El director y guionista Dan Fogelman, creador de la innovadora serie “This Is Us”, lanza una mirada emotiva y amplia sobre el amor, la familia, la tragedia, la alegría y el destino en Como la Vida misma. Con una película divertida, conmovedora e implacable, Dan Fogelman nos muestra una saga multigeneracional y todas sus complicaciones, apoyada en una banda sonora inspirada en el famoso álbum “Time Out of Mind”, de Bob Dylan. Estreno el 4 de Enero.

Como la vida misma

Como la vida misma

Título original: Life Itself / La vida misma
Año: 2018
Duración: 118 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Dan Fogelman
Guion: Dan Fogelman
Música: Federico Jusid
Fotografía: Brett Pawlak
Reparto: Oscar Isaac, Olivia Wilde, Annette Bening, Antonio Banderas, Samuel L. Jackson, Olivia Cooke, Mandy Patinkin, Laia Costa, Jake Robinson, Sergio Peris-Mencheta, Àlex Monner, Caitlin Carmichael
Productora: Coproducción Estados Unidos-España; Filmnation Entertainment / Temple Hill / Nostromo Pictures. Distribuida por Amazon Studios
Género: Drama romántico
Distribuidora:  Alfa Pictures
Filmaffinity
IMDB

Sinopsis

         Como la Vida misma empieza cuando Will (Oscar Isaac) y Abby (Olivia Wilde) se enamoran en la universidad, planean su boda y se preparan para traer un hijo al mundo. A medida que avanza la historia, el destino hará que su camino se cruce con el de Dylan (Olivia Cooke), una joven con problemas que intenta encontrar una forma de mitigar su dolor; el de Irwin (Mandy Patinkin), que cría al hijo de su hija en un mundo lleno de peligros; el del Sr. Saccione (Antonio Banderas), un adinerado terrateniente andaluz; el de Javier (Sergio Peris-Mencheta), el capataz del Sr. Saccione, y el de la familia de Javier, Isabel (Laia Costa) y Rodrigo (Àlex Monner). Una historia llena de consecuencias pequeñas, grandes, ordinarias y excepcionales.

            Con un gran reparto, las populosas calles de Manhattan y los olivares andaluces de telón de fondo, Como la Vida misma plantea preguntas acerca de la suerte y el infortunio, los triunfos y las tragedias, y en último lugar, de la vida misma.

Tráiler

Sobre la producción

En los últimos quince años, Dan Fogelman se ha dado a conocer como uno de los cineastas más versátiles y creativos de la actualidad. Como director, productor y guionista, su trabajo va desde una emotiva serie dramática muy popular (“This Is Us”), hasta una comedia agridulce acerca de un hombre de mediana edad obligado a regresar al mundo de las citas (Crazy, Stupid, Love). Su último proyecto, Como la Vida misma, también es el más ambicioso hasta la fecha. A veces conmovedora y otras divertida, la película se basa en una narración muy poco convencional con personajes maravillosamente interpretados para una historia tan inusual como emotiva.

            Con una agenda tan llena como la suya, Dan Fogelman reflexionó antes de aceptar dirigir la película. “Había algo en esta historia, algo que se me metió en los huesos, tenía que dirigirla yo”, dice. “La película habla de muchas cosas. Trata de la vida, que puede ser grande, caótica, estar llena de amor y de tragedia. Trata de las personas. Explora los altibajos, la felicidad y la tristeza, lo increíble y extraña que llega a ser la vida, eso que todos compartimos. La dificultad para describir la trama de la película es lo que más me entusiasma”.

            El hecho de ser uno de los guionistas y productores de más éxito de Hollywood no garantiza que ocurra lo mismo cuando uno se coloca detrás de la cámara, pero Dan Fogelman es un auténtico visionario con un punto de vista cinematográfico único, además de tener la capacidad de convertir sus más ambiciosas visiones en una realidad, explica Aaron Ryder, de la productora FilmNation. “Es una película muy complicada, no solo en cuanto a la estructura y la forma de contar la historia, sino también desde un punto de vista práctico”, dice. “La historia transcurre en varias décadas, dos continentes y dos idiomas. Hay un enorme reparto coral. Para rodar esta película, todos hemos debido dar lo mejor de nosotros”.

            Dan Fogelman conecta hábilmente diferentes historias a medida que la película deja Nueva York para trasladarse a España y de vuelta a Estados Unidos. “Me pareció un historia épica”, dice el director. “La película habla de una gran pérdida, una gran tragedia, un gran amor y grandes momentos. Puede compararse a una genial saga en la que se sigue a una generación tras otra”.

            Con protagonistas múltiples y una dirección de actores muy sutil, la película está diseñada para jugar con las expectativas del público, pero quizá no para cumplirlas, según Dan Fogelman, que ha llenado la historia deliberadamente de momentos inesperados, sorprendentes, a gran y pequeña escala: “El espectador se sorprenderá al descubrir a quién está siguiendo en la pantalla, pero nada se ha dejado al azar. He querido que el espectador se vea obligado a poner atención de otra forma con la esperanza de que nadie dé nada por hecho durante la narración”.

Adiós a la Lista Negra, la llegada a la silla de director

Como la Vida misma despertó mucho interés en Hollywood en 2016 cuando se incluyó en la famosa Lista Negra de Hollywood de mejores guiones sin producir. Dan Fogelman reconoce que tuvo en mente a dos de las más importantes personas de su vida cuando escribió el guion, su esposa y su madre. “Al principio, incluso llegué a sorprenderme de lo emocional que me ponían algunas escenas”, recuerda. “Poco a poco comprendí que hacía la película para mi madre, que había fallecido hacía diez años. Estábamos muy próximos. Poco después conocí a mi esposa, a la que amo como Will ama a Abby en la película. Entonces me di cuenta de que había escrito el guion para los dos grandes amores de mi vida”.

            Aaron Ryder se enteró de que Dan Fogelman había escrito un guion muy personal y que quería dirigirlo. “Enseguida nos hicimos con una copia”, dice el productor. “Y se convirtió en uno de nuestros proyectos favoritos. Era original y muy oportuno. Es un auténtico regalo cuando me llega un guion de semejante calidad”.

            El productor añade que la magnífica realización de Dan Fogelman hace que la película sea aún más sensible: “Las vidas de dos familias se cruzan por culpa de una tragedia y descubrimos cómo se van entrelazando esas vidas a medida que pasan las décadas. A pesar de ser una película realmente divertida, tiene un núcleo profundamente emocional que tocará al público. Y Dan Fogelman hace eso mejor que nadie”.

            Desde el principio de la preproducción, Aaron Ryder tuvo muy claro que la visión del director era muy particular. “Dan ha nacido para dirigir películas”, dice el productor. “Piensa de forma cinematográfica. Se nota cuando le describe una escena a alguien. Es muy decidido y sabe exactamente lo que quiere. Una vez en el plató, tiene una facilidad excepcional para comunicarse, no solo con el equipo técnico, sino también con los actores. No hubo un solo día que no me sorprendiera al ver lo hábil y considerado que era”.

            Marty Bowen cree que Dan Fogelman va por delante de otros cineastas debido a la enorme cantidad de información que incluye en el guion acerca de su visión de la película. “Aun así, muy pocos directores trabajan como él en cualquier circunstancia”, dice. “Por ejemplo, en Como la Vida misma sabía exactamente qué tomas quería para cada escena y dónde debían colocarse los personajes. Llega al plató para dirigir, no le hace falta pensárselo, ya está pensado. Y eso es algo muy poco habitual en la profesión”.

            Aunque se trate de una historia épica internacional y multigeneracional, puede que el mayor logro de Dan Fogelman sea conseguir que parezca sencilla, dice Marty Bowen. “Es como los Beach Boys. Si no sabes mucho de música y los escuchas, suena a melodía feliz, nada más. Sin embargo, son armonías brillantes y complicadas. Creo que Dan consiguió elevar esta historia a niveles que otros no habrían podido”.

Desde la Gran Manzana a un olivar andaluz

Dan Fogelman estaba convencido de que la película debía rodarse en Nueva York y en la provincia de Sevilla, concretamente en Carmona, dos lugares por los que siente un gran cariño. Nació en Nueva Jersey y siempre dice que la ciudad que nunca duerme sintetiza la vida. “Visualizo la energía de Nueva York”, comenta el director. “Me sorprende el ritmo de la ciudad, su belleza y el contraste con lo difícil que es vivir allí. Hay momentos en que se debe salir disparado de esa urbe, pero en otros se debe estar porque entusiasma, apasiona y es maravillosa”.

            Además de esta energía tan peculiar, siempre es complicado rodar en Nueva York. Sin embargo, Aaron Ryder cree que no habría sido correcto rodar en otro lugar. “Es complicado, no lo negaré”, dice. “A los neoyorquinos no les gusta que un rodaje bloquee la acera o las calles, es comprensible. Pero Nueva York tiene algo que ninguna otra ciudad puede duplicar”.

            Durante un viaje de cuatro días a España para localizar decorados, Dan Fogelman, Aaron Ryder y Marty Bowen, acompañados por el director de fotografía Brett Pawlak y el diseñador de producción Gerald Sullivan, no solo buscaron decorados pintorescos, sino una forma de crear una cohesión estética para la película. “Dan pensó en todas las complejidades de la historia y también ayudó mucho al departamento artístico”, dice Gerald Sullivan. “Engaña porque siempre parece muy tranquilo, incluso en las situaciones más estresantes, pero se involucra intensamente en todos los aspectos”.

            El diseñador de producción, que también colaboró con Wes Anderson para crear la isla retro de New Penzance en Nueva Inglaterra para Moonrise Kingdom y el fantástico mundo centroeuropeo de El gran hotel Budapest, se encargó de diseñar decorados atemporales que encajaran a la perfección en una historia que transcurre durante varias décadas en dos países muy diferentes.

            “Hablamos del diseño durante meses antes de empezar a rodar”, dice el diseñador. “Dan y Brett participaron en todas las decisiones. Escogimos una paleta de colores inspirada en nuestra estancia en España y la mantenemos durante toda la película”.

            Para Gerald Sullivan se trataba de encontrar puntos comunes entre la estética sevillana que remonta a siglos atrás y la dura modernidad de una urbe como Nueva York. Incorporando temas visuales recurrentes del campo español en los decorados neoyorquinos, con materiales únicos, colores y motivos que se repiten con cierta frecuencia, creó una sensación de unidad entre decorados que no podían ser más diferentes.

            Dichos decorados van desde una fraternidad en un campus neoyorquino, un típico edificio de arenisca (donde viven los padres de Will) y una consulta minimalista de una psiquiatra en Manhattan, hasta un café de pueblo y una modesta casita en el campo andaluz. El decorado preferido de Gerald Sullivan es el olivar y la casa cerca de Carmona, el cortijo del Sr. Saccione. “El edificio fue construido hace varios siglos”, dice, “y quedan restos de cada época. Es un lugar alucinante con hectáreas y hectáreas de olivos, exactamente lo que buscábamos”.

Nada se deja al azar

El director de fotografía Brett Pawlak dice que desde la primera reunión, Dan Fogelman y él compartían el mismo criterio estético para la película. “El guion da mucha importancia al narrador”, explica. “Hablamos de cómo subrayar la narración para que fuera creíble. Es una historia muy amplia, y eso es lo primero que me atrajo, pero había que encontrar la forma de conectarla cinematográficamente para que funcionara”.

            Dan Fogelman tenía ideas muy concretas en cuanto a lo que quería obtener visualmente, hasta el punto de haber diseñado la composición de cada toma. “Se nota que siempre está reflexionando”, dice Brett Pawlak. “Si algo no es tal como quiere, lo corrige. Entra en un decorado y lo abarca todo. Tiene un toque mágico, es bastante alucinante”.

            El director de fotografía se centra en los actores a la hora de rodar, pero dejándoles el espacio suficiente para que se sientan cómodos. “Dan y yo repasamos el guion varias veces durante la preproducción para situar los temas que se repiten o que usamos para un único personaje”, sigue diciendo. “Por ejemplo, en las escenas de Dylan intentamos que no hubiera cortes, siempre que era posible. El personaje aporta otro tipo de energía a la película y sus escenas debían ser diferentes de las otras”.

            “Con Will y Abby desarrollamos un lenguaje cinematográfico que no encaja en las historias de los otros personajes”, añade. “En muchas de sus escenas usamos una minicámara con transmisores. Yo llevaba el chasis y todo el espacio quedaba libre. Me limitaba a seguirlos, a flotar con ellos”.

            “Hay una fuerte correlación entre el uso que hace la película de un narrador poco creíble y la fotografía”, acaba diciendo. “Da igual que sea el guion, la fotografía, el diseño de producción, incluso la música, en una película todo son pistas para el espectador, y estas pistas pueden llevarle en la buena o en la mala dirección. Reflexionamos mucho para no resultar falsos, pero al mismo tiempo queríamos que el espectador comprendiera lo que hacíamos y se preguntara si de verdad podía fiarse de nosotros”.

Time Out of Mind

Mientras Dan Fogelman escribía el guion de Como la Vida misma, escuchaba el famoso disco “Time Out of Mind”, de Bob Dylan, sobre todo el tema “Lovesick”. El álbum, compuesto por el cantante después de divorciarse de su segunda mujer en 1997, es una colección de canciones melancólicas en torno al amor y a la pérdida. “Se me ocurrió que ‘Lovesick’ sería el tema perfecto para empezar esta película”, dice el cineasta.

            Durante la escritura también leyó una crítica de “Time Out of Mind” que le dio otra idea. “El escritor se metía mucho con un tema, concretamente ‘Make You Feel My Love’, porque según él era demasiado romántico y positivo para un álbum tan maravilloso, triste y melancólico. Fue entonces cuando decidí que marcaría el final de la película y que Bob Dylan serviría de unión”.

            El único impedimento era conseguir el permiso del cantante para usar las canciones. “Todos estábamos convencidos de que la película no podría hacerse sin la música de Bob Dylan”, reconoce el productor Marty Bowen. “Ninguna versión produciría el mismo impacto dramático”.

            A través del supervisor musical de la película, Dan Fogelman se puso en contacto con el administrador de los derechos musicales, Jeff Rosen. A este le gustó el guion y se lo hizo llegar a Bob Dylan, que no tuvo inconveniente en autorizar el uso de sus canciones. “Escribí el guion con las canciones sin saber si podríamos usarlas”, reconoce Dan Fogelman, “Y tuvimos la enorme suerte de poder incluir siete temas de Bob Dylan y una partitura basada en su música”.

La vida, la misma

Marty Bowen cree que la película Como la Vida misma no puede definirse de forma sencilla. “El punto de vista de Dan es muy concreto, pero intentar explicarlo con palabras sería injusto para el espectador, le quitaríamos una experiencia”, explica. “La vida es complicada, y Dan explora esa premisa de un modo especial. A veces les ocurren cosas terribles a personas buenas. Otras veces surgen cosas buenas de malas experiencias. Pero esa es la naturaleza del viaje que todos emprendemos al nacer”.

            El productor solo puede aplaudir el valor del director enfrentándose a situaciones que pueden parecer crueles. “Arranca emociones inspiradoras de lo más oscuro”, explica. “La mayoría de nosotros pasamos por buenas y malas experiencias en la vida. El reto reside en encontrar el lado positivo, y Dan sabe dónde buscarlo. Nos obliga a reflexionar y, de paso, nos hace llorar y reír. Solo los grandes cineastas lo consiguen”.

            Dan Fogelman espera que la película conmueva al público: “Mi intención ha sido reflejar la vida tal cual y también ofrecer al espectador un descanso de las circunstancias que le rodean. Espero que salga emocionalmente exhausto del cine, pero también que se sienta inspirado. Y para las personas que, como yo, sienten que se ven pocas cosas originales, espero que la película llene este vacío. Es ambiciosa y entretenida, rebosa de emociones y ofrece una mirada positiva de la vida. Si los espectadores salen de la sala pensando que ha merecido la pena estar dos horas en un cine y si la película permanece con ellos, seré feliz”.

Fuente Alfa Pictures