catarsis metafórica articulada con un viaje en tren, el chico convierte esa presión monocromática en una aventura de colores saturados y brillantes que parece devolverlo a la vida. No importa si ese viaje es ficticio o es una ilusión: el espectador es atravesado y se deja llevar con la inocencia de Milo. 

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El cine como posibilidad 

El tren fluvial es también un ejercicio metacinematográfico, puesto que el protagonista encuentra la fuerza para huir gracias a la película Soñar, soñar (1976), de Leonardo Favio, que ve en la televisión. Al igual que los personajes de Favio, la aspiración vital de Milo es llegar a la capital. El filme rinde homenaje a este director de culto argentino, a quien la crítica y el público no trataron demasiado bien en su tiempo. 

¿Se puede anhelar ser otra persona a los nueve años? Sí, sobre todo si la imaginación compone una ciudad de Buenos Aires libre y estetizada con imágenes tomadas directamente del cine y la televisión. Los tonos pastel atenúan el malestar —la fotografía es de Thomas Gringberg—, los personajes se balancean entre la mitología y el cómic y los sueños dentro de los sueños crean un cuento fabuloso. Fantástica la escena en la que Milo se queda dormido debajo de una cama. 

La narrativa no es lo principal en este filme, que se inclina hacia la exploración humana y urbana. Su estructura episódica está marcada por la banda sonora de Oniria y los cambios de formato que se producen en escenas como la del casting televisivo. Lucas Vignale, que trabajó como director de videoclip, construye una puesta en escena que acompaña a Milo en su descubrimiento. La cámara está sincronizada con sus movimientos mientras observa una ciudad de Buenos Aires que no cumple las promesas que había depositado en ella. 

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Conclusiones de 'El tren fluvial'

El tren fluvial es una obra cercana al realismo mágico, que encaja en el linaje estético construido en torno a las andanzas urbanas de personajes infantiles. La fascinación y el desconcierto que sufre Milo en la ciudad guían al espectador a un viaje cargado de contradicciones. Lorenzo Ferro y Lucas Vignale rehúyen las respuestas cerradas y las moralejas, apostando por la ambigüedad como manera de abrirse a otras realidades.

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