La isla de Amrum, de Fatih Akin, se alzó con el Premio a Mejor Película en la décima edición del Festival Internacional de Cine de Barcelona-Sant Jordi (BCN FILM FEST). La nueva película de Fatih Akin, es un drama histórico sobre el camino hacia la madurez de un niño en la isla alemana de Amrum al final de la II Guerra Mundial. La isla de Amrum se estrenó en Alemania alcanzando los 8 millones de euros en taquilla. Tras su paso por el Festival de Cannes en la sección Cannes Premiere. Este drama profundamente conmovedor se inspira en los recuerdos de infancia del aclamado cineasta alemán Hark Bohm, amigo y mentor de Akin desde hace muchos años. Estreno el 30 de abril de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'La isla de Amrum'
Resumen
Ficha Técnica
Título: La isla de Amrum
Título original: Amrum
Reparto:
Diane Kruger (Tessa Bendixen)
Laura Tonke (Hille Hagener)
Jasper Billerbeck (Nanning)
Detlev Buck (Pescador Sam Gánsteres)
Lisa Hagmeister (Tía Ena)
Matthias Schweighöfer (Tío Theo)
Kian Köppke (Hermann Bendixen)
Hark Bohm (El anciano junto al mar)
Lars Jessen (Guía Arjan)
Steffen Wink (Wilhelm)
Año: 2025
Duración: 93 min.
País: Alemania
Director: Fatih Akin
Guion: Fatih Akin, Hark Bohm
Fotografía: Karl Walter Lindenlaub
Música: Hainbach
Género: Drama
Distribuidor: A Contracorriente Films
Tráiler de 'La isla de Amrum'
Sinopsis
Isla de Amrum, primavera de 1945. En los últimos días del régimen nazi, Nanning, un niño de 12 años, ayuda a su familia trabajando en el campo. Mientras espera el regreso de su padre, aprende a convivir en un entorno marcado por la escasez y el silencio. Tras el fin de la guerra, las tensiones y los conflictos en la isla obligan al joven Nanning a crecer demasiado rápido. (A Contracorriente Films)
Dónde se puede ver la película en streaming
Crecer entre ruinas en los últimos días del nazismo
Durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes lucharon hasta el amargo final. Incluso ocho días después de la muerte de Adolf Hitler, seguían librándose combates en el continente europeo y había población que seguía fiel a la ideología y al partido nazis. Sorprendentemente, las estructuras se mantuvieron en pie y en Alemania continuaron produciéndose represalias y ejecuciones. Fatih Akin se adentra en esta historia y, con La isla de Amrum, narra una historia de iniciación a la madurez (coming-of-age) en la Alemania nazi que exhala su último aliento.
Son los últimos días de la Segunda Guerra Mundial y el pequeño Nanning (Jasper Billerbeck) ha huido con su madre, su tía y su hermano pequeño a la pequeña isla alemana de Amrum, cerca de la frontera con Dinamarca. Su familia son nazis convencidos: su padre, Wilhelm, es un alto cargo del partido y escribe libros sobre eugenesia, mientras que su madre, Hille (Laura Tonke), embarazada de su tercer hijo, no tiene reparos en delatar a cualquiera que tenga opiniones divergentes. Cuando Hille se entera de que el Führer se ha suicidado, se derrumba y rompe aguas. Se niega a comer y solo desea pan blanco con mantequilla y miel, ingredientes difíciles de encontrar. Nanning, impulsado por una mezcla de sentido del deber y amor por su madre, se lanza a la aventura y se dirige a Amrum.
Fatih Akin esboza una sociedad devastada y desestructurada: nazis convencidos que se aferran a las mentiras hasta el final, refugiados de guerra obligados a dejarlo todo atrás, personas con sed de venganza personal contra el régimen nacionalsocialista, y aquellos que simplemente deseaban que los dejaran en paz. Es en esta época turbulenta que Nanning, interpretado magistralmente por Jasper Billerbeck, alcanza la madurez. Se encuentra en esa edad en la que aún se es muy influenciable por los padres y el entorno, pero en la que también empiezas a pensar por ti mismo. Esta interacción se manifiesta en más de una ocasión en su búsqueda de alimento, pues dicha búsqueda no está exenta de dificultades y le enfrenta a los horrores que trae consigo la guerra.
El director alemán de origen turco no rehúye abordar temas complejos sin nombrarlos explícitamente. Nanning experimenta muy pronto en su vida lo que es ser marginado por un grupo al ser "diferente". Su confusión es grande cuando los escolares alemanes lo rechazan por no ser de Amrum y no hablar "su" idioma. Además, intuye que forma parte de un sistema, pero aún es demasiado joven para comprender sus implicaciones exactas. El odio es un producto humano, y nos lo muestra a través de los ojos de un niño.
Con La isla de Amrum, Akin rinde homenaje a su difunto mentor y cineasta Hark Bohm —el anciano del final— en quien se basa la historia. Un homenaje que, además, ha sido magníficamente plasmado en imagen por el director de fotografía Karl Walter Lindenlaub. Las exuberantes dunas y el mar transmiten una sensación de tranquilidad que parecen escenas sacadas de algún cuadro del realismo del siglo XVII. Ofrece mucha paz y tranquilidad en una época de grandes cambios.
Un niño, un sándwich y el derrumbe de una ideología
Nanning sigue en las Juventudes Hitlerianas, pero ya tiene claras sus dudas, sobre todo cuando Hille denuncia ante la policía a la granjera Tessa (Diane Kruger), que proclama que la guerra está llegando a su fin. Sin embargo, siente lástima por su madre, que está deprimida y en avanzado estado de gestación y se niega a comer. Lo único que quiere es una rebanada de pan con mantequilla de calidad y miel. Nanning considera que su principal deber es conseguirle eso. Pero no hay harina, solo algunos nazis pueden permitirse la mantequilla y las abejas apenas producen miel. Sin embargo, Nanning es luchador y tenaz.
A simple vista puede parecer una historia simple y sencilla: un niño en busca de una rebanada de pan con algo para untar. Casi pudiera parecer el punto de partida de una película de Abbas Kiarostami. Y al igual que las películas del maestro iraní, La isla de Amrum alberga varias capas interesantes. Además de esa búsqueda de un bocadillo, la película es también un drama de iniciación a la madurez en el que Nanning se enfrenta cada vez más a la muerte, al tiempo que debe hacer frente a la traición de sus padres y familiares cercanos.
La película también retrata la compleja vida en Amrum. Los isleños, que antes vivían de la caza de ballenas y ahora tienen que conformarse con lenguado y alguna que otra foca, hablan un dialecto frisón septentrional (Öömrang), que los distingue de los forasteros. Además, llama la atención el gran número de habitantes de Amrum que se han trasladado a los Estados Unidos. Esa migración ya estaba en marcha en el siglo XIX, porque los hombres de la isla no tenían ganas de servir tres años en el ejército prusiano. Así, la película contiene numerosos detalles que revelan algo sobre la identidad específica de los habitantes.
A pesar del tema, La isla de Amrum irradia calidez y esperanza. El humor y la ironía tampoco faltan. El clímax de la historia del sándwich es encantador y tierno. También son impactantes las escenas en las que Nanning tiene que atraer a una foca y el niño usa su uniforme de las Juventudes Hitlerianas para persuadir a un nazi de que le dé mantequilla.
La mirada infantil ante la culpa colectiva alemana
Fatih Akin, que aquí ejerce de director y coguionista junto a Hark Bohm, narra la historia con ese estilo sobrio y claro que ya caracterizaba sus primeras obras. El resultado es una mirada cinematográfica a los abismos de una sociedad que se tambalea entre la represión, la culpa, el colapso y la esperanza de un futuro mejor. Para ello, entrelaza la historia personal de Hark Bohm con el trauma colectivo de la guerra, creando un drama íntimo ambientado en una isla que narra el fin de una era y la historia de un niño que, en medio de las ruinas, intenta conservar su humanidad.
La puesta en escena de Fatih Akin comienza con un lenguaje visual poético, casi meditativo, e impresiona por su cautivadora austeridad visual. La cámara de Karl Walter Lindenlaub (Independence Day) capta la austera vida isleña en tonos apagados. El cielo y el mar se funden en un horizonte gris y en un viento gélido que sopla constantemente.
Desde el punto de vista narrativo, Akin se mantiene fiel a la perspectiva del niño. A través de los ojos de Nanning, la guerra se presenta como una mezcla de confusión y rutina, en la que no es posible distinguir claramente entre el bien y el mal. Su participación en las Juventudes Hitlerianas no se idealiza, sino que se muestra como una expresión ingenua de su entorno, que no conoce alternativas.
La estrella de Hollywood Diane Kruger (Malditos bastardos) retrata con cruda sensibilidad a una campesina que se ha alejado interiormente del régimen y ofrece al niño trabajo y orientación: una figura moral opuesta, al igual que el pescador Sam Gangsters, interpretado por Detlev Buck, que poco a poco va haciendo tambalear la visión del mundo de Nanning. Esta cercanía a la percepción infantil otorga a la película profundidad emocional, pero al mismo tiempo la hace parecer algo fragmentaria: muchas cuestiones políticas y sociales quedan insinuadas y nunca se exploran por completo.
En cuanto al contenido, La isla de Amrum adopta un enfoque audaz: Akin aborda la culpa colectiva alemana, el legado del nacionalsocialismo y la cuestión de cómo esta carga podría seguir afectando a las generaciones posteriores. Sin embargo, es precisamente aquí donde la película pierde algo de fuerza. Algunas escenas, como una secuencia onírica en la que Nanning se enfrenta a una figura inquietante (Matthias Schweighöfer en el papel de su tío Theo) por los pecados de sus padres, resultan demasiado didácticas y explicativas. En lugar de una sutil ambivalencia, se impone una claridad simbólica excesiva. Aunque Akin logra captar la tensión moral del momento, apenas evita imponer al público una interpretación única. De este modo, La isla de Amrum pierde esa perspicaz complejidad que sus imágenes insinúan con tanta fuerza.
Conclusión de 'La isla de Amrum'
La isla de Amrum es una impactante película sobre el paso a la madurez, aunque no exenta de imperfecciones, que narra el fin de un mundo y el comienzo de una reorientación moral. Con delicadeza visual y moderación emocional, Fatih Akın aborda la culpa, la compasión y la pérdida de la inocencia. A pesar de algunas debilidades narrativas y de una ocasional falta de sutileza, la obra es un impresionante ejercicio de superación histórica que convence por las sólidas interpretaciones de los actores y un lenguaje visual impactante.
Reportaje de La isla de Amrum en Días de Cine TVE
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