Los árboles no votan se representa hasta el 18 de mayo de 2026 en el Teatro del Barrio. Escrita y dirigida por José Ignacio Tofé y protagonizada por Elías González, Susana Hernández, Pedro Cerezo y Ana Janer. La obra es una crítica a la forma en que los políticos utilizan la crisis climática para ganar votos. la trama sigue a la presidenta de una comunidad autónoma que busca ganar las próximas elecciones con un proyecto de descarbonización, a pesar de que no funciona.



Los árboles no votan

Crítica de 'Los árboles no votan'

Ficha Técnica

Título: Los árboles no votan
Título original: Los árboles no votan

Reparto:
Susana Hernández
Elías González
Ana Janer
Pedro Cerezo

Año: 2026
Duración: 75 min.
País: España
Autor y director: José Ignacio Tofé
Ayudante de dirección: Estela Montejo

Tráiler de 'Los árboles no votan'

Sinopsis

La presidenta de una comunidad autónoma necesita un proyecto estrella para ganar las próximas elecciones. Su principal asesor contacta con un empresario que les ofrece la idea que necesitan: una planta de descarbonización, una fábrica que extrae de la atmósfera el CO₂ responsable del efecto invernadero. Una fábrica que soluciona el cambio climático. Convencidos de que este es el proyecto que necesitan para mantenerse en el poder, autorizan la construcción de la planta de descarbonización, pero la semana antes de las elecciones se dan cuenta de que han cometido un error: la fábrica no funciona, genera más CO₂ del que elimina. Su anuncio estrella se vuelve contra ellos. Tendrán que tomar una decisión clave: reconocer el error o encontrar una manera de vender a su electorado el proyecto de la fábrica, aunque agrave el efecto invernadero. Una sátira sobre las soluciones desde el poder al cambio climático.



La realidad supera la ficción

La realidad ha sustituido a la imaginación y la política actual nos pone en bandeja historias que parecen inverosímiles, pero son ciertas. La dramaturgia está servida. Por supuesto, luego hay que trenzar los hechos para convertirlos en una ficción consistente digna de ver y eso es lo que hace José Ignacio Tofé en Los árboles no votan. Porque no basta con ser un buen observador, como sin duda es Tofé, es necesario dominar el arte de la narración y la dirección de actores. Su trabajo, dice, no se distingue mucho del de los políticos en el sentido de que busca convencer al público con su historia y manipula las emociones para conseguirlo.

Los árboles no votan es una sátira inspirada en una realidad que tenemos demasiado presente como para no sentirse interpelado. Al subir el telón imaginario del Teatro del Barrio, el asesor político (Elías González) se nos aparece ansioso, locuaz y desesperado por encontrar un eslogan ganador para su presidenta y su partido. La presidenta, interpretada magistralmente por Susana Hernández, aparece unos minutos después para añadir más estrés a su mano derecha. El humor va in crescendo, como los plausos de un mitin, y goza de buen ritmo durante toda la representación. La verdad es que a veces da gusto reírse de las miserias, también de las propias.  Siempre hay tiempo de volver a la realidad y al encono ¿no?

José Ignacio Tofé afirmó que parte de la inspiración de la obra le sobrevino a raíz de leer el relato anti apocalíptico de la periodista Marta Peirano, sin embargo, a mi me ha llevado de vuelta a la novela de David Trueba "Queridos niños", una sátira de la política en la que también aparece la figura del votante como alguien a quien hay que engatusar como a un niño y llevar de la mano.

Los árboles no votan teatro

Los personajes también son personas

A Susana Hernández la hemos visto en cine y en televisión, pero es sobre las tablas donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. El amor enamorado, El baile o La geometría del trigo son algunas de las piezas en las que ha dejado su impronta. En Los árboles no votan interpreta a la presidenta de una comunidad autónoma (y no mira a nadie) que quiere seguir en su cargo caiga quien caiga. El poder engancha, sobre todo a los mediocres y no hay nada más gracioso (y que enfade más) que observarles en su hábitat. Nos falta la otra versión, la del votante, al que vislumbramos a través de las mofas de su asesor.  Esa masa informe que a veces cuesta reconocer como personas, pero que lo son, lo somos, aunque nos cueste admitirlo.

La raza política es capaz de las peores gestas, pero si son divertidos se lleva mejor. O no.

En contraposición a la figura de los políticos, tan irracional y egocéntrica, están la razón y el sentido común representados en la ciencia y, en esta ocasión, por Ana Janer, una actriz vibrante y muy divertida. En su interpretación resuenan ecos de la Elaine de Seinfeld (Julia Louis-Dreyfus), la mítica sitcom de los 90. Janer dirigió Sicalípticas junto a Marta Barrera y fue nominada como mejor actriz en los premios MET por su papel en Elogio de la estupidez. Su intervención arranca las risas del público desde el primer momento y cuesta verla marchar. También Pedro Cerezo en su papel del cuñado empresario, plato de jamón en mano, perfila su personaje con acierto.

Conclusión de 'Los árboles no votan'

Los árboles no votan no es solo una sátira, es un diagnóstico de la política actual y, a través de la comedia, nos da una pista de por qué votamos lo que votamos. Pero no podemos caer en la generalización ni en la falacia de que todos los políticos son iguales, porque entonces los árboles no nos dejarán ver el bosque y, aunque esto sea "solo" teatro, no podemos permitirnos perder la perspectiva.

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CINEMAGAVIA
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Susana R. Sousa
Mitad persona mitad animal, quizás un pez (por lo de piscis) pero no sirena (muy aburrido). Experta en perder el tiempo. Lo que más me pone: los atlas de geografía. Lo que menos: las injusticias. Me fastidian las gotitas líquidas de colores que chorrean cuando comes fruta, pero me encantan las fresas.
los-arboles-no-votan-critica-obra-teatroLos árboles no votan no es solo una sátira, es un diagnóstico de la política actual y, a través de la comedia, nos da una pista de por qué votamos lo que votamos. Pero no podemos caer en la generalización ni en la falacia de que todos los políticos son iguales, porque entonces los árboles no nos dejarán ver el bosque y, aunque esto sea "solo" teatro, no podemos permitirnos perder la perspectiva.

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