Creación Guiones

Diego París y Paco Rodríguez unen fuerzas con La vida a hostias. Mientras que París se encarga de la dirección, Rodríguez es el artífice de la dramaturgia. Además, el escritor también protagoniza la obra, junto a Aitor Merino y Susana Garrote. Esta producción cómica reflexiona sobre los golpes que da la vida, con una crítica mordaz a la sociedad. Estrenada el pasado 20 de febrero de 2021, se mantiene en el Teatro de las Aguas, de jueves a domingo, durante el mes de marzo.



La vida a hostias

Crítica de 'La vida a hostias'

Ficha Técnica

Título: La vida a hostias
Título original: La vida a ostias

Reparto:
Paco Rodríguez
Susana Garrote
Aitor Merino

Duración: 75 min. apróx.
Dirección: Diego París
Dramaturgia: Paco Rodríguez
Textos: Juan Carlos Rubio, Juan Cabestany y Alberto San Juan
Vestuario: Sagra Mielgo
Escenografía: Ysrael con Y
Producción: Producciones Garrote

Sinopsis de 'La vida a hostias'

Luis, un autor de vuelta de todo que sostiene, cual Hamlet contemporáneo, en lugar de una calavera, una máscara protectora de boxeo, nos sumerge en las experiencias de una vida construida a base de sonrisas y hostias: Una doctora frustrada y resentida por no haber alcanzado el éxito artístico inyecta un líquido mortal a la madre del autor, Mari Carmen, justo el día en que por fin iba a publicar su poemario.

Luis, quien antes fue un ejecutivo rígido y formal. Recibe la visita de un extraño hombre que afirma ser su ángel de la guarda y que, de pronto, lo transportará a una infancia entre nubes de algodón. La Trini, que vagabundeaba por el barrio con sus latas de comida para gatos imaginando una vida de ensueño para huir de la soledad y la locura. El episodio adolescente en el que el autor, para hacer reflexionar a sus padres, que lo machacan con la obligación de escoger un camino en la vida, les informa de que su propósito es llegar al culmen de la homosexualidad, por lo que acabará llevándose un buen carro de hostias.

La metáfora que nos presenta a dos hombres: Manolo, el sometido, y Ortega, el dominante; el autoritarismo y la fuerza del de arriba oprimiendo el cuello, literalmente, del débil y obediente. Por último, la madre del autor cuando también era adolescente en aquella España en blanco y negro, junto a su compañera de clase, Asunción. Ambas fans -en secreto- de los Beatles, que luchan entre sus irrefrenables ganas de ir al concierto del grupo británico en la Plaza de Toros de Las Ventas o pertenecer, como está mandado, a la Sección Femenina de La Falange Católica. Y esto es La vida a hostias. (TEATRO DE LAS AGUAS).



La vida a hostias
Foto de Producciones Garrote

La metáfora de la vida

Como si se tratase de un dicho castizo, La vida a hostias, de Paco Rodríguez, se revela como una comedia ácida, que no tiene pelos en la lengua. De esta manera, consigue que su relato principal explote la crítica social desde un punto de vista mordaz, sin dejar apartada la clave de humor en ningún momento. Exportado como una autobiografía ficcionada, se hablan de temas como el amor, la sexualidad, la vitalidad y hasta la propia historia patria. De esta forma, Rodríguez dibuja un relato que propone al espectador un espejo en el que puede sentirse reflejado, al invertir los roles, yendo desde lo concreto a lo universal. Gracias a ello, la empatía que se va fraguando con las distintas metas que se proponen, está bien conseguido, obteniendo una buena recepción por parte del público.

La estructura de la historia se divide en diversos capítulos que sirven de ejemplo gráfico de la dramatización de la vida. Por lo cual, hay ese factor de metateatro, que reivindica la necesidad de crear y dibujar la fantasía en las historias culturales. Lógicamente, aprovechando el mensaje claro que se desea, no ha perdido la oportunidad de dar lugar al mundo de la cultura. De esta forma, sobre todo en tiempos de pandemia, se denuncia la necesidad de las artes como parte de la vida. Únicamente, hay alguna parte que no logra la misma fluidez que el resto, ejemplo de ello es la de la “loca de los gatos”. Se comprende perfectamente la motivación y la moraleja, pero no cala tanto. Aun así, luego, hay grandes momentos, como el del monasterio, que equilibran el resultado y las carcajadas se aseguran en esa narrativa tan alocada.

Teatro de las Aguas
Foto de Producciones Garrote

El esperpento de la comedia

Uno de los aspectos más relevantes de La vida a hostias es la elección de su reparto, formado por Paco Rodríguez, Susana Garrote y Aitor Merino. En primer lugar, Merino se convierte en el eje central de la pieza teatral, controlando en todo momento la sinergia que se va creando entre sus compañeros. Además, tiene un atractivo eficaz en su manera de interactuar con el espacio, con una mirada cercana y que termina por seducir a los espectadores. También cabe destacar que sabe exponer sus distintas facetas, como la del pie sobre el cuello, donde logra explotar una firmeza y una presencia más torrencial. Gracias a ello, se pueden disfrutar de los diferentes perfiles del actor en su valía como profesional del medio artístico. Inclusive, a pesar de tener el peso dramático sobre él, no abusa de su presencia escénica.

Ese compañerismo artístico se vive también en los otros dos actores de la obra. Por su parte, Susana Garrote está magnífica, con una transformación en cada uno de sus personajes, que hace que ninguno se parezca al anterior. Con lo cual, luce su interpretación sin problemas y conoce bien la escucha con el propio escenario. Como anécdota, aplaudir el detalle de la improvisación en cierta parte, que le dio todavía más vida a la propia pieza teatral. Después, para cerrar este reparto, Paco Rodríguez vuelve a demostrar la buena energía que promulga desde la comedia. Desde el principio, se puede ver que es un género en el que se mueve como pez en el agua. Hay escenas donde es imposible parar reír. Utiliza tan bien el humor dialogado, como el lenguaje no verbal, que es una apuesta segura hilarante.

Teatro de las Aguas
Foto de Producciones Garrote

Historias encontradas

La puesta en escena de La vida a hostias se mueve entre retazos de recuerdos y de esa autobiografía ficcionada del principal protagonista de la pieza teatral. La escenografía goza de una propuesta minimalista, donde se apoya en tres estructuras cuadriculadas fluorescentes y los diversos cambios de vestuarios que se van fraguando. De igual manera, se apoya ligeramente en el audiovisual, lo que permite contextualizar cada parte y así evitar que el espectador pueda estar confuso ante la escena. Para comenzar, al minimalismo saben sacarle partido, al poder dar mayor énfasis a la coreografía y al propio movimiento de los cuerpos. Asimismo, en el vestuario, se aprecia que haya ese recargo colorido y se agradecen las propuestas desde este aspecto técnico. Le da viveza y hace que el espectáculo trace una buena ejecución del dinamismo.

Lo mismo sucede con las transiciones, las cuales son muy fluidas, lo que obtiene una buena conjunción de los aspectos estéticos y narrativos de la propia obra. También sería importante subrayar el uso de la iluminación, la cual aparece de una forma más tenue y sutil, pero que marca muy bien cada una de las escenas. No obstante, en el arreglo sonoro se perciben algunos fallos en el ajuste de volumen. A pesar de escucharse los diálogos, hay partes en donde la música dificulta una comprensión más nítida hacia el espectador. Excepto por ese motivo, el espacio sonoro cumple con su función. Después, el ritmo es, generalmente, excepto algún momento puntual, entretenido, ágil y disfrutable. Unido a un guion con verdaderos momentos, el resultado es una experiencia crítica, picante y divertida.

La vida a hostias
Foto de Producciones Garrote

Conclusión de 'La vida a hostias'

La vida a hostias realiza una crítica social interesante, que se cubre de gloria con momentos hilarantes. Es imposible no reírse de las esperpéntica situaciones que aparecen. Únicamente, hay alguna escena que no funciona con la misma fluidez, pero no limitan el resultado final. Después, el reparto principal está inmenso, viéndose la buena conjunción que se forma entre los tres y la buena energía que comparten. En relación a la puesta en escena, hay un uso minimalista del atrezzo, que se adereza con un magnífico uso del vestuario, la iluminación y las transiciones. Sin embargo, los niveles de volumen y alguna deceleración en el ritmo, en alguna ocasión, podrían pulirse para brillar aún más. Una bofetada ácida, que no se olvida del humor, para exponer los golpes de la vida llevados al extremo.

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