José Ramón Fernández recuerda a los supervivientes del nazismo con J’attendrai, una obra que revisa la tragedia de la culpa de aquellos que consiguieron salvarse del Holocausto. A través de la imagen de su tío Miguel, expande su homenaje a aquellos que vivieron el horror de Mauthausen. La obra también ha contado con Emilio del Valle como director. Además, su elenco está formado por Chema de Miguel, Cristina Gallego, Jorge Muñoz, Paula Ruiz, Denis Gómez, Camila Almeda y Javier Gordo. Se puede disfrutar de ella en la Sala Fernando Arrabal B, en las Naves del Español, en Matadero, hasta el 27 de diciembre de 2020.



J'attendrai

Crítica de ‘J’attendrai’

Ficha Técnica

Título: J’attendrai
Título original: J’attendrai

Reparto:
Chema de Miguel (Pepe, el Gafas)
Cristina Gallego (Claire)
Jorge Muñoz (El autor)
Paula Ruiz (Patricia)
Denís Gómez (Claude, el Pájaro)
Camila Almeda (Jeannine)
Javier Gordo (Acordeonista)

Duración: 90 min. apróx.
Dirección: Emilio del Valle
Dramaturgia: José Ramón Fernández
Diseño de espacio escénico: Arturo Martín Burgos
Diseño de videoescena:
Jorge Muñoz
Música original:
Montse Muñoz
Diseño de iluminación:
José Manuel Guerra
Vestuario: Cecilia Molano
Diseño de espacio sonoro: Andrés Gosálvez
Dirección de producción (Factoría Teatro): Salvador Sanz y Gabriel Blanco
Ayudante de dirección:
Gonzala Martín Scherman
Producción: Inconstantes Teatro, Factoría Teatro y Teatro Español

Presentación de temporada 20/21 de Teatro Español con ‘J’attendrai’

Sinopsis de ‘J’attendrai’

J’attendrai nos presenta a un republicano nonagenario que sobrevivió a Mauthausen. Cierra un capítulo de su vida que le ha atormentado durante muchos años, y lo hace poco antes de morir, visitando un hotelito rural donde vive la nieta de la novia de su amigo Claude, que murió en el campo de exterminio, y con quien sigue teniendo una deuda moral.

El autor nos habla, no de esa memoria que recogen los historiadores, sino de la pequeña historia, de la familiar, y lo hace reconstruyendo la suya propia a base de libros, cartas, objetos, teatro –no el suyo, sino el de los otros y otras que ya han tocado esta línea temática- y humildad.

J’attendrai es también un homenaje a los muertos, a los vivos, a los que ha escrito desde la verdad, a los y las valientes que se han atrevido a tratar el tema en el teatro, en la literatura, en el cine… Con todos y todas siente el autor un profundo agradecimiento y una deuda impagable: la de haberle “animado” a escribir J’attendrai. (TEATRO ESPAÑOL).



J'attendrai
Foto de Teatro Español

El pesar de sobrevivir

Jose Ramón Fernández se sumerge en los recuerdos de los horrores propiciados por el nazismo en J’attendrai. La historia se divide en varios retazos de relatos en paralelo, que van entremezclando el presente con el pasado y el futuro, unificándose en la autoficción. La razón no es otra que el autor ha creado un personaje que narra la necesidad de escribir dicha obra, la cual le ha acompañado durante muchos años de su vida. Así consigue verse esa explosión de emociones, donde se homenajea a aquellos que no están, pero también se expresa la necesidad de hablar, de recordar y de preguntar. Por lo cual, obtiene esa reflexión de escuchar aquello que rompe por el dolor que transmite, pero que si no se habla puede caer en el olvido. Por lo que, esta obra recuerda el valor de mirar atrás.

La dramaturgia no se enfoca solamente en un prisma, sino que, distanciándose de la personalización propia personal, se consigue un relato que tiene en sí mismo la memoria de aquellas personas que fueron víctimas de Mauthausen. De igual manera, explora la culpabilidad del superviviente, que, aunque a veces es demasiado explícito, deja momentos de gran emoción. De la misma forma, desarrolla los remordimientos y el diálogo entre el pasado con una sensibilidad narrativa muy elegante y bonita. Asimismo, hay escenas en las que es imposible retener la emoción, la cual deja los sentimientos a flor de piel. Gracias a ello, se hace un canto al amor en todas sus formas y es una veneración de alto nivel a todos los nombres que son parte de esta historia de la humanidad. De igual manera, deja constancia del valor de aprender de aquellos horrores.

Teatro Español
Foto de Teatro Español

Los fantasmas del adiós

El reparto coral de J’attendrai forma un conjunto que se equilibra su presencia en escena, lo que muestra la maestría de la dirección de Emilio del Valle. A nivel actoral, para comenzar, Chema de Miguel se mete en la piel de Pepe, una de las columnas vertebrales de la obra. Con ese torrente y energía sobre el escenario, se ve la contradicción que hay en su personaje. Al mismo tiempo, deja salir cierta ternura, para equilibrar el dramatismo del que goza su papel. Su contraparte es Jorge Muñoz, que da vida a ese autor apesadumbrado. El actor tiene calidez y desprende una cercanía que invita a caminar junto a él. De esta manera, el espectador conecta fácilmente con él, quién además sabe controlar la emocionalidad en sí mismo. Luego, Camila Almeda como Jeannine cumple con su función, pero no emerge mayor sensación en ella.

Denís Gómez, por su parte, es una de esas sorpresas escénicas agradables. Dentro de la ingenuidad luminosa de su personaje, sabe llevarlo al máximo esplendor con su lenguaje corporal. Se encuentra cómodo en el escenario y lo disfruta totalmente. Por otro lado, Cristina Gallego aborda a su Claire desde un prisma más ligero, que acaba transformándose en un perfecto puente dramático entre sus compañeros. Además, ejecuta su factor más sensitivo de una forma sutil, pero certera. En cambio, Paula Ruiz obtiene su importancia en su desempeño físico en la escena, expresando a través del movimiento. Entre ella y Gómez forman un equipo experimental atrayente. Por último, Javier Gordo se mantiene en un plano menos vistoso, pero no quita su desempeño y atención durante toda la obra, la cual muestra su profesionalidad.

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Foto de Teatro Español

La canción que sigue sonando

Al sentarse en las butacas para ver J’attendrai, se ve una escena alegre y musical, una fiesta donde bailan y ríen. Esa visión de la felicidad es un reflejo de cómo en el propio infierno, que luego se plantea, existían esos momentos que mantenían la esperanza. Por lo tanto, la puesta en escena va a nadar entre esos dos mundos, una dualidad entre el dolor y el perdón. El atrezzo que se utiliza es sugerente, pero sin un gran desempeño en la infraestructura, ya que obtiene su influjo más por parte de la coreografía de los elementos que hay sobre el escenario. Ahí interviene un juego de luces magníficos, que van estableciendo los distintos focos y momentos en los que se encuentran los personajes. A través de ellos, obtienen aquellos monólogos más propios de la reflexión, al mismo tiempo que se produce una transición muy natural y orgánica.

El montaje de sonido se fundamenta en aquellos efectos en vivo, lo que le da una mayor calidad al despliegue técnico. Sin embargo, hay algunos tonos que no lucen tanto como otros, lo que es una pena por el trabajo que lleva detrás. Aun así, en su conjunto, empasta perfectamente con lo que se ve sobre el escenario y transfiere esa emoción que se busca, sobre todo con la canción. Por otra parte, el audiovisual adquiere su importancia en su justa medida, lo que es un acierto, al saber darle su lugar y no expandirse más allá. Además, durante el final de la obra, se hace indispensable. Para terminar, sería importante destacar que esta pieza teatral tiene un significado muy personal por lo que transmite, ya que es de esas obras que al bajar el telón deja con una sensación abrumadora y de puro sentimiento.

J'attendrai
Foto de Teatro Español

Conclusión

J’attendrai es un homenaje teatral a todos aquellos que fueron víctimas del horror en Mauthausen. A través de una dramaturgia que mezcla pasado, presente, ficción y realidad, se expande ante esos lugares recónditos de la sensibilidad, el recuerdo y la necesidad de hablar. Gracias a esta obra, se recuerda la importancia de no olvidar y de preguntar. Por otro lado, el reparto realiza un trabajo coral estupendo, que viene bien dirigidos por un magnífico Emilio del Valle. Lo mismo sucede con la puesta en escena, que sumerge al público en esa carta de amor hacia el pasado. El perdón y el remordimiento realizan un baile que dejan embriagados de emoción por la humanidad que hay en ella.

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