La gran ofensa aguijonea y provoca al espectador preguntándole: ¿se puede hacer humor con cualquier tema? Producida por EL TERRAT y La Bendita Compañía, esta comedia arremete por igual y bromea con el racismo, discapacidades, violencia, el tema de La Manada… Nada ni nadie escapa de su látigo mordaz con el fin de averiguar con negra comicidad los límites del humor.

Con una advertencia al comienzo de la obra de que puede ofender la sensibilidad del espectador, pone contra las cuerdas su tolerancia y consigue que se ría, a su pesar, con temas con los que jamás pensó en reírse. La gran ofensa

La gran ofensa puede disfrutarse en el Teatro Lara de Madrid desde el 15 de enero.



La gran ofensa

Crítica de ‘La gran ofensa’

Ficha Técnica

Título: La gran ofensa
Título original: La gran ofensa

Reparto:
Dani Amor (Bernat)
Artur Busquets (Mateu)
Betsy Túrnez (María Pilar)
Cristian Valencia (Sergio)

Duración: 80 min. apróx.
Dirección: Oriol Pérez & Serapi Soler
Dramaturgia: Dani Amor, Oriol Pérez, Serapi Soler & Cristian Valencia
Escenografía: Noemí Costa
Asesor dirección: Enric Cambray
Producción ejecutiva: Mercè Puy
Producción: Cristina Prunell
Diseño técnico: Adrià Rico
Comunicación: Meritxell Abril, Andrea Calbet & Gemma Saperas
Comunicación digital: Mia Font
Diseño gráfico: Iñaki F. Llort
Distribución: Sarah Martínez – El Terrat
Con la colaboración de: Los guionistas de «La Resistencia»
Género: Comedia
Producción: El Terrat & La Bendita Compañía

Tráiler de ‘La gran ofensa’

Sinopsis de ‘La gran ofensa’

La gran ofensa nos presenta a Sergio y Bernat. Son dos cómicos que están empezando a despuntar en el dificilísimo mundo de la comedia. Pero cuando todo parecía que iba sobre ruedas son demandados por uno de sus chistes por Mateu. Con la ayuda de María Pilar, una abogada de dudosa reputación, Sergio y Bernat intentarán no acabar en la cárcel y que la opinión pública no acabe con ellos.



La gran ofensa
Foto de El Terrat & La Bendita Compañía

Se abre el telón

Un público expectante en la sala, cada persona con su particular nivel de tolerancia hacia los límites del humor. Los cómicos no saben a quiénes se dirigen, a quiénes van potencialmente a divertir u ofender con sus historias.

Se abre el telón y comienza una diatriba despiadada de “chistes”, por llamarlo de alguna manera”, sobre xenofobia, discapacitados, víctimas de todo tipo de violencia… Todo risas en el escenario.

En el público, alguna risa se escapa, sí, pero la mayoría son caras largas. Incluso puede que más de uno, disimuladamente, esté intentando visualizar una vía de escape

Todo hay que decir, que, al principio de la obra, habían avisado que podía ofender, y vaya si ofende. Más de uno debe estar pensando que maldita la gracia que le hacen determinadas “bromitas”. Pero pronto esta situación va a cambiar. Poco a poco, la situación va evolucionando y las caras que expresaban disgusto se van destensando y comienzan a asomar tímidas sonrisas que derivan en carcajadas.

Foto de El Terrat & La Bendita Compañía

¿Se puede ir a la cárcel por un chiste?

La despreocupada vida del monologuista y su compañero de piso, su guionista, se complica después contar un cruel chiste en su actuación en el programa de Late Motiv en Movistar +. Tras ser denunciados por  el colectivo afectado y enfrentarse a una posible pena de cárcel, la cosa cambia.

Le ven las orejas al lobo.

Ahí empieza lo interesante y la grandeza de la obra. Ahora, los indignados son ellos. Son los “ofendiditos”. Porque, ¿qué es esto de que uno no se pueda reír de todo y que te metan en la cárcel por un chiste?, plantean la libertad del cómico, no quieren que nadie les diga de qué se pueden reír y de qué no se pueden reír.

Por si fuera poco, cuando aparezca en escena la abogada amiga de la familia que les defenderá, todo da una vuelta de tuerca más. Esta chica es una letrada en horas bajas, errática, fiestera y con problemas familiares, vamos la típica persona a la que no le encomendarías ni que te guardara la vez en la fila del cine, y mucho menos el juicio más importante de tu vida.

Y ya, para terminar de enredar la madeja y retorcerla hasta convertirla en una apretada maraña, entra en escena la persona que les denuncia por la crueldad del chiste,  y al verle, dadas las circunstancias personales del denunciante, ven que todo está perdido. Ahí ya los “cómicos” no se ríen, pero el público se desternilla. A todo cerdo le llega su san Martín, dicen por ahí.

Aquí se abre el verdadero debate de la obra: ¿Quién pone el límite al humor? ¿Cualquiera puede reírse de todo? ¿Tenemos que consentir que se rían de nuestras desgracias o discapacidades? ¿El que es diferente a los demás tiene que aguantar mofas y bromitas?

La gran ofensa
Foto de El Terrat & La Bendita Compañía

Pero esto qué es

Pues, aunque estemos hablemos de dramas, de crueldades, de miedo a ir a la cárcel, esto es… ¡una divertidísima comedia! que, en realidad, no es una comedia al uso, sino que tiene una parte cómica muy importante con la que, de una manera muy divertida, nos muestran los diversos prismas del sentido del humor, y otra parte que invita a la reflexión y al debate.

La gran ofensa es una comedia tremendamente real, muy actual. El meollo ocurre en un plató de televisión, en el conocido programa Late Motiv  de  Movistar +, y los millenials  protagonistas, que se buscan la vida como pueden haciendo monólogos en teatros de barrio, están alucinando pensando en que van a actuar en un programa de esa categoría.

Como son parte de esta generación tecnológica, están enganchados como todos los de su edad al móvil y a las redes sociales. Para ellos todo vale si con ello se consiguen Likes en Twitter, Instagram, Facebookel que no revienta Twitter no existe. El mundo virtual es un mundo cambiante, vertiginoso, donde todo se precipita, todo se magnifica. La mediática repercusión y difusión de la crueldad de su chiste será el detonante que pondrá sobre el tapete el dilema de sobre qué o sobre quién se puede bromear.

Oriol Pérez, uno de sus directores, dice que lo que pretende La gran ofensa es “sobre todo hacer reír y mientras tanto, va plantando esa duda de si está mal o no que nos riamos de estas bromas”. 

Foto de El Terrat & La Bendita Compañía

Los acusados, la letrada, el denunciante y el jurado

La gran ofensa es, en definitiva, un juicio, en el que, con chispa, gracejo e ingeniosidad, se va a juzgar de una manera seria y reflexiva si todo vale en el humor.

Uno de los acusados será Cristian Valencia, cuya chulería, frescura y desparpajo hemos visto pasear por series de Telecinco como Aquí paz y después Gloria, Hospital Central y, efímeramente, en Sin Tetas no hay paraíso; aquí da vida con una tremenda naturalidad al dicharachero monologuista que, en cuanto es denunciado, recula con el rabo entre las piernas.

Su compañero en el banquillo es Dani Amor, a quién pudimos ver en Losers; interpreta al guionista que escribe el guion, que de ninguna manera quiere pedir perdón por la ofensa y que intentará aprovechar el movimiento que su denuncia desata en las redes. Su trabajo actoral es impecable, tremendamente creíble. Si cerramos los ojos e intentamos imaginarnos un guionista sin escrúpulos… nos aparece él.

El ofendidito denunciante es Artur Busquets, camaleónico, natural, todo un acierto. Ha participado en diversas series, como Estoy vivo y El secreto de Puente Viejo, y en obras de teatro como Vaselina, de Gabrielle de Luca.

La letrada y contrapunto de la obra es Betsy Túrnez. Una gran sorpresa y eje central de la obra. Abogada en horas bajas, caótica, una “cierrabares” y algo más. Gestiona de una manera un tanto especial su relación en una interpretación totalmente inmoderada, ágil, fresca, divertida y totalmente innovadora en un escenario teatral. La hemos podido ver recientemente en el cine, en Uno para todos, un drama rural, y en el teatro, en El rey tuerto.

Y el jurado es… el público, que después de escuchar los alegatos del denunciante y de los denunciados, al final deberá otorgar su veredicto. Culpables o inocentes.

El debate está servido.

La gran ofensa
Foto de El Terrat & La Bendita Compañía

Conclusión

Hay una verdad de la que no podemos escapar: de la vida nadie sale vivo. Por lo tanto, ¿porqué no tomarse con buen humor las cosas buenas y las malas, la vida y la muerte, la adversidad y la fortuna? Si tenemos una desgracia encima, ¿ganamos algo, mejora la situación si estamos llorando por los rincones? ¿O quizás se nos hace más liviana si nos la tomamos con sentido del humor?

En La gran ofensa, de una manera fresca, innovadora, natural, sin utilizar ningún tipo de histrionismos, pero sí de una manera tremendamente divertida, se va a tratar  de dilucidar el eterno debate sobre la delgada línea roja que separa el humor de la ofensa, el derecho de unos de hablar y bromear sobre unos temas sensibles y dolorosos para muchos, y por supuesto, del derecho de los que están en una situación delicada de que nadie se ría de sus desgracias.

Conseguir exponer todos estos temas en clave de humor, conseguir que los espectadores pasen de estar con un ceño fruncido por la dureza de las chanzas que se hacen al principio, a reír a carcajada limpia, a su pesar y con cargo de conciencia por reírse de temas durísimos, no es fácil. Pero este equipo lo ha conseguido. Eso es arte.

Una obra teatral tremendamente interesante, rompedora, provocadora, hilarante, que no deja indiferente a nadie. Muy recomendable.

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