El experimento fantasma (Ghost lab) es un drama fantástico, con toques de terror, de nacionalidad tailandesa. Sigue la peripecia de dos médicos que tratan de demostrar la existencia de los fantasmas. Dirige la película Paween Purijitpanya (Phobia, Phobia 2). En el reparto figuran Thanapob Leeratanakachorn, Paris Intarakomalyasut y Nuttanicha Dungwattanawanich. Todos ellos con la carrera circunscrita a Tailandia. Se estrena mundialmente en Netflix el 26 de mayo.



El experimento fantasma (Ghost lab)

Crítica de ‘El experimento fantasma’ 

Ficha Técnica

Título: El experimento fantasma
Título original: Ghost Lab

Reparto:
Thanapob Leeratanakachorn (Wee)
Paris Intarakomalyasut (Gla)
Nuttanicha Dungwattanawanich (Mai)
Suquan Bulakul (La madre de Wee)
Pearachanee Siralert (Madre de Gla)
Natthawut Jenmana (Namo)

Año: 2021
Duración: 117 min.
País: Tailandia
Director: Paween Purijitpanya
Guion: Vasudhorn Piyaromna, Paween Purijitpanya, Tossaphon Riantong
Fotografía: Pithai Smithsuth
Música: Bill Piyatut H.
Género: Terror. Thriller
Distribuidor: Netflix

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Sinopsis

Después de que un experimento de laboratorio sobre el más allá sale mal, dos médicos se obsesionan peligrosamente con obtener pruebas científicas de la existencia de los fantasmas.

Dónde se puede ver la película



Proposición del experimento

El experimento fantasma (Ghost lab) es realmente una película difícil de categorizar de forma tajante. Tan solo en el primer cuarto de hora tenemos ya un surtido de géneros que van uniéndose de forma no particularmente grácil. Existe un componente de terror, con apariciones incluidas, situaciones cerca del drama, y unos insertos casi más propios de una comedia. Y esa es una de las características de El experimento fantasma (Ghost lab): la inestabilidad estilística. 

El argumento gira alrededor de dos médicos de un hospital tailandés que se plantean diseñar un experimento cuyas conclusiones son realmente ambiciosas: probar la existencia del mal allá y certificar la existencias de fantasmas. La iniciativa parte de Gla (Paris Intarakomalyasut), un cirujano que tuvo una experiencia paranormal cuando era niño, y se le apareció brevemente el espíritu de su padre recién fallecido. Nunca ha podido olvidar el suceso, y desde entonces ha estado investigando todo tipo de leyendas urbanas y casos relacionados con apariciones.

Su compañero para el experimento es Wee (Thanapob Leeratanakachorn), otro cirujano que tiene su propia relación con al muerte. Su madre lleva en coma varios años, pero su estado empeora sensiblemente tras un incidente. Una noche en el hospital donde ambos trabajan ven la extraña aparición de un fantasma (bastante inquietante, por cierto), con lo que su interés por el más allá aumenta exponencialmente. La gracia del argumento, a priori al menos, está en la conjunción de ciencia y esoterismo. Estos dos médicos realmente quieren afrontar es misterio de la muerte desde una perspectiva científica.

El experimento fantasma
Copyright Netflix

 

Ejecución del experimento

El experimento fantasma (Ghost lab) apunta muy alto en sus ambiciones. Pero el resultado es menos impresionante. Gla y Wee tratan de fijar cuáles son los lugares más propicios para tener una aparición, cuándo es el mejor momento, e incluso clasifican los tipos de entes con si de dos entomólogos jugando con insectos se tratase. Ahora hace falta encontrar… sujetos de estudio. Creen que permaneciendo cerca de alguien en su defunción, hay más probabilidades de que el espíritu del fallecido se aparezca. Están en un hospital así que empiezan a buscar entre los enfermos terminales.

El primer tramo era un poco freak, Gla y Wee parecen dos mad doctors cuyo experimento va a quedar en algo estrafalario, más propio de la ciencia ficción más esquizoide y desacomplejada. Sin embargo llega un momento en que la película se solemniza tremendamente. La llegada del drama nos pilla un poco a contrapié, como si el giro tonal no fuera coherente. Porque de hecho no lo es. La puesta de largo del experimento provocará inusitados resultados que les afectarán tanto a ellos mismos como a sus seres queridos.

El problema es la irregularidad del conjunto. En las dos tendencias que hemos mencionado hay detalles de interés, pero son buenas ideas mal dispuestas. De algún modo eso hace que no caiga tanto en los tópicos como una producción de Hollywood, aunque los roza en algunas ocasiones. Hay buenas intenciones, pero el desconcierto neutraliza a veces los resultados. El terror más puro aparece en el último acto de la película, donde vienen los momentos más efectistas, teatrales, y vehementes.

Ghost Lab
Copyright Netflix

Algunos aspectos de ‘El experimento fantasma’ 

El experimento fantasma (Ghost lab) tiene una factura correcta. Sin despliegues llamativos, pero al menos hay ratos de cierta atmósfera enrarecida visualmente eficaz. Algunas de las apariciones, particularmente la primera, están bien diseñadas y hay detalles de puesta en escena interesantes. Quizá en el último tramo la exageración se vuelve algo tópica, y la película se convierte en un festival de objetos y personas volando. La música a veces subraya demasiado los momentos sorprendentes y terroríficos. A veces de tal forma, que combinado las expresiones de los protagonistas parecen momentos más culebroneros que aterradores.

De todos modos, no hay que llamarse a error. El experimento fantasma (Ghost lab), a pesar de alguna payasada inicial, se toma a sí misma en serio. Pasa de la expectativa freak a un tono muy solemne. Y a ratos, sorprendentemente, la cosa funciona. Hay momentos emocionales que calan, otros que inquietan, a cambio de otros que nos confunden. Al final algunas partes por separado son más interesantes que el conjunto final. Las actuaciones son algo histriónicas, pocas veces hay un punto de equilibrio. Nada destacable, la verdad, a no ser por el cambio de roles al que juegan Gla y Wee.

El terror tailandés ha dado alguna que otra joya como Shutter (2004) que puede ser incluso una obra referencial para el país asiático. No es probable que El experimento fantasma (Ghost lab) llegue a eso, pero sí que es una película cuanto menos interesante que aporta su propia perspectiva a una peripecia que puede recordar a Línea mortal (1990). Y así, entre el interés eventual y el desconcierto general, nos encontramos ante una película que, aun con tópicos, es más peculiar de lo que parece. El ritmo, por su parte, va a en función de los giros estilísticos y más que enganchar tiende a confundir.

El experimento fantasma
Copyright Netflix

Conclusiones de ‘El experimento fantasma’

El experimento fantasma (Ghost lab) bascula entre la agradable sorpresa y la sensación, algo decepcionante, de que se podía haber conseguido un resultado final mejor. La premisa es intrigante, pero se disuelve por unos derroteros con más melodrama del esperado, que hace que nos planteemos qué tipo de película estamos viendo realmente.

Lo que parecía que iba a ser un ejercicio de terror puro deviene en un continuo giro estilístico que merma nuestro disfrute. Los temas van desde de los más intimistas, hasta la idea general de que la ciencia no debe traspasar ciertas fronteras para alcanzar el conocimiento. La impresión general, por lo tanto, es la de una película interesante que por algún defecto estructural nos acaba dejando insatisfechos.

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