El pasado 16 de diciembre de 2020 llegó a El Pavón Teatro Kamikaze el reestreno de Las canciones, de Pablo Messiez, uno de los montajes mejor valorados del 2019. Bajo las influencias del teatro de Anton Chéjov, el dramaturgo expone su visión del poder de la música, considerada una de sus mejores obras de su carrera teatral. Asimismo, el público es invitado a participar en el disfrute de una selección de gran calidad, con casi 20 canciones, donde figuran artistas de la talla de Jacques Brel hasta Liza Minnelli. Se puede disfrutar de la obra hasta el 10 de enero de 2021.



Las canciones

Crítica de ‘Las canciones’

Ficha Técnica

Título: Las canciones
Título original: Las canciones

Reparto:
Javier Ballesteros
Carlota Gaviño
Rebeca Hernando
José Juan Rodríguez
Íñigo Rodríguez-Claro
Joan Solé
Mikele Urroz

Duración: 105 min. apróx.
Dirección: Pablo Messiez
Dramaturgia: Pablo Messiez
Dirección de producción: Jordi Buxó y Aitor Tejada
Producción ejecutiva:
Pablo Ramos Escola
Producción:
Víctor Hernández
Escenografía y vestuario:
Alejandro Andújar
Realización vestuario:
Ángel Domingo
Ambientación:
María Calderón
Colaboración vestuario:
Mamen Duch
Iluminación:
Paloma Parra
Diseño sonoro:
Joan Solé
Coreografía:
Lucas Condró
Ayudante de dirección y sobretítulos:
Javier L. Patiño
Traducciones:
Lorenzo Pappagallo
Regidora en gira:
Celia Mira
Técnico de maquinaria en gira:
Víctor Sánchez
Técnico de sonido en gira:
Iñaki Ruiz Maeso
Distribución:
Caterina Muñoz Luceño
Comunicación:
Pablo Giraldo
Fotografía:
Vanessa Rábade
Diseño gráfico:
Patricia Portela
Producción: El Pavón Teatro Kamikaze

Tráiler de ‘Las canciones’

Sinopsis de ‘Las canciones’

Parece que antes de nacer ya estábamos escuchando cosas. Luego, ya en el mundo, nos vimos rodeados de entonaciones. Con el tiempo, algunas se fueron convirtiendo en palabras. Palabras que aprendimos a decir y a repetir hasta olvidar que alguna vez fueron música. Y así crecimos, con el lenguaje y sus sentidos, atenuándole su musicalidad a la voz.

Por suerte, también cantamos. Y cuando cantamos el cuerpo recuerda que hay algo más en las palabras que unas ideas en los labios. Que hay mucho más en cada nombre que un deseo de nombrar. Hay aire, movimiento, voluntad y música. Por eso nos acompañan las canciones. Las que nos cantaban para dormir, las que cantamos borrachos, las que están atadas a un recuerdo para siempre, las que nos hacen reír, las que no podemos escuchar sin llorar. Para recordarnos ese misterio. El que conocemos antes de nacer. El de la música que hay en todo.

Las canciones nace del deseo de ocuparnos del sentido siempre abierto, el primero: el escuchar. Escuchar el mundo y escuchar su música contra la que ningún párpado protege puesto que, como dice Quignard, ningún párpado se cierra sobre la oreja.

En Las canciones, un grupo de personas se reúne para escuchar diversas músicas. Y lo que en principio parecía un acto inofensivo –un grupo de gente escuchando y cantando canciones– termina por transformarlos a todos.

Es lo que sucede al asomarse a algún misterio. (EL PAVÓN TEATRO KAMIKAZE).



Las canciones
Foto de Teatro Kamikaze

La caja de música

Considerado uno de los montajes más destacados del 2019, Las canciones, de Pablo Messier, se descubre como una historia que basa su fuerza en el propio concepto de escuchar. Con claras referencias de la obra “Tres hermanas”, de Antón Chéjov, también se ve la influencia de su estilo simbólico y naturalista, donde el relato se desarrolla en un maremoto de emociones. Así consigue que la música vaya entrando hasta las vísceras de las distintas líneas narrativas, donde no se debe solo al diálogo, sino también a la representación del bagaje íntimo y personal de cada uno de los personajes. Esa visión del dolor se convierte en una reflexión activa, que obtiene el triunfo gracias a una interactividad empática con los espectadores. Son ellos mismos quienes eligen aquello que no se dice.

Otro de los puntos que fascinan al público es la manera de retorcer la dramaturgia, para que esas referencias se orienten a una obra absolutamente cautivadora y en la que no se deja forzar absolutamente por nada. Gracias a ello, va fluyendo por unas motivaciones complejas y con una profundidad que despierta la atención constantemente. Asimismo, deja espacio también de una forma cruda y directa a los pensamientos, los cuales afloran desde dentro hacia fuera. Al mismo tiempo, no se reduce a una consecución de escenas, sino que mantiene viva la historia con situaciones que suceden en paralelo. En este aspecto, es donde introduce los fuera de plano principal, siendo una creación más emocional. Dentro de esa tormenta de pesimismo, también lucen el deseo, la esperanza y la luminosidad, lo que demuestra la sensibilidad de Messiez. 

Teatro Kamikaze
Foto de Teatro Kamikaze

Un cumpleaños especial

El conjunto actoral que forma parte de Las canciones brilla con luz propia, por una conjunción sinérgica en la que ninguno se queda atrás. En primer lugar, Rebeca Hernando llega como un faro sombrío, con una elegancia y contundencia escénicas que dibujan perfectamente la personalidad de su Olga. Durante toda la pieza teatral va dejando salir ese desgarro, pero sin dejar la dureza de lado. Luego, Mikele Urroz es la contraposición de Olga, pero siguiendo una combinación muy estética. En esa expresividad más cercana a la candidez, también deja salir una inocencia corrompida y traumática. Tiene una fragilidad muy fina, que contrasta con la personalidad del resto de personajes. Por otro lado, José Juan Rodríguez llega desde un punto de vista singular, pero dentro de esa excentricidad, también se ve su templanza a la hora de ejecutar la verosimilitud dentro de las rarezas que le persiguen.

Después, Íñigo Rodríguez-Claro y Carlota Gaviño son el último hermano y su esposa, en la ficción. Mientras que sobre Rodríguez-Claro pesa esa amargura y lo explota en la pesadumbre que transmite al espectador, Gaviño es su némesis vigorosa. Por lo que, Gaviño aporta esa frescura de la cotidianidad más sencilla, pero el guion consigue revolverla para mostrar en ella una metamorfosis escénica que aprovecha totalmente. Por último, Joan Solé y Javier Ballesteros llegan desde un plano más reservado, pero van mimetizándose con el medio, cayendo en la extraordinaria realización del lenguaje corporal. Además, sus interpretaciones navegan por una línea distinta, que les da unos matices vivaces y experimentales junto a sus compañeros. Los dos saben poner la guinda al pastel y cierran un conjunto espléndido. Como apunte, todos ellos destacan en sus monólogos dramáticos.

Teatro Kamikaze
Foto de Teatro Kamikaze

La energía por sus cuerpos

Una vez se entra en el Teatro Kamikaze, la espera no se hace nada pesada. La razón no es otra que Las canciones ya comienza incluso antes del pistoletazo oficial. En ese momento, se puede ver que la creación artística va a usar el espacio como propio medio de expresión, basando, sobre todo, su ahínco en la música. A continuación, empieza a activarse toda una puesta en escena que utiliza el medio como ese torbellino de energía. Una gran caja de música invade la propia escena, sirviendo de herramienta que produce un mayor impacto sonoro en el espectador. Gracias a ese matiz, se aprovecha con una selección sonora exquisita, que lleva por distintos estilos, pero con una coherencia y una potencia impresionante. Deja totalmente enamorado al espectador. Por ende, la conexión se vuelve instantánea.

Luego, la coreografía y la relación con el espacio es primordial, dado que no se ha limitado a una interacción banal. Por tanto, hay una expresividad intrínseca en la forma de abordarlo, lo que deja patente la sensibilidad artística de los aspectos más visuales en escena. Así consiguen retorcer los propios cuerpos, lo que sorprende al espectador, que pronto es contagiado por esa atmósfera disparada. Sin duda, Messiez ha sabido escenificar el significado espiritual de la escucha y de sentir la música. Se agradece, de esta manera, que haya ese aspecto más cercano a la performance, pero que empasta a la perfección con el medio dramático. Por último, el uso de los fuera de escena y los elementos audiovisuales son precisos, terminando de matizar la obra y remando a favor de obra.

Las canciones
Foto de Teatro Kamikaze

Conclusión

Las canciones es una metáfora elegante y llena de fuerza para definir el significado de la escucha, de la música y el sentir. De esta forma, se combina con las influencias de la obra de Chéjov y del bagaje artístico de Pablo Messiez. Sin embargo, crea una obra totalmente independiente y propia, con una sensibilidad exquisita. Asimismo, el reparto está estupendo, con un trabajo coral muy bien trabajado. La puesta en escena retuerce los cuerpos al mismo tiempo que se basa en el movimiento y en la conexión sonora. En consecuencia, el espectador queda cautivado por la buena sinergia entre todos los elementos en escena. El poder de la música llega en un torrente de talento teatral, que produce placer a grandes niveles.

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