Los buenos profesores es la nueva película del director Thomas Lilti, que se estrena en las salas de cine españolas el 17 de mayo de 2024. En ella se describe la historia de Benjamin, un estudiante a medio camino de su tesis que decide trabajar como profesor en un instituto. Allí aprenderá lo difícil que resulta mantener una clase y se integrara en una comunidad de profesores que le ayudaran a descubrir su vocación. Puedes leer aquí otra crítica realizada por Cinemagavia de esta película.



Los buenos profesores película

Crítica de 'Los buenos profesores'

Ficha Técnica

Título: Los buenos profesores
Título original: Un métier sérieux

Reparto:
Vincent Lacoste (Benjamin Barrois)
François Cluzet (Pierre Etcheverel)
Adèle Exarchopoulos (Meriem Bayan)
William Lebghil (Fouad Medaoui)
Louise Bourgoin (Sandrine Deleyziat)
Lucie Zhang (Sophie)
Bouli Lanners (El padre de Benjamín)
Léo Chalié (Alix)
Jérémy Gillet (Simón, hijo de Pedro)
Théo Navarro-Mussy (Sofiane Amara)
Hubert Myon (El subdirector)
Mustapha Abourachid (M. Baderos, le principal)
Sylvie Lachat (Sylvie)
Christophe Ntakabanyura (Christophe, el supervisor)
Justine Bachelet (Anna, hermana de Benjamin)
Valérie Crouzet (Sofía, la esposa de Pierre)

Año: 2023
Duración: 101 min.
País: Francia
Director: Thomas Lilti
Guion: Thomas Lilti
Fotografía: Antoine Heberlé
Música:
Género: Drama. Comedia
Distribuidor: Filmax

Filmaffinity

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Tráiler de 'Los buenos profesores'

Sinopsis

Empieza un nuevo curso escolar. Benjamin es un estudiante de doctorado sin beca. Ante la falta de perspectivas de futuro, acepta un trabajo como profesor en un instituto de París. Sin formación ni experiencia descubre lo duro que puede ser la profesión de maestro en un sistema educativo afectado por una falta de recursos crónica. Con el apoyo y el compromiso del resto de docentes, y un poco de suerte, se replanteará su vocación. (Filmax)

Dónde se puede ver la película en streaming



Personajes y relaciones

Desde el inicio destaca el retrato de unos profesores comprometidos con su labor en el instituto. Nos adentramos en este mundo a través de los ojos Benjamin, que comienza una sustitución sin tener muy claro cómo manejar una clase.

Si hay algo que destaca desde los primeros minutos de Los buenos profesores y que se mantiene hasta el desenlace es la unión de estos educadores, formando una comunidad siempre dispuesta a ayudar al de al lado. Además de los momentos donde vemos que comparten vehículo e incluso domicilio, destacan esos planos del viaje a Biarritz o las despedidas y reencuentros en los momentos de vacaciones. Todos ellos refuerzan la visión de una amistad que se extiende fuera de las paredes del instituto. De esta manera conocemos a profesores como Pierre (François Cluzet), Meriem (Adèle Exarchopoulos) o Sandrine (Louise Bourgoin).

La profundidad de estos personajes es muy desigual ya que, aunque en conjunto formen una comunidad que en ocasiones se plantea mejoras en la educación y en otras comparten momentos de pura amistad, estudiados individualmente pueden comenzar a aparecer las fisuras.

El personaje interpretado por François Cluzet es el profesor con más experiencia en el instituto. Se refleja perfectamente el respeto que infunde en los demás. A su vez, también es un personaje con mucha vitalidad, humor, y que parece ser un pilar clave para la unión de todos. Sandrine también es un personaje que se estudia más fondo. Se le dota de una historia paralela con su hijo adolescente, al que poco a poco va perdiendo y es incapaz de controlar sus irresponsables actitudes.

El resto de personajes, si bien se intenta dar profundidad a su historia, no llegan a encajar tanto. El personaje interpretado por William Lebghil aporta un toque de comedia a la cinta, pero no se llega a explorar demasiado en su mundo individual. Sucede esto mismo sobre los profesores de educación física, donde solo se realiza una pincelada dirigida a el apartado sentimental, siendo relevados a un apartado más secundario de la película.

Uno de los puntos negativos que impide que Los buenos profesores escale puestos es, curiosamente, la relación de los personajes que se consideran protagonistas. En un primer momento parece que estos personajes adquirirán más complejidad de la que acaban obteniendo realmente. Por un lado, la situación de Benjamin, que se introduce en el instituto sin mucha seguridad de lo que está haciendo y con una relación con su padre que marca la imposición que hay sobre él. El camino que está tomando es criticado por su progenitor, que no ve en la educación una carrera seria.

En el otro extremo tenemos el personaje de Adèle Exarchopoulos. Su trasfondo es el de una mujer divorciada que debe organizar sus tiempos para disfrutar de su hijo. Sin embargo, aparte de esto, no sabemos mucho más de ella. Su desarrollo en Los buenos profesores es prácticamente nulo.

Desde el primer momento podemos avecinar que surgirá algún tipo de relación entre estos personajes más jóvenes. Sin embargo, no hay tiempo en la trama para momentos íntimos entre ellos. No parece que haya un especial interés en desarrollar bien una historia de amor entre ellos. Cuando todo ocurre el espectador siente que esta relación amorosa ha sido impostada. Parece ser más bien una necesidad para aportar a Los buenos profesores un apartado romántico, más que un sentimiento que realmente nazca del alma de estos personajes. Aunque Los buenos profesores se enfoque en otros temas es cierto que este punto, si no va a ser tratado con un mínimo de profundidad, se siente innecesario.

Los buenos profesores película
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Nueva educación

En la primera parte de Los buenos profesores, Benjamin se da cuenta lo complicado que puede ser realizar una buena educación a sus alumnos. Parece que tenía en mente que sus clases podrían consistir en improvisar sobre la marcha. La primera clase a la que asistimos vemos como pregunta a sus alumnos por qué lección se encuentran para, posteriormente, poder comenzar una clase no preparada.

Los demás profesores le ayudan con fuentes donde poder obtener la información necesaria para sus clases. No sólo aprenderá la necesidad de una buena preparación antes de impartir su lección, sino la manera de hacerlo. Durante algunas de sus clases vemos como sus lecciones pueden ser teóricamente correctas, pero en la práctica ninguno de los alumnos parece entender los garabatos escritos en la pizarra. Progresivamente, Benjamin comienza a prestar más interés en enfocar las clases a sus alumnos. Aprende a dominar un tema y a cómo hacer que sus alumnos lo entiendan con facilidad.

La importancia de una buena educación no solo se refleja en el papel de Benjamín. Los profesores con más experiencia, como Pierre o Sandrine, también se muestran preocupados por no aburrir a sus estudiantes. Quieren que sus lecciones motiven al alumnado y luchan por no estancarse en un método de enseñanza que quede obsoleto con el paso de las generaciones.

Un métier sérieux
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Castigo como aprendizaje

Uno de los alumnos de Benjamin adoptara una actitud violenta que llevara al profesorado a plantearse su expulsión. Este punto provoca dos reflexiones. Por un lado, se habla de lo expuestos que se encuentran los educadores. Por otro, el que más se desarrolla, cómo hacer que alguien tome conciencia de una actitud errónea. Se plantean si la expulsión a un alumno consigue tener repercusión sobre la actitud que se intenta modificar. ¿Es la expulsión un modo eficaz para educar?

También se retrata como esa decisión se toma, en parte, a sabiendas de que puede no ser la mejor opción para la educación y el futuro del estudiante. Es la opción más fácil y directa. Es más complicado intentar entender todo lo que rodea a ese proceder y buscar la forma de evitar una expulsión que sólo provoca la perpetuación de esa actitud en otro instituto que, además, comenzará con el estigma del estudiante expulsado.

Un métier sérieux
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Síndrome del quemado

Esa exposición a la que están sometidos los protagonistas y que se refleja primeramente durante el episodio antes mencionado y, con más intensidad, cuando Sandrine se enfrenta a uno de sus estudiantes, acaba por lapidar poco a poco la vocación del profesorado. Vemos el trabajo del educador en su totalidad.

Por una parte, esa vocación por enseñar y hacerlo de una manera que trascienda y, por otro, el quemado propio que asocia su trabajo. Esto, llamado síndrome de Burnout, se manifiesta en Los buenos profesores como el desenlace al que pueden llegar por diversos motivos: la impotencia de no actuar ante un acto de violencia, la crítica hacia la manera educar tras años de dedicación, el sopor asociado a la repetición de los mismos temas enseñados años tras años, etc.

Al final, la falta de ilusión acaba por ensuciar la vocación. Y este punto, de algún modo, emparenta con el anterior. Parece que esa presión a la que están constantemente sometidos provoca que la respuesta hacia estos actos se aleje de un objetivo realmente educador y acabe por tomar el camino más fácil. Se necesita saber que hay un castigo porque sobre los educadores ya se ha cargado demasiado peso.

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Conclusión de 'Los buenos profesores'

Los buenos profesores consigue realizar un retrato sincero sobre el estado de la educación actual. Transmite las preocupaciones existentes en un trabajo tan necesario como, muchas veces, denostado. Aunque a veces no acierte del todo en las relaciones de sus personajes acabamos por salir del cine con la sensación de haber vivido una experiencia cercana a la realidad. Y, si esto no basta, al menos nos llevaremos la recomendación de un François Cluzet que ama las olas de Biarritz.

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CINEMAGAVIA
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Carlos Moreno Latorre
Desde que tengo uso de memoria el cine ha llenado una parte de mi vida. En el momento en que ese consumo de películas se unió a una ansia desaforada por saber más del séptimo arte, mis pensamientos y opiniones de cada película fueron acumulándose en mi cerebro hasta encontrar en la crítica la manera de desahogar un sistema nervioso que exige más espacio para las nuevas películas que están por llegar.
los-buenos-profesores-critica-pelicula-estreno-cineLos buenos profesores consigue realizar un retrato sincero sobre el estado de la educación actual. Transmite las preocupaciones existentes en un trabajo tan necesario como, muchas veces, denostado. Aunque a veces no acierte del todo en las relaciones de sus personajes acabamos por salir del cine con la sensación de haber vivido una experiencia cercana a la realidad. Y, si esto no basta, al menos nos llevaremos la recomendación de un François Cluzet que ama las olas de Biarritz.

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