El pasado 5 de abril se estrenó Lo siento, no era yo en Nave 73, una producción de la compañía Helarte. Basada en una historia real, la pieza habla sobre los Trastornos de la Conducta Alimentaria, siendo una de las alarmas sociales más importantes de la realidad social actual. Además, ha subido un 20% desde la pandemia. Escrita y protagonizada por Esther Berzal, se representará hasta el 20 de abril.



Estreno de Lo siento, no era yo

Crítica de 'Lo siento, no era yo'

Ficha Técnica

Título: Lo siento, no era yo
Título original: Lo siento, no era yo

Reparto:
Lauren Gumuccio
Ana Belén Camarero
Esther Berzal

Duración: 80 min. apróx.
Dirección: María Uruñuela
Dramaturgia: Esther Berzal
Espacio sonoro: Marina Paredes
Diseño de iluminación:
María Uruñuela
Ayudante de dirección:
Inma Almagro
Fotografía:
Bruno Praena
Producción: Compañía Helarte

Tráiler de 'Lo siento, no era yo'

Sinopsis de 'Lo siento, no era yo'

Basta un espejo para tener un enemigo. Lo siento, no era yo cuenta la historia de Carmen. Carmen es una chica joven, fuerte y segura, pero no puede dormir por culpa de una foto suya.

En medio del insomnio y la inquietud, aparece Ágata. Ágata es esa parte de ella que contiene sus miedos, sus demonios, sus deseos.

Desde ese momento, Carmen empieza a cambiar drásticamente su relación con su cuerpo, los otros, y con la comida. (NAVE 73). 



Lo siento, no era yo
Foto de Bruno Praena

El enemigo dentro

Esther Berzal expone una realidad que sigue siendo una problemática social de gravedad mediante una dramaturgia que explora algunos de los conceptos que surgen en los trastornos alimenticios. Por ello, Lo siento, no era yo, se envuelve ante situaciones que muestran los cambios sustanciales en las personas que lo padecen, así como el complejo mundo interior que se formula en su mente. Por ello, se puede ver un texto comprometido, donde realmente se ve la intención y la necesidad de exponer las heridas reales de aquellas personas que lo viven. Además, cabe mencionar que en el final del segundo tercio de la obra, se produce un momento de absoluta emoción y visceralidad. Con lo cual, es un ejemplo de cómo la pieza logra varios puntos sólidos.

Sin embargo, el conflicto que se halla es la concentración de varias respuestas que se comprenden en el contexto, pero que no funcionan como un relato consolidado. Por ende, se presenta cierto desorden en la estrategia narrativa, donde se entremezclan el estilo indirecto con el directo, sin una justificación artística de gran peso. En consecuencia, se otorga un aire literario que no encaja con la naturaleza del montaje. Asimismo, se ralentiza la acción, lo que lleva a pasajes en los que se anquilosa, perdiéndose el interés en lo que sucede sobre la escena. A pesar de ello, hay una humanidad en la que se ve el potencial, siendo un posible camino para lograr una mayor conexión con el público, algo importante por la temática abordada.

Compañía Helarte
Foto de Bruno Praena

El espejo

Una de las decisiones mejor valoradas es la de desglosar el papel principal en Lauren Gumuccio y Esther Berzal. Desde el principio, se puede ver la simbiosis que forman entre ellas, permitiéndose complementarse de una forma muy acertada. Después, por un lado, Lauren Gumuccio está comprometida con la obra, se ve las ganas que tiene, pero todavía le falta cocer algo más su labor dramática. Por tanto, no presenta siempre una naturalidad o verosimilitud que le permita dar mayor fuerza a su parlamento, también se ve una expresividad más encorsetada. En consecuencia, tiene las herramientas y el mensaje, algo que ya anota de forma positiva, pero el vehículo expresivo todavía está en construcción. No obstante, en las escenas que le exigen más fuerza se presenta más cómoda.

Esther Berzal presenta una expresividad muy original, tiene una personalidad especial que hace que brille en escena. Gracias a ello, su lenguaje corporal y facial hacen que se vea ese contraste entre la fantasía y la realidad. Además, afronta de una manera muy bien trabajada las partes más viscerales en las que se transmite una naturalidad bien escogida. Asimismo, hay química con Lauren Gumuccio, creciéndose las dos junto a la otra. Con lo cual, se valora el trabajo en equipo. Por último, Ana Belén Camarero realiza una labor de acompañamiento, donde da pie a distintas dinámicas mediante sus personajes. Se puede ver una buena actitud, hay momentos muy conseguidos, que dan mayor cercanía a la escena. Aún así, se echa en falta algo más de fuerza.

Nave 73
Foto de José Vicente

En la mente

A través de una puesta en escena minimalista, Lo siento, no era yo se deshace de florituras para dar mayor énfasis en el trabajo dramático. Sin embargo, sí lo llena de pequeños objetos y detalles que facilitan la rutina de la protagonista y sacan partido a ese aire cotidiano con el que desean amoldar su parte estética. Detalles como unas bolsas de croquetas, una bolsa de patatas, una pesa... son los engranajes que dan mayor sentido al libreto de una manera más tangible. No obstante, su mayor fuerza se halla en el movimiento, viéndose distintas partes donde los cuerpos forman una construcción atrayente frente al espectador. En estas escenas, se logra captar la atención del público y es todo un acierto.

El ritmo de la pieza sigue un esquema bastante dinámico, ofrece interludios que aportan fuerza al montaje, con escenas en las que se aprovecha la visceralidad para obtener el foco desde el patio de butacas. Únicamente, se puede echar en falta una mayor complejidad en sus transiciones, aunque de la manera en la que se realizan tampoco se halla un resultado negativo. Por otro lado, la elección del vestuario es plausible, aceptable en algunos casos, pero no chirría. La dirección del proyecto propone una visión realista, emotiva en varios momentos, pero en los que se echa en falta ir hasta el final con la crudeza. Aun así, es valiente en su mirada, algo que se debe valorar totalmente. En su conjunto, presenta ideas artísticas y técnicas muy interesantes, de las que se espera que evolucionen a todavía un nivel superior.

Lo siento, no era yo
Foto de Bruno Praena

Conclusión

Lo siento, no era yo es una propuesta que extrae una realidad muy difícil de contar y lo hace mediante realismo y cotidianidad. Por ello, su humanidad es lo que le hace destacar, aunque hay una combinación de estilos que dan un resultado algo irregular. Después, el reparto actoral presenta una química especial, donde a nivel individual todavía deben matizar algunos labores dramáticas. Por otro lado, el despliegue artístico y técnico cumple con su función, siendo su mayor baza la visceralidad, el movimiento y el ritmo de la pieza. Un espejo en torno a los TCA, que está en pleno crecimiento, partiendo de una base real y cercana.

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CINEMAGAVIA
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Diego Da Costa
Subdirector de Cinemagavia. Comunicólogo audiovisual por la UCM y Máster en Comunicación en la Red por la UNED. Miembro de EGEDA (Premios Forqué) e Ingeniero Audiovisual en Ricoh España. Co-creador de la compañía artística La Joie de la Colina. Como diría Elizabeth Taylor: "Las ideas mueven el mundo sólo si antes se han transformado en sentimientos".
lo-siento-no-era-yo-critica-teatroUna propuesta que extrae una realidad muy difícil de contar y lo hace mediante realismo y cotidianidad. Por ello, su humanidad es lo que le hace destacar, aunque hay una combinación de estilos que dan un resultado algo irregular. Después, el reparto actoral presenta una química especial, donde a nivel individual todavía deben matizar algunos labores dramáticas. Por otro lado, el despliegue artístico y técnico cumple con su función, siendo su mayor baza la visceralidad, el movimiento y el ritmo de la pieza. Un espejo en torno a los TCA, que está en pleno crecimiento, partiendo de una base real y cercana.

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