Hater es una película polaca dirigida por Jan Komasa, director de la nominada al Óscar, Corpus Christi, que trata el tema de las fake news y la difamación a través de las redes. Está interpretada por Maciej Musialowski, Vanessa Aleksander, y Agata Kulezsza (Ida, Cold War). La película obtuvo el premio a la Mejor Película Narrativa Internacional en el el último Festival de Tribeca. Mezcla drama y thriller. Se trata de una producción de Naima Film, TVN, y Canal + Polska, cuyos derechos han sido comprados por Netflix para su distribución mundial. Se puede ver en dicha plataforma a partir del 29 de julio.



Hater

Crítica de ‘Hater’

Ficha Técnica

Título: Hater
Título original: Sala samobójców. Hejter

Reparto:
Maciej Musialowski (Tomasz Giemza)
Vanessa Aleksander (Gabi Krasucka)
Danuta Stenka (Zofia Krasucka)
Jacek Koman (Robert Krasucki)
Agata Kulesza (Beata Santorska)
Maciej Stuhr (Pawel Rudnicki)
Adam Gradowski (Stefan Guzkowski ‘Guzek’)
Piotr Biedron (Kamil)
Jedrzej Wielecki (Staszek Rydel)
Jan Hrynkiewicz (Compañero de cuarto Marcin Karpiuk)

Año: 2020
Duración: 135 min.
País: Polonia
Director: Jan Komasa
Guion: Mateusz Pacewicz
Fotografía: Radosław Ładczuk
Música: Michal Jacaszek
Género: Drama. Thriller
Distribuidor: Netflix

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de Hater en VO con subtítulos en inglés

Sinopsis

Un joven duplicado encuentra el éxito en el oscuro mundo de las tácticas de desprestigio de las redes sociales, pero su vitriolo virtual pronto tiene consecuencias violentas en la vida real.

Donde se puede ver la película



Un joven inquietante

Hater es en esencia un espejo deformante y admonitorio sobre ciertos aspectos de la sociedad polaca contemporánea, pero con situaciones transferibles a prácticamente a todo el orbe. El desencadenante de la historia comienza con la presentación del joven Tomek (Maciej Musialowski). Pronto descubriremos que, además de un talante obsesivo hasta lo patológico, no para en mientes para conseguir sus fines. Para empezar, es expulsado de la carrera de derecho por plagiar una redacción. En lo personal veremos que es amigo de los Krasucka, una adinerada familia de Varsovia.

La relación con esta familia viene de cuando veraneaban en el pueblo de Tomek hace ya unos cuantos años. Ahora se ha convertido en una especie de protegido suyo, llegando hasta costearle los estudios. Se guardará mucho de comentar su reciente expulsión. Además está prendado, o quizá obsesionado, de Gabi (Vanessa Aleksander), una de las hijas de los Krasucka. Enseguida reconocemos en Tomek una esencia turbia que hace que sus relaciones personales acaben algo viciadas.

La obstinación de Tomek en conseguir a Gabi y en buscar un puesto de trabajo comienza a tomar forma. La chica acaba rechazándolo, pero más o menos al mismo tiempo encuentra trabajo en una empresa que se dedica a un marketing muy peculiar. La difamación de los rivales de sus clientes mediante un siniestro uso de las redes sociales. Tomek descubrirá que ese sistema es un fabuloso medio para vengarse de Gabi y su familia, al sentirse rechazado por todos ellos.

Hater
© Jaroslaw Sosinski / Naima Film

La trastienda política

Hater añade un componente político a la trama que será completamente decisivo. Uno de los encargos de la nueva empresa de Tomek es sabotear la imagen de un político candidato a la alcaldía de Varsovia. Cuando se entera de que el político en cuestión es apoyado por la familia Krasucka, la necesidad de venganza se hace imperiosa. Y a partir de aquí la película se convierte en la clásica trama de ir atravesando límites, y nosotros los espectadores estaremos en tensión para ver hasta dónde es capaz de llegar Tomek.

Jan Komasa parece haberse empapado a base de bien sobre el emergente mundo de las fake news y todos sus ardides. Creación de perfiles falsos, fotos sacadas de contexto, proclamas apocalípticas en las redes… Una de las gracias, por llamarlo de algún modo, de Hater es como nos sumerge en un mundo que se nos figura siniestro, pero que realmente pulula alrededor de nosotros. El proceso de hundir la reputación de una persona se nos aparece en todo su nefasto esplendor, y Komasa nos lo muestra cercano para darnos un aldabonazo de conciencia.

La víctima de las cada vez más perfeccionadas habilidades manipuladores de Tomek es Pawel Rudnicki (Maciej Stuhr),el mencionado candidato a la alcaldía de Varsovia. Se trata de un político de talante progresista, europeísta e integrador. Y aquí Jan Komasa hace aparecer en Hater una situación peligrosamente floreciente en Polonia en concreto, y en Europa en general. El inquietante ascenso de una ultraderecha cada vez más beligerante, que permanece atenta para dar un zarpazo. Tomek utilizará esos instintos para socavar cada vez más peligrosamente a Rudnicki.

Sala samobójców. Hejter
© Jaroslaw Sosinski / Naima Film

Ambición temática

Jan Komasa insufla en Hater una variedad de temas y situaciones, que es a la vez una de sus ventajas pero también está cerca de ser un inconveniente. A veces Komasa duda en qué tipo de trama ha de poner en primer término. Por una parte la trama intimista de Tomek, o por otro la más amplia perspectiva política. Esto hace que el montaje a veces divague y de algún rodeo más del necesario. Sin embargo, no es un gran obstáculo. Hater sabe meter el dedo en la herida y resultar ampliamente cínica hasta lo inquietante.

De tal modo que, vista desde un gran angular, Hater resulta ser una crítica al ascenso de las política radicales en Europa, una mirada desencantada a una sociedad tecnologizada que tiene toda la vida de una persona a golpe de click, y una crítica también a la gente de a pie de calle. Una fake new es aceptada en tanto en cuanto hay una predisposición de la masa a creerla; más que cambiar nuestras convicciones, las cataliza de una forma indómita e imprevisible.

También es la historia de un psicópata. Para Tomek cualquier medio justifica el fin. Sus fines son vengativos para con Gabi y sus familia, los medios serán un peligroso juego de manipulación política. Tomek realmente asusta por sus actos, acaba convirtiéndose en un ser odioso que ejecuta con frialdad los más crueles engaños. Y, ahí está el asunto, solo nosotros somos conscientes de ello. Y así nace una conseguida sensación de thriller.

Sala samobójców. Hejter
© Jaroslaw Sosinski / Naima Film

La ejecución de Hater

Hater funciona muy correctamente como thriller y como drama. Como muestra dramática nos enseña la efigie de un monstruo, Tomek, capaz de las acciones más execrables. Este personaje está muy bien actuado por Maciej Musialowski, que coge perfectamente el tono al papel. Hay en él una mirada fría, glauca, penetrante. Aunque sus motivaciones son distintas, nos causa el mismo revuelto en el estómago que el personaje de Lou Bloom (Jake Gyllenhaall) en Nightcrawler. Esta actuación es sin duda la más destacada, dentro de un nivel general bastante aceptable.

Jan Komasa imprime a Hater una factura sobria, de tonos fríos y acabado elegante. Posee algunos recursos visuales sofisticados, como las secuencias de la discoteca, las que se desarrollan «dentro» de videojuegos o el perturbador clímax final. A parte de alguna vacilación en el desarrollo de la historia, Komasa teje una negrísima tela de araña de la que nos resulta difícil escapar. Nos atrapa y sumerge en la historia haciéndonos sentir incómodos.

Da mucho miedo el trasfondo tan sumamente turbio de la trama, mostrando una sociedad cada vez más polarizada y fanática donde el concepto de verdad el maleable y relativo. Una noticia me sirve si refrenda mis argumentos, da igual que sea falsa. La factura gris y un guion cada vez más agobiante hacen de Hater una perspicaz e interesante mirada a un futuro poco halagüeño. A veces quizá adolezca de algo de sentido del humor, dada la duración ligeramente larga del film. Aun así Hater no tiene desperdicio.

Hater
Foto de Jaroslaw Sosiński

Conclusiones de ‘Hater’

Hater es densa, oscura y cínica. Es decir, lo contrario a una película veraniega. Da igual, porque la ejecución de Jan Komasa es esmerada y las ideas son inteligentes. El guion no da puntada sin hilo y, salvo algún momento dubitativo, en general la historia nos acaba atrapando desde una perspectiva decadente, con algunos puntos de clímax bastante cortantes. No es el típico producto de usar y tirar de Netflix, sino una reflexión seria capaz de dejarnos pensativos tras acabar el visionado.

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