Malmkrog, la flamante ganadora del Giraldillo de Oro del Festival de Sevilla 2020, es la última película de Cristi Puiu tras la aclamada Sierranevada (2016). Si en la segunda el rumano renovaba la forma de contar el drama familiar, en esta ocasión se propone un reto aún mayor: un largometraje cuya acción se desarrolla únicamente mediante diálogos, cuyo interés se encuentra en la habilidad dialéctica de sus personajes.

Sir Alfred Hitchcock, uno de los directores más prestigiosos de la Historia del Cine, defendía la primacía de la acción sobre el diálogo, utilizando la cámara para atrapar al espectador en su tela de araña. Pues bien: este film supone una patada a sus enseñanzas. Sin embargo, a lo largo de sus tres horas y veinte de metraje explora su razón de ser a través de unas magníficas interpretaciones.



Malmkrog

Crítica de ‘Malmkrog’

Ficha Técnica

Título: Malmkrog
Título original: Malmkrog

Reparto:
Agathe Bosch (Nikolai)
Ugo Broussot (Edouard)
Marina Palii (Olga)
Diana Sakalauskaité (Ingrida)
Frédéric Schulz-Richard (Nikolai)
István Teglas (István)

Año: 2020
Duración: 200 min.
País: Rumanía
Director: Cristi Puiu
Guion: Cristi Puiu (Libro: Vladimir Solovyov)
Fotografía: Tudor Vladimir Panduru
Música:
Género: Drama
Distribuidor:

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de ‘Malmkrog’

Sinopsis

Un grupo de invitados pasa las vacaciones de Navidad en la mansión de un aristócrata de Transilvania. Según van surgiendo los diferentes debates y el ambiente se va caldeando, la tensión llega a cotas insoportables. (FILMAFFINITY)

Premios

  • Festival de Sevilla: Mejor película y guion. 2020


Un inicio prometedor

La premisa de Malmkrog es, como mínimo, interesante: en el siglo XIX, un grupo de invitados de clase alta se reúne en la casa de un aristócrata de Transilvania para pasar la Navidad. A partir de ahí, la película promete diversión al estilo de Los odiosos ocho. ¿Qué les ha llevado hasta allí? ¿Qué intereses ocultan? No obstante, la película va por otros derroteros; las discusiones sobre el bien y el mal, la guerra, la religión o la cultura europea llevan el peso del filme. Para ello, cuenta con un reparto encabezado por Agathe Bosch, Marina Palii o István Teglas, y en el que destaca un imponente Frédéric Schulz-Richard.

A lo largo de su extenso metraje, Cristi Puiu se lo juega todo en el diálogo, y tanto sus aciertos como sus fracasos hallan su razón en él. Y es que, como en toda conversación, unas partes tienen más interés que otras para el espectador, en una propuesta arriesgada que puede provocar abandonar la sala espantado, o quedarte clavado en la butaca hipnotizado por el combate dialéctico de los protagonistas.

Las batallas verbales de los aristócratas de Europa del Este tienen lugar en francés, idioma común para la élite de la época, alternando con el alemán, del amo con sus sirvientes, y el húngaro de estos últimos. Asimismo, la infinita cultura de los protagonistas es la herramienta de la que se vale el guion para dinamizar las intervenciones, más cercanas al monólogo que a un diálogo propiamente dicho.

Malmkrog
Copyright Shellac Films

El filtro de la memoria

El director divide Malmkrog en seis capítulos, cada uno con el nombre de un protagonista, y con un objeto de conversación diferente. Además, dentro del aspecto formal, llama la atención la incoherencia en el desarrollo de los hechos: en ocasiones el exterior de la mansión está nevado y en otras no; el árbol de navidad aparece y desaparece a voluntad… En definitiva, hay elementos que desorientan al espectador despistado. Esto se debe a que Puiu plantea la historia desde el filtro de la memoria, como si alguien evocara los hechos desde el futuro y fuera incorporando y rectificando detalles a medida que los recuerda. Por ello, encontramos desorden cronológico, giros de guion sin sentido y destellos de genialidad que tambalean.

El gran exceso del film se encuentra, paradójicamente, en su escasez de planos y de movimientos de cámara. Poco más de sesenta planos a lo largo de doscientos minutos ponen al límite la resistencia durante el visionado, y los tramos de diálogo en los que el personaje con la palabra se sale del plano fijo, pueden llegar a aburrir. Aún así, el director utiliza sabiamente los únicos movimientos de cámara de la obra, valiéndose de los sirvientes, para rebajar la tensión de las disputas y distraer durante explicaciones densas.

Por último, Malmkrog destaca por su impresionante ambientación en la Europa del Este de finales del XIX. Como reconoce el propio director, este éxito se debe a un proceso de documentación prolongado, en una labor fructífera porque tanto la mansión -un personaje más- como el vestuario, trasladan a la época de forma deslumbrante.

Malmkrog
Copyright Shellac Films

Conclusión de ‘Malmkrog’

Malmkrog, la gran ganadora del 17.º Festival de Sevilla, es una película provocadora cuyo interés se encuentra en el combate dialéctico de sus personajes, magníficamente interpretados. Su apuesta por el uso de pocos planos fijos lastra los largos diálogos sobre temas trascendentales e inmortales. Así, el film que desesperaría a Alfred Hitchcock gustará solo a aquellos cinéfilos que acepten renunciar al uso del conflicto narrativo como motor de una historia. Todo un reto.

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