Basado en una obra de Elie Wiesel, God on Trial es un telefilme británico que ahonda en la profunda huella dejada por el Holocausto. Dirigido por Andy De Emmony (El nido) y protagonizado por un inspirado elenco que cuenta con intérpretes como Stellan Skarsgård, Stephen Dillane, Dominic Cooper o Rupert Graves, este drama coral parece, a simple vista, abordar un tema ampliamente tratado: el sufrimiento de los judíos en los campos de concentración nazis. Sin embargo, pronto esa primera impresión se diluye ante un enfoque moral y filosófico que trasciende las convenciones habituales de este tipo de relatos.



God on Trial

Crítica de 'God on Trial'

Ficha Técnica

Título: God on Trial
Título original: God on Trial

Reparto:
Josef Altin (Isaac)
Ashley Artus (Ricard)
Dominic Cooper (Moche)
Lorcan Cranitch (Probador de bloques)
David de Keyser (Hugo)
Stephen Dillane (Schmidt)
Rupert Graves (Mordechai)
François Guétary (Jacques)
Agnieszka Liggett (Guía turístico)
Louise Mardenborough (Emily)
Eddie Marsan (Mente)
Iain McGregor (Guardia alemana)
André Oumansky (Jacob)
Blake Ritson (Idek)
Jack Shepherd (Khun)
Stellan Skarsgård (Jardín Baumgarten)

Año: 2008
Duración: 90 min.
País: Reino Unido
Director: Andy De Emmony
Guion: Frank Cottrell Boyce
Fotografía: Wojciech Szepel
Música: Nick Green, Tristin Norwell
Género: Drama
Distribuidor:

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'God on Trial'

Sinopsis

En la tradición judía habitual de discutir sobre Dios, un grupo de prisioneros judíos en Auschwitz decide poner a Dios en tela de juicio, dada su terrible situación.



Búsqueda de respuestas ante la atrocidad

Sin duda, la originalidad de God on Trial reside en su premisa: en un barracón de Auschwitz, un grupo de judíos decide someter a juicio a Dios para determinar hasta qué punto es responsable de su tragedia colectiva. La desesperación y la incapacidad de comprender el horror que los rodea les empujan a designar un tribunal con tres jueces, nombrar acusación y defensa, convocar testigos, pronunciar alegatos y deliberar hasta alcanzar un veredicto.

Se trata de un proceso a través del cual los prisioneros intentan dar una explicación al antisemitismo que padecen, fruto de una sociedad que había normalizado la discriminación hacia todas aquellas personas que no se ajustaban al modelo racial y cultural impuesto por el régimen nazi. Así, el debate gira en torno a conceptos como prueba de fe, castigo divino, purificación o libre albedrío, convirtiendo el juicio en una vía para canalizar toda la frustración, ira e impotencia que acumulan los personajes.

Además, a medida que avanza la película, el espectador descubre las relaciones humanas que los presos mantienen y tejen en el barracón. En un breve lapso de tiempo, un muchacho reconoce entre la multitud a quien fue su profesor; un hombre cede su cuchara a un anciano mientras le confiesa que morirá al día siguiente; y un joven intenta engañar a otro tratando de cambiarle su ración de comida por un diente de oro. En el fondo, God on Trial es también una reflexión sobre cómo la solidaridad y la crueldad conviven en el ser humano y se manifiestan con especial intensidad en condiciones extremas.

God on Trial película

Un crudo y opresivo drama de cámara

La acción transcurre fundamentalmente en un barracón de Auschwitz. Esta decisión estética dota al telefilme de un evidente carácter teatral y refuerza la constante sensación de opresión y tensión. No obstante, la limitación espacial no impide que la narración progrese con fluidez. God on Trial sostiene su fuerza dramática en los desgarradores diálogos y en las acaloradas discusiones que surgen entre los prisioneros, subordinando la mayor parte de sus recursos cinematográficos a esos intensos enfrentamientos dialécticos.

De este modo, el uso de colores fríos y apagados, el predominio de primeros planos que registran el dolor y el cansancio en los rostros de los personajes, así como la austeridad de la localización, colaboran en la creación de imágenes sombrías y melancólicas. Además, la cámara se desplaza de forma inestable por los espacios, como si buscara capturar la intimidad de los personajes y ajustar sus movimientos al ritmo de los diálogos. Por su parte, la banda sonora rehúye las melodías cargadas de sentimentalismo y recurre a la música de forma muy puntual, evitando así restar protagonismo emocional a las conversaciones.

God on Trial película

Entre el presente y el pasado

Otro de los aspectos más llamativos de God on Trial es su montaje, que conecta dos líneas temporales a través de un mismo escenario. La narración comienza en el presente, con un grupo de turistas descendiendo de un autobús y pagando su entrada para poder visitar Auschwitz. Sin embargo, enseguida da un salto al pasado, periodo en el que se desarrolla esencialmente la historia. El contraste es evidente y contundente: donde antes veíamos visitantes entrar por voluntad propia, ahora vemos prisioneros obligados a bajar de un tren y cruzar las puertas del campo de concentración.

La combinación del presente y del pasado permite establecer comparaciones entre ambas tramas, al tiempo que imprime ritmo al telefilme mediante la inserción de escenas protagonizadas por turistas entre los distintos momentos del juicio. En este sentido, la existencia de dos líneas temporales resulta importante para la construcción del horizonte de expectativas. Así, mientras que el presente lleva al espectador a preguntarse por la identidad de algunos de los visitantes, el pasado mantiene el interés acerca del veredicto que alcanzarán los prisioneros y el futuro que les espera a todos ellos en el campo.

Conclusiones de 'God on Trial'

Aunque se trata de una producción modesta en términos de recursos cinematográficos, God on Trial consigue, apoyándose en sus dos líneas temporales, abordar con originalidad y eficacia un tema ampliamente tratado. Los diálogos a través de los cuales los prisioneros intentan explicar el horror que sufren no solo logran conectar al espectador con la historia, sino que a su vez le permiten empatizar con la incomprensión y el abatimiento que atenazan al grupo de protagonistas. Pese a su marcado carácter reflexivo, el visionado no resulta denso ni tedioso, aunque en ocasiones el espectador pueda sentirse incómodo ante una atmósfera tan angustiosa como sombría. La sensación de encierro es constante y encuentra su correlato visual en la ausencia de profundidad espacial del barracón, una clara metáfora de vidas sin horizonte, sin futuro.

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Valvanera Gómara Ruiz
Graduada en Historia por la Universidad de Salamanca y especializada en Cine con un Máster en Estudios Avanzados en Cinematografía por la Universidad Internacional de La Rioja. Compagino la escritura de crítica cinematográfica en diversos medios con la de relatos de ficción y la realización de trabajos de investigación histórica.
god-on-trial-pelicula-criticaAunque se trata de una producción modesta en términos de recursos cinematográficos, God on Trial consigue, apoyándose en sus dos líneas temporales, abordar con originalidad y eficacia un tema ampliamente tratado. Los diálogos a través de los cuales los prisioneros intentan explicar el horror que sufren no solo logran conectar al espectador con la historia, sino que a su vez le permiten empatizar con la incomprensión y el abatimiento que atenazan al grupo de protagonistas. Pese a su marcado carácter reflexivo, el visionado no resulta denso ni tedioso, aunque en ocasiones el espectador pueda sentirse incómodo ante una atmósfera tan angustiosa como sombría. La sensación de encierro es constante y encuentra su correlato visual en la ausencia de profundidad espacial del barracón, una clara metáfora de vidas sin horizonte, sin futuro.

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