La invasión de los ladrones de cuerpos es un título ya clásico de la ciencia ficción que, como en otros casos del estilo en los años 50, posee una interpretación socio-política. Al cargo de la dirección está Don Siegel, un todoterreno visitante de múltiples géneros que siempre cumple con solvencia. Se inspira en la novela de Jack Finney aparecida por entregas en la revista Colliers Magazine.



La invasión de los ladrones de cuerpos

Crítica de La invasión de los ladrones de cuerpos

Ficha Técnica

Título: La invasión de los ladrones de cuerpos
Título original: Invasion of the Body Snatchers

Reparto:
Kevin McCarthy (Dr. Miles J. Bennell)
Dana Wynter (Becky Driscoll)
Larry Gates (Dr. Dan ‘Danny’ Kauffman)
King Donovan (Jack Belicec)
Carolyn Jones (Theodora ‘Teddy’ Belicec)
Jean Willes (Enfermera Sally Withers)
Ralph Dumke (Jefe de Policia Nick Grivett)
Virginia Christine (Wilma Lentz)
Tom Fadden (Tio Ira Lentz)
Kenneth Patterson (Stanley Driscoll)
Guy Way (Oficial Sam Janzek)

Año: 1956
Duración: 80 min.
País: Estados Unidos
Director: Don Siegel
Guion: Daniel Mainwaring (Relatos: Jack Finney)
Fotografía: Ellsworth J. Fredericks (B&W)
Música: Carmen Dragon
Género: Ciencia ficción. Terror
Distribuidor:—-

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Tráiler de La invasión de los ladrones de cuerpos

Sinopsis

En la ciudad de Santa Mira, en California, el médico Miles Bennell empieza a recibir quejas de varios pacientes sobre sus seres queridos, a los que acusan de ser unos impostores. El psiquiatra local, Dan Kauffman, considera que se trata de un episodio de histeria colectiva. No obstante, un amigo de Bennell, Jack Belicec, descubre en su casa un extraño cuerpo sin vida que aún no está desarrollado por completo.

La misma situación va a experimentar Becky Driscoll, una antigua novia de Bennell, que halla una figura femenina. El médico llama a Kauffman para que observe el descubrimiento, pero los cuerpos han desaparecido y el psiquiatra sospecha que Miles es víctima de la misma histeria que están sufriendo sus pacientes de forma progresiva. Sin embargo, el hallazgo de unas insólitas vainas gigantes de las que parecen brotar los cuerpos corrobora la existencia de un misterio sin resolver que le dará un toque de intriga al filme. (Sensacine)

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Algo raro en el ambiente

La invasión de los ladrones de cuerpos evita postergar la inmersión en la trama y casi desde el mismo inicio nos invita a entrar en la historia. El sentido del ritmo es, precisamente, una de la virtudes de la película. El tempo es agilísimo y dinámico, pero en ningún momento atropellado. Es como si cada situación fuese un eslabón que conectase armoniosamente con el siguiente. En los ochenta minutos de duración no hay ni un segundo de sobra.

La invasión de los ladrones de cuerpos

Todo comienza en Santa Mira, un pueblo de California, donde un médico, el doctor Milles Bennell (Kevin McCarthy) empieza a encontrarse en su consulta con una serie de extraños casos de corte similar. Varios habitantes tienen la idea paranoica de que sus familiares no son realmente sus familiares. Lo que empieza siendo algún caso aislado termina deviniendo en toda una histeria colectiva que transforma al pueblecito en un sitio enrarecido. Hay algo raro en el ambiente.

Caza de Brujas y paranoia

Como el título de la película no deja demasiado a la imaginación, está claro que algo raro efectivamente ocurre. Varias personas parecen que han sido sustituidas por versiones más frías y menos emotivas de sí mismas, desprovistas de toda esencia humana. Llega un momento en que los impostores se van extendiendo y el núcleo de «resistencia», por así llamarlo, va menguando.

El quid de la cuestión es que estas réplicas son tan perfectas en apariencia que la distinción es difícil, lo que produce una enorme sensación de paranoia. Cualquier vecino, cualquier amigo, puede ser un doble. El miedo y la desconfianza se infiltran como un virus.

De aquí surge el subtexto político del film. Se suele interpretar como una parábola sobre La Caza de Brujas y la paranoia anticomunista iniciada por el senador de Wisconsin Joseph McCarthy. El miedo que sienten los habitantes de Santa Mira, conocedores de la invasión, ante las réplicas, se equipara al miedo que infiltró el mccarthismo ante los «traidores comunistas». Si en aquel momento en EE.UU cualquiera, según McCarthy, podía ser un comunista encubierto, en la película cualquiera podía ser un impostor/invasor. La invasión de los ladrones de cuerpos sería, por lo tanto, una crítica al miedo  instilado por el Comité de Actividades Antinorteamericanas durante la Caza de Brujas.

La invasión de los ladrones de cuerpos

Curiosamente existe una interpretación radicalmente opuesta en la que los dobles serían comunistas que han logrado infiltrarse en la sociedad estadounidense, y la película incitaría al público a estar alerta  ante esa presunta amenaza. Es decir, sería un refrendo de la Caza de Brujas. Sin embargo, se considera más probable la primera explicación debido a que Daniel Mainwaring, el encargado de adaptar la novela, sufrió en sus propias carnes las depuraciones de la Caza de Brujas al ser despedido de la RKO por sus tendencias políticas.

El pueblo y sus gentes

Toda la acción de la película transcurre en Santa Mira, una pequeña población californiana. Es un acierto haberlo hecho de ese modo y no haber buscado una ambientación en una gran urbe, como Los ángeles por ejemplo, ya que así el efecto de paranoia se multiplica notablemente. En Santa Mira se conocen todos y la desconfianza, por lo tanto, tiene un cariz más doloroso. Y además el contraste entre lo bucólico del pueblo y la amenaza invasora es mayor.

En los personajes no se indaga mucho. Se nota que el doctor Bennell es un buen hombre, honesto y dedicado, pero más allá de ahí no se profundiza en demasía. Lo mismo pasa con sus grupo de amigos, si bien existe una subtrama romántica entre el doctor y su novia de juventud (reverdeciendo laureles) Becky (Dana Winter). Una posible explicación es que lo que importa más en La invasión de los ladrones de cuerpos no es el comportamiento individual sino el de las masas. Es decir, se presta más atención a conceptos grupales como histeria colectiva o paranoia que a una exploración más íntima. Lo cual no significa que no suframos por el doctor Bennell y sus amigos. Ellos son el bien, pero un arquetipo del bien.

Tensión creciente

La invasión de los ladrones de cuerpos juega con habilidad con los códigos del cine de terror. En principio la consabida tensión no pasa de ser la propia de un leve misterio (gente comportándose de forma extraña), progresivamente aumenta la inquietud al irse confirmando la duplicidad de personas, el pánico estalla cuando queda claro que estamos ante un caso suplantación e invasión; finalmente se trata de una lucha por la supervivencia. Todo esto en un metraje de apenas ochenta minutos, con giros suaves y bien dosificados y con una excelente narrativa.

Para ello Don Siegel no contaba con un gran presupuesto, estamos hablando de una serie b, pero se bastó con una gran capacidad de sugerencia a base de pequeños gestos, una puesta en escena sutilmente expresionista en los interiores, y jugando con la psique de los protagonistas.

Invasion of the Body Snatchers

El único momento un tanto grotesco en es cuando el doctor Bennell y sus amigos descubren el método de la duplicación (no diremos cuál es para evitar posible spoilers) que utilizan los extraterrestres para suplantar a los humanos. En su día posiblemente produjo gran impacto en los espectadores.

Creando escuela

La historia de La invasión de los ladrones de cuerpos ha sido llevada varias veces a la gran pantalla con diversas variaciones y resultado dispar. La más meritoria sería La invasión de los ultracuerpos (1978), con un estupendo Donald Sutherland. En 1993 Abel Ferrara dirigió Secuestradores de cuerpos, con un talante más peculiar. La última versión es Invasión (2007),protagonizada por Nicole Kidman y Daniel Craig, que no despertó gran entusiasmo en la crítica. El hecho de que una misma historia (con sus variaciones) se haya llevado a la pantalla cuatro veces indica la fortaleza y persuasión de la misma. Quizá porque la idea de que nuestras personas más allegadas no sean realmente ellas mismas resulta realmente perturbadora.

Conclusión

La Invasión de los ladrones de cuerpos es un fabuloso ejemplo de ciencia ficción clásica que también es capaz de tratar inteligentemente asuntos sociales. Entretenida y tensa, tiene el encanto de la serie b que suple la falta de medios con una buena dosis de imaginación y sugerencia.

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