Litoral es un modesto pero interesante corto, sencillo, natural, espontáneo y nostálgico, que recrea los recuerdos personales del autor a lo largo de su infancia y juventud sobre el pasado y el presente de su familia en La Cala del Moral, pequeño núcleo de población adyacente a Málaga capital. Puedes leer AQUÍ otra crítica realizada por Cinemagavia de este cortometraje

Aunque coincidente en el título y en su origen malagueño, el corto no tiene nada que ver con la interesante «Litoral (Revista de poesía, arte y pensamiento» que publica números monográficos llenos de textos, ilustraciones y fotos magistrales editada desde Torremolinos por Lorenzo Saval. Se puede ver el cortometraje en Filmin.



Litoral

Crítica del cortometraje Litoral

Ficha Técnica

Título: Litoral
Título original: Litoral

Reparto:
Ana Robles

Año: 2019
Duración: 20 min.
País: España
Director: Juanjo Rueda
Guion: Juanjo Rueda
Fotografía: Juanjo Rueda
Música:
Género: Documental
Productora: Cochabamba Films

Filmaffinity

IMDB

Tráiler del cortometraje Litoral

Sinopsis

Litoral es un cortometraje documental que narra la historia de un pueblo, de un matrimonio y de una forma de entender la vida que sólo permanece en los recuerdos.

Premios

  • Festival de Málaga: Selección cortometrajes. 2020
  • Festival de Sevilla: Mejor cortometraje – Panorama Andaluz. 2019
  • Festival de Valladolid (Seminci): Selección cortometrajes. 2019


Collage de recuerdos en el Litoral malagueño

Juanjo Rueda, guionista y director de cortos y videoclips desde 2012, fundador de la productora Cochabamba en 2018 con varios proyectos en desarrollo actual, presenta en  Litoral (2019) su buceo personal en la arqueología familiar. Con muy escasos medios, pero con resultado digno y encanto natural a través de antiguas fotos de familia en blanco y negro, retratos de tibios colores y cintas domésticas de formato VHS que nos sitúan en los años del desarrollismo español de los años 60 y 70. En esas décadas bajo el impulso del gran auge del turismo que democratizó las vacaciones para las clases medias cambió el paisaje de la mayoría de localidades del litoral mediterráneo.

Parte con planos intimistas conversando con su abuela Ana en la actualidad ya viuda y octogenaria haciendo ejercicio de añoranza sobre su vida. Sentada al fresquito más saludable y conveniente para calmar los calores veraniegos y con el espectáculo natural de la calma del atardecer en el Paseo Marítimo, desde la terraza de “La Ñora”, un popular restaurante de Rincón de la Victoria.

Allí, con la mirada cómplice del director, nieto en la vida real, Ana nos va desgranando espontánea y vitalista, anécdotas y recuerdos de más de 60 años de vida que chispean desde las viejas fotografías, que bien manejadas en el premiado montaje, van componiendo un mosaico de teselas llenas de ternura y nostalgia.

La abuela que vivió una corta y dura adolescencia muy habitual en la época, enseguida conoció las estrecheces económicas que obligaban a madurar rápido, más aún, ya casada a los 18 años con el otro gran protagonista de la trama del corto, el abuelo Juan, a quien rememora desde su ausencia en su viudez tardía, pero no por ello menos dolorosa.

El largo túnel de la vida

La segunda parte del corto transcurre navegando por el Litoral centrándose en la personalidad y vida del abuelo, trabajador durante 40 años en la popularmente conocida en Málaga como Fábrica de Cementos de La Araña, por estar frente a la coqueta playa con nombre de arácnido y pegada a la carretera en dirección a las populares barriadas de El Palo, en las afueras de la capital boquerona.

Continúan planos de estética naturalista que nos introducen en el interior de los túneles de El Cantal para llegar a la Hornacina de la Virgen del Carmen, mientras la protagonista desbroza la fatigosa vida laboral de su marido que le fue minando la salud año tras año hasta tener que jubilarse antes de cumplir los sesenta años aquejado de silicosis por los contaminantes aspirados en su trabajo.

La travesía del largo túnel, acompañada de su nieto Juanjo Rueda, es una clara parábola de su lento caminar por una vida de estrecheces y dificultades en la que había luces y alegrías familiares. Igualmente también sombras y ansiedades por el devenir que aliviaba en sus últimos años la economía familiar gracias a la reconversión del abuelo como mecánico de máquinas tragaperras.

Oficio este imprescindible para los negocios de bares y salones de juegos recreativos, como así se denominaban pomposamente los antros donde el humo del tabaco, propio o ajeno, impregnaba la ropa, impidiendo poder mentir con éxito en nuestra llegada a casa  “si nos habíamos fumado algunas clases”.

El acertado montaje del corto nos hace pasar de manera natural, de secuencia en secuencia, mientras avanza el guión que va hilvanando acontecimientos sencillos de la familia unida en torno a los abuelos.

Soñando en el cine Miramar

En la parte final el director describe, a través de la mirada llena de sabiduría popular de su abuela, los entretenimientos favoritos del patriarca de la familia, gran aficionado a ver películas que gustaba disfrutar en uno de esos célebres, y casi desaparecidos, cines populares al aire libre, refrescantes cines de verano, frecuentando el Miramar como su local preferido, donde seguramente dejaba correr ensoñaciones que le complacían,compensando sinsabores de su dura vida.

La narración apoyada en escasos recursos técnicos se vuelve intimista y triste cuando Ana cuenta cómo fueron los últimos años de su marido que, aquejado por el avance de la enfermedad, se vio obligado a operarse perdiendo el habla, afectándole mucho anímicamente, perdiendo su carácter siempre alegre y bromista que le caracterizaba.

Sus tres últimos años de vida sin habla son recordados con resignación y tristeza, sin desear entrar en detalles apenas hasta que falleció a los 78 años tras dos meses hospitalizado.

Ahora, como tantas otras veces, desde su ventana la abuela el 16 de julio ve pasar la procesión marinera  de la Virgen del Carmen siguiendo abierta al manto protector de su familia.

Cierra el corto con planos alegóricos muy apropiados para cerrar el círculo de la narración que, de manera sencilla, pero llena de ternura y humor, nos permitió acompañar a la familia del autor aceptándonos como un miembro más que se incorpora sintiéndola como propia.

Conclusión de Litoral

Corto naturalista que nos hace sentirnos cercanos formando parte de la intimidad cotidiana de la saga familiar del director, con la perspectiva y protagonismo de una entrañable abuela llena de sabia sensatez-

Salimos de la proyección buscando espontáneamente en la calle algún rostro donde encarnar sencillas pero magníficas historias como ésta.

Testimonio documental recomendable para ver por personas de cualquier edad que aún vibren con las anónimas, pero muchas veces enriquecedoras, existencias llenas de la sencilla filosofía de vivir.

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