En Teatro del Barrio, Taxidermia de una alondra convierte el escenario en un espacio incómodo y fascinante donde el dolor ajeno, el morbo y la necesidad humana de observar la tragedia se enfrentan directamente al espectador. Escrita, co-dirigida y protagonizada por Iván López-Ortega, junto a Macarena Sanz, la obra propone una reflexión tan provocadora como divertida sobre nuestra relación con lo trágico y el consumo emocional del sufrimiento. Con humor, tensión y una potente dimensión inmersiva, el montaje cuestiona hasta qué punto necesitamos el desastre para despertar de nuestra rutina. En Cinemagavia, hemos tenido la oportunidad de entrevistar a Iván López-Ortega sobre el origen de la obra, los límites éticos del morbo y el vértigo de irrumpir con fuerza en la escena teatral contemporánea con 23 años, incluyendo su nominación a los Premios Max 2026.

No os perdáis Taxidermia de una alondra, protagonizada por Iván López-Ortega y Macarena Sanz, en el Teatro del Barrio desde el 21 de mayo de 2026.

Iván López-Ortega
Foto de "Taxidermia de una alondra"

Entrevista a Iván López-Ortega por "Taxidermia de una alondra"

Diego Da Costa / Cinemagavia: Con solo 23 años ya has estrenado como creador en espacios muy importantes y has sido finalista en los Premios Max. ¿Cómo estás viviendo este momento tan vertiginoso de tu carrera?

Iván López-Ortega: De momento, aún no he bajado a tierra con lo de los Max. Para mí era una meta que veía posible, pero no realmente cercana. En el teatro nos han hecho entender a los jóvenes, quizá con cierto paternalismo, que hay unos escalones que cumplir: pasar por la precariedad, sufrir el proceso y, poco a poco, alcanzar cierta estabilidad que te permita vivir tranquilo con la profesión. En definitiva, nos transmiten que un reconocimiento así no suele llegar con una edad más temprana. Y eso es lo que me han hecho entender siempre. Quizá, por eso, me parece prematuro, sobre todo porque esta es mi primera función estrenada como director en el circuito profesional.

Hace un par de años codirigí otro espectáculo con Sergio Iglesias, pero este es el primero que siento completamente mío: con texto propio y una propuesta de dirección compartida con Sergio, pero muy mía, en general. La verdad es que siento una mezcla de síndrome del impostor —quizá por tener menos experiencia que otros y otras grandes artistas nominados y nominadas— y, al mismo tiempo, mucha felicidad y gratitud. Intento bajar a la realidad, dejar que llegue lo que tenga que llegar y quitarme de la cabeza la idea de que esto debería haber llegado más tarde. Si está llegando ahora, por algo será.

Teatro del Barrio
Foto de "Taxidermia de una alondra"

La fascinación de la tragedia

Diego Da Costa / Cinemagavia: Taxidermia de una alondra parte de una pregunta muy potente: por qué nos fascina tanto la tragedia. ¿Cuál fue el detonante personal o artístico que te llevó a escribir sobre ello?

Iván López-Ortega: Mi detonante fueron varias experiencias personales, pero siempre recurro a la misma: caminando por Lavapiés de camino a un ensayo, vi de lejos un corro de gente alrededor de lo que pensé que era un artista callejero. Por la zona, imaginé que sería un músico que me gusta especialmente. Al ver a la gente grabando con el móvil, me acerqué —porque me atrae el arte en la calle—. Pero no era un artista; era una persona tumbada en una camilla, con una ambulancia detrás.

Me fascinó cómo, desde lejos, la escena generaba exactamente la impresión de un público escuchando cantar a alguien. En realidad, eran los servicios médicos atendiendo a una persona. Ese momento, y otros similares, me hicieron preguntarme por qué tenemos tanta facilidad para sacar el móvil y grabar, en lugar de girar la mirada, ver si hacemos falta o simplemente seguir nuestro camino, que quizá sería lo más ético. Pero lo otro, la curiosidad por el dolor ajeno, surge de un lugar muy real, genuino y profundamente humano: el morbo. De experiencias como esta surgió el deseo de arrancar con esta función.

Iván López-Ortega
Foto de "Taxidermia de una alondra"

La taxidermia como metáfora

Diego Da Costa / Cinemagavia: La obra utiliza la idea de la taxidermia como metáfora. ¿Qué relación encuentras entre conservar cuerpos muertos y nuestra forma de consumir el dolor ajeno?

Iván López-Ortega: La metáfora de la taxidermia reside en esa experiencia de ir a un museo y observar animales disecados desde el exterior de una vitrina, desde la comodidad y la paz que transmiten esos espacios. Con esa música ambiental evocadora, la luz tenue… Todo invita a observar el dolor y el instante de muerte petrificado del animal —el impacto de la bala o la descarga antes de ser abatido— con total tranquilidad y la seguridad del cristal.

La vitrina funciona como un contenedor de testimonios, historias o hallazgos; es un pedestal donde se coloca una pequeña gran catástrofe para ser observada en paz, desde la butaca del teatro, o desde el banquito de terciopelo del museo central de X ciudad europea.

Diego Da Costa / Cinemagavia: En el montaje aparece constantemente la tensión entre empatía y voyeurismo. ¿Crees que hoy estamos demasiado acostumbrados a observar tragedias desde la distancia?

Iván López-Ortega: Estoy absolutamente de acuerdo. Solo hay que mirar la cartelera del cine o entrar en cualquier plataforma: lo más visto son siempre grandes catástrofes, situaciones de extinción humana o desastres similares. Creo que hay algo en ello que nos sacia. Vivimos en una paz cotidiana donde esto no ocurre, pero la ficción nos permite experimentar ese riesgo, lo que nos gustaría de alguna manera vivir en nuestra piel. Pero lo vivimos desde la seguridad de la butaca. Queremos que nos hagan sentirlo sin tener que sufrirlo realmente. Y ahí es donde el ser voyeur empaña la empatía.

Teatro del Barrio
Foto de "Taxidermia de una alondra"

Cada función, una obra diferente

Diego Da Costa / Cinemagavia: Hablas de “una historia real disecada, revivida en escena”. ¿Dónde pones tú el límite ético a la hora de representar el sufrimiento real en el teatro?

Iván López-Ortega: El planteamiento es que cada noche recogemos una historia trágica o conmovedora de un espectador o una espectadora y la llevamos a escena. Cada función es diferente. A partir de ahí, te diré que yo trabajo mucho con la mentira y la trampa escénica. Me encanta el teatro precisamente por eso: existe la tramoya, el truco, el efecto. Algo que también me gustaría investigar en el cine cuando vaya siendo posible. Para mí, lo real no reside en que todo sea literalmente verdad, sino en la capacidad de hacer creer al público que lo es.

Para algo somos intérpretes y estudiamos el arte de la ficción, y de la mentira en definitiva: para generar emociones, aunque lo que ocurra en el escenario no esté pasando realmente. Lo real, tal cual, rara vez sucede en escena. Lo que me apasiona es que el público sienta que algo está ocurriendo de verdad, que incluso dude: «¿Esto es parte de la función o no?». Ese límite lo adoro y lo busco siempre en todos mis espectáculos. Ahí reside nuestro arte: en la pantomima, en la mimesis, en recrear algo que realmente no ocurre.

Diego Da Costa / Cinemagavia: Compartes escena con Macarena Sanz. ¿Cómo ha sido construir juntos una pieza tan emocional y físicamente exigente?

Iván López-Ortega: Conocí a Macarena en Vulcano, de Victoria Szpunberg y dirigida por Andrea Jiménez en el Centro Dramático Nacional. Allí congeniamos especialmente y me lancé a ofrecerle esta función. Por suerte, dialogamos muy bien y nos entendimos a la perfección. Macarena es un monstruo escénico, con un control de la interpretación tremendo y admirable. La admiro enormemente y sé que el sentimiento es mutuo. Creo que ese amor se intuye en escena. Además, es una actriz creadora, una actriz creativa, una actriz que propone. Soy muy poco celoso con mis textos y le he dejado por supuestísimo que propusiera; de hecho, ella ha «entrado hasta la cocina», como le pedí. Ha sido un proceso muy empapado por su mirada y su experiencia. Un verdadero placer trabajar con alguien con una trayectoria tremenda, que sabe exactamente lo que hace y cómo hacerlo.

Iván López-Ortega
Foto de "Taxidermia de una alondra"

El despertar del ser humano

Diego Da Costa / Cinemagavia: La obra parece cuestionar si necesitamos grandes catástrofes para transformarnos. ¿Crees que el ser humano solo reacciona realmente cuando toca fondo?

Iván López-Ortega: Viví una sensación muy curiosa durante el apagón, y creo que nos pasó a todos y todas. Para mí fue una suerte de «catástrofe acomodada». No es un corte eléctrico como los que se sufren a diario en otras partes del globo terráqueo, pero aquí se vivió como nuestra pequeña gran catástrofe. De repente, estábamos dentro de nuestra propia película de desastres: una simulación que nos obligó a reaccionar. Salimos a la calle, compramos radios, escuchamos emisoras, leímos… Fue como adoptar el rol de supervivientes. Nos sentimos inmersos en una especie de selva y, creo que nos gustó.

No sé si reaccionamos solo al tocar fondo o si basta con vivir algo que nos saque de la rutina. Lo cierto es que, de vez en cuando, una sacudida nos despierta y nos hace cuestionar nuestras vidas. La pandemia, aunque absolutamente desastrosa y que no lo queremos más, nos obligó a cuestionarnos nuestra rutina, nuestros deseos y cómo afrontar el futuro y nuestro presente.

Diego Da Costa / Cinemagavia: ¿Qué te gustaría que el público se llevara consigo después de ver Taxidermia de una alondra en Teatro del Barrio?

Iván López-Ortega: Me gustaría que el público se llevase a casa la risa. Por lo que hemos visto en las funciones que ya hemos hecho, el humor y la comedia despiertan con mucha fuerza. También hay una mirada hacia cada espectador, hacia sí mismos: una reflexión sobre su propio ente morboso y su nivel de morbosidad. Que se pregunten por qué disfrutamos tanto consumiendo tragedias, por qué nos atrae el cotilleo sobre experiencias traumáticas o el dolor ajeno. Me gustaría que se llevasen ese pensamiento de si realmente necesitamos una catástrofe para salir de nuestro ensimismamiento, si realmente tiene que ser. También si el deseo de lo trágico es solo en las ficciones o también en la vida real. Quizá podamos conseguir ese despertar sin necesidad del dolor, sin depender de lo catastrófico, de lo conmovedor.

Iván López-Ortega
Foto de Iván López-Ortega

Una trayectoria potente

Diego Da Costa / Cinemagavia: Además de dirigir, tienes formación como músico, escenógrafo, actor y pintor. ¿Cómo dialogan todas esas disciplinas dentro de tu proceso creativo?

Iván López-Ortega: Entiendo la dirección como un arte total. Empecé estudiando interpretación desde pequeño, que sigue siendo mi camino principal, pero la dirección me permite compenetrar todo lo demás. La música me apasiona, lo plástico me viene de casa… Siempre me ha apasionado aunarlo todo, contar historias o tener ideas y poder plasmarlas a un texto o llevarlas a escena. Cuando creo, no pienso: «ahora diseño el espacio, ahora escribo el texto, ahora compongo». No. Las ideas surgen interconectadas, como setas dentro de mi cabeza. Una escena ya viene con una propuesta de iluminación y una atmósfera sonora. Hay escenas que vienen con un espacio concreto o una dirección específica. A veces, el texto nace de un dispositivo escénico; otras, la dirección de escena manda sobre la dramaturgia, o viceversa.

Creo que los artistas, en general, gestionamos así nuestras ideas, y la gente que no se dedica al arte también, en el fondo. Lo maravilloso del trabajo en equipo es que parcelas estas áreas y unas se alimentan de otras. Cuando no hay que parcelarlo, porque lo haces todo tú solo, echo de menos no tener compañeros con los que trabajar en equipo, pero ganas en fluidez: todo surge a la par. Es un proceso muy fluido.

Diego Da Costa / Cinemagavia: En muy poco tiempo has pasado por espacios como el Centro Dramático Nacional, el Teatro Español o los Teatros del Canal. ¿Sientes presión ante unas expectativas tan altas siendo tan joven?

Iván López-Ortega: He tenido la suerte de que se me presenten grandes oportunidades. Agradezco profundamente que, a pesar de mi edad, se me permita acceder a espacios tan reconocidos del circuito profesional donde puedo se me permite un lugar en el que alzar mi voz. Son personas que confían en mi trabajo y que, por suerte, olvidan que la juventud suele verse como una traba en esta profesión. El ser joven te permite tener mucho por delante, aunque a veces hay mucho paternalismo y la idea de que hay que ir «poco a poco», creo que los jóvenes venimos pisando fuerte.

Tengo muchos compañeros de mi generación haciendo cosas maravillosas. Es necesario que se vayan relevando espacios y abriendo puertas a caras nuevas; es absolutamente necesario. Me enorgullece y agradezco que esté ocurriendo. ¿Siento presión? Por supuesto. Y trato de lidiar con ella cada día mejor. Esta presión está en cuanto surge una oportunidad, y suele llegar otra más vertiginosa o en un espacio más complejo de conquistar. Eso me coloca en un lugar de tratar de cumplir expectativas, pero a la vez es un reto. Lo estoy gozando. Si no se llega, no se habrá llegado. El arte es tan subjetivo que se llegará para unas partes, pero para otras no. Así es.

No te pierdas Taxidermia de una alondra, con Iván López-Ortega, en el Teatro del Barrio desde el 21 de mayo de 2026.

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