Federico García Lorca, en el Acto II de su célebre obra Bodas de sangre, escribió: "Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque!" Unas palabras que menciona Leonardo, el único personaje con nombre propio de la aplaudida pieza teatral y cuyo trágico destino, así como el del arquetípico Novio, sirven de premisa para el hispano-argentino Matías Benedetti y su propuesta, Leonardo y el Novio, que se convierte en una de las apuestas del Teatro Lara de esta temporada 2026-2027 y que estará en la sala Lola Membrives todos los jueves de septiembre a las 19:30.

Crítica de 'Leonardo y el Novio'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Leonardo y el Novio
Título original: Leonardo y el Novio
Reparto:
Daniel Rimón (El Novio)
Nehuen Sánchez (Leonardo)
Duración: 65 min. aprox.
Dirección: Matías Benedetti
Dramaturgia: Matías Benedetti
Prensa y comunicación: Diego Da Costa
Producción: Boston Producciones y Kume Producciones
Tráiler de 'Leonardo y el Novio'
Sinopsis de 'Leonardo y el Novio'
Después de la muerte, en un espacio incierto —quizás un purgatorio, quizás un no-lugar—, Leonardo y el Novio, personajes de Bodas de sangre, se encuentran condenados a reconstruir lo sucedido.
Ambos murieron. Ambos mataron.
Y ahora deben enfrentarse a una pregunta que no cesa: ¿por qué?
Atrapados en una memoria fragmentada, buscan limpiar, ordenar, dar sentido a aquello que los arrastró hacia un destino inevitable. No se trata solo de recordar, sino de depurar: separar el amor de la violencia, el deseo de la culpa, la verdad de las versiones que cada uno construyó.
¿Fue el amor lo que los llevó a la desgracia? ¿O fue aquello que el amor despierta cuando alcanza su punto más profundo, ese centro del que ya no se puede salir?
En este territorio suspendido, Leonardo y el Novio buscan redención a través de la memoria: entender para poder soltar.
Pero cuando las cosas llegan a su centro, ¿hay realmente algo que pueda arrancarlas?
Dos hombres condenados a reencontrarse tras la muerte reviven los últimos acontecimientos que los llevaron a enfrentarse en un duelo fatal. En un espacio suspendido entre la memoria y la redención, Leonardo y el Novio reconstruyen los hechos, cuestionando si fue el amor, el deseo o el destino lo que los condujo a la tragedia. Un viaje íntimo y poético que revisita el universo de Bodas de sangre desde una mirada contemporánea sobre la culpa, la identidad y la posibilidad del perdón. (TEATRO LARA).

Atmósfera tragicómica
Como en una especie de limbo, Leonardo y el Novio se enfoca en lo que sucede con los espíritus de los dos amores de la Novia tras matarse mutuamente en el final de la obra de García Lorca. Aunque parte de una tragedia, Benedetti ya inicia su montaje con una vis cómica inesperada que ayuda a rebajar la tensión que se percibe tras el fatal destino de ambos hombres.
Y es que la puesta en escena logra crear una extraña atmósfera gótica, en la que sus protagonistas están en una mesa de un banquete de bodas, rodeados de papeles desperdigados por toda la sala, como si fueran de antiguos libros perdidos, como si la obra y las palabras de Lorca rodeasen completamente a la producción. Ese momento busca representar aquella celebración que no fue, atrapada en un tiempo etéreo, propio de un purgatorio.
El autor invierte esa lógica, convirtiendo la pieza en un punto de vista masculino. Las obras de teatro más aplaudidas de Lorca, tanto con Bodas de sangre como con Yerma y La casa de Bernarda Alba, tienen su principal fuerza en el territorio femenino, siendo el afamado dramaturgo y poeta uno de los autores que con mayor fuerza dramática retrató a la mujer rural española de su tiempo. Benedetti lo invierte, adoptando un punto de vista masculino de las consecuencias de dejarse arrastrar por la pasión desmedida.

Tras lo sucedido en la tragedia lorquiana
Si Lorca mostraba el dolor que dejaba la violencia del varón, Benedetti reflexiona sobre lo que hay detrás de ella. De ahí que utilice a ambos personajes para explorar los motivos que los llevaron a convertirse cada uno en verdugo del otro. En cómo la sociedad castiga al varón que se muestra débil o sensible, mientras que premia a aquel que tiene un carácter rudo y seductor. El texto no plantea un ejercicio de ‘buenos y malos’, sino que hace preguntarse a sus dos personajes por la responsabilidad de sus actos, en un ejercicio que tiene mucho de comedia, pero también mucho de drama de aspiración clásica.
Esa entremezcla transforma esta secuela espiritual de ‘Bodas de sangre’ en una tragicomedia diferente a lo que se ha visto en homenaje a Lorca, siendo su estreno en un año clave, dado que este 2026 se conmemoró el 90 aniversario del asesinato del aclamado miembro de la Generación del 27, fusilado en Granada por el bando sublevado durante la Guerra Civil Española el 18 de agosto de 1936.
Ahondar en esa parte masculina, compleja e incómoda de la obra le dota a Leonardo y el Novio un trasfondo rico, que la pieza sabe combinar en esa mezcla de géneros, así como también rescatando retazos que son clave para la interpretación de los actos de ambos. El autor no demoniza al Novio ni santifica a Leonardo, los humaniza, en un ejercicio en el que ambos terminan responsabilizándose de haberse dejado arrastrar por la visceralidad de la pasión. Esto rompe con el fatalismo original que propiciaban la Luna y la Muerte.

Dos miradas masculinas
El resultado es más que correcto, dado que aprovecha sus 65 minutos para ser una producción con ritmo, con dos actores que derrochan química, con estupendas transiciones del humor al drama y un sabio ejercicio del uso tanto del espacio como de los silencios y la corporalidad de sus roles principales.
Benedetti consigue ofrecer una mirada alternativa a lo que representa Bodas de sangre. Eso lo logra con el compromiso de sus intérpretes. Está Daniel Rimón como el Novio. El intérprete, que en televisión se le ha visto en series como Amar es para siempre o Acacias 38, triunfó en la temporada 2024-2025 en el Lara con la comedia Desmontando a Gatsby. Su trabajo logra crear una complicada empatía hacia un hombre víctima de lo que se espera de él por ser el ofendido, el que debe vengar el honor de la familia y su obligación como nuevo patriarca de su familia.
A su lado está el argentino Nehuén Sánchez. El actor no oculta su acento, es más, presume de él. Eso favorece dos lecturas que ayudan a entrar en la obra: muestran la universalidad de la pieza original de Lorca y consiguen romper esa atmósfera puramente trágica. Si el Novio muestra las consecuencias de un hombre presionado por defender el honor y su arcaico concepto, Leonardo deja en evidencia a aquel varón que sólo reclama el amor de la Novia cuando ve que dejará de estar disponible. Habitualmente se ve a Leonardo como esa seducción que arrastra hacia lo inevitable de las pasiones… pero aquí se lo ve como ese hombre que abandonó a su esposa embaraza dae hijo pequeño para huir a un camino imposible.

Conclusión
Ambos actores consiguen alejar del arquetipo a sus personajes, en una creación que atrapa por su equilibrada combinación de drama y comedia. Leonardo y el Novio es una tragicomedia que logra ser una buena reinterpretación de la tragedia lorquiana, con la que los actos de sus personajes terminan resonando en el público actual.
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